Opinión

 Muestras evidentes de autenticidad ‘indie’

 
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Krugman. Muestras evidentes de autenticidad ‘indie’.

Recientemente fui a un concierto de Celebremos Brooklyn en el Prospect Park de Nueva York y me la pasé muy bien, aunque los habituales asientos cercanos desde los que realmente se puede ver a los artistas fueron asignados a un montón de bailarines, y aun cuando tal vez yo mismo sea un aspirante a hipster, no llego a tanto.

Dejando a un lado el tema de la música, una cosa que disfruto de estos eventos es observar a la multitud, que puede variar bastante según el artista.

La gente que fue a ver el grupo Lucius, por ejemplo, realmente era una multitud de todas las edades y todas las subculturas, e incluía a todo mundo, desde adolescentes entusiastas hasta adultos de mayor edad bastante tranquilos pero igualmente emocionados. Por otro lado, quienes fueron a ver a Sylvan Esso eran totalmente hipsters, lo cual está bien.

Sin embargo, terminé pensando un poco en economía. No tengo ningún problema con los copetes ni con los tatuajes, pero obviamente muchos empleadores sí los tienen. Así que ¿dónde trabaja toda esta gente? No todos pueden ser baristas.

Pero eso, ciertamente, es parte de la cuestión: probablemente no sea una observación original, pero seguramente una meta principal del estilo personal es dejar en claro que la persona con tanto estilo, de hecho, no forma parte del rutinario mundo burgués. Estas personas no tienen empleos de oficina de nueve a cinco durante la semana, para después ponerse una vestimenta de moda los fines de semana. Esto tiene que ser la versión cultural del “consumo conspicuo” de Thorstein Veblen, donde el punto no es exhibir riqueza, sino en cambio exhibir una autenticidad indie.

Otra vez, no tengo ningún problema con ello, y el lugar está produciendo mucha música que realmente me gusta. Pero a veces simplemente no puedo apagar mi “econo-nerd” interno.


Tatuajes, incompetencia y la Fundación Heritage
El economista Henry Farrell me escribió con respecto a mis cavilaciones sobre el estilo hipster, y me recomendó una reseña de “Codes of the Underworld: How Criminals Communicate”, un libro publicado en 2009 sobre cómo los tatuajes y cosas por el estilo sirven como señales de identidad criminal, lo que funciona precisamente porque dificultan participar en una sociedad no criminal.

Pero hay más: los criminales cultivan activamente la reputación de incompetencia en actividades no criminales, lo cual está diseñado para reafirmar a sus colegas y a sus víctimas que no romperán sus contratos implícitos volviéndose legítimos. Diego Gambetta, el autor del libro, agrega un maravilloso paralelo: según él, algunos académicos italianos, quienes regatean mucho sobre los puestos profesionales, cultivan la reputación de incompetencia en la investigación real, lo que de nuevo apunta a tranquilizar a la gente con la que tratan.

De la reseña del libro, publicada en Inside Higher Ed. (véala aquí: bit.ly/1isZecL): “‘Ser incompetente y mostrarlo, escribe [Gambetta], transmite el mensaje de: no voy a correr, porque no tengo piernas fuertes para correr a cualquier otro lugar. En un mercado académico corrupto, ser bueno y estar interesado en la investigación propia, en contraste, señala potencial de una carrera independiente de reciprocidad corrupta… En el mundo académico italiano, los caquistócratas son los que mejor convencen a los demás exhibiendo, a través de la falta de competencia y la falta de interés en la investigación, que cumplirán con los acuerdos’”.

Y esto inmediatamente me hizo pensar en uno de los misterios del “debate” económico en Estados Unidos, es decir la preferencia de los conservadores no sólo por escuchar a los escritores de poca monta, sino a los incompetentes. A continuación lo que escribí en un blog de The New York Times a principios de este año: “Sospecho que la incompetencia de hecho es deseable en cierto nivel; un escritorzuelo inteligente podría volverse honesto, o algo así”.

Twitter: @NYTimeskrugman

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