Opinión

¿Murió la reforma
al campo?

La pretensión del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto de llevar a cabo una reforma estructural más, la del campo mexicano, parece haberse desvanecido, al menos por lo que resta del año. Los logros efectivos del Pacto por México, presumidos por el Ejecutivo en el informe de septiembre, han sido ensombrecidos por la aparición de los casos de violencia que deben corregirse con urgencia. Hoy le será imposible al gobierno reposicionar la idea de que México es un país con más reformas en marcha, como la del campo.

Fue en julio pasado cuando el secretario Enrique Martínez y Martínez dijo durante el octavo foro de consulta, previo a la reforma del campo, que “traemos pasos fuertes, bien dados y cimentados”, al asegurar que dicha reforma recogería las aportaciones del sector, es decir, principalmente de agricultores y campesinos.

Pues bien, se cumplió ése, el octavo y último foro, y transcurrió septiembre, mes que habría de ser el de la presentación de la iniciativa. Ahora estamos a unos días de diciembre y no hay indicios de que el Ejecutivo pueda articular durante este año ésa, una de las reformas fundamentales que daría seguridad, modernización y autosuficiencia alimentaria al país.

Hay que decirlo con claridad: los dos elementos para que el campo mexicano se modernice son la adopción de la tecnología transgénica en los cultivos y el ordenamiento de la tenencia de la tierra para que pueda ser enajenada con celeridad.

Ahora está de visita en México el científico español J. M. Mulet, que trae esta semana su libro “Comer sin miedo”, para promocionarlo en nuestro país. En él se lee: “Es curioso cómo, a pesar del miedo y la suspicacia que despiertan, sería absolutamente imposible vivir sin transgénicos, puesto que forman parte de nuestra vida cotidiana. Los billetes de euro, muchas medicinas, la ropa de algodón, los detergentes y otros productos están hechos con la tecnología transgénica”.

Los transgénicos son la parte de la ecuación que urge resolver. Mulet apunta que los diabéticos reciben insulina transgénica sin que ningún ambientalista levante una ceja. Es verdad. Esto nos lleva a concluir que los intereses que detienen la reforma al campo son tan poderosos porque defienden industrias sobre las que están enclavados los atributos del campo antiguo: pesticidas, herbicidas, control sanitario y hasta control político. Un campo con transgénicos modificaría la estructura de la industria actual. Por eso no se quiere avanzar. Hay miles de resistencias.

Difícil imaginar que en este contexto la Secretaría de Agricultura se lance a proponer la iniciativa. Pero si ese es el caso, entonces valdría la pena una explicación para recalibrar las expectativas del sector.

Twitter: @SOYCarlosMota