Opinión

¿Mucho plagio o poco plagio? ¿Quién gana?

 
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Enrique Peña Nieto

Las revelaciones de la periodista Carmen Aristegui sobre el plagio cometido por el estudiante de derecho y aspirante a Licenciado en 1991 Enrique Peña Nieto, causaron todo tipo de reacciones.

Fueron desde la indignación por el acto de reproducción no autorizada de las obras de Miguel de la Madrid, Jorge Carpizo y Diego Valadez, hasta la risa y crítica a la periodista por que la “nota” no correspondió a la expectativa creada por la misma Aristegui al anunciar la divulgación de una faceta no conocida de Enrique Peña Nieto.

Hubo decepción en muchos de los espectadores que esperaban –esperábamos- un verdadero escándalo digno de la “Casa Blanca” -que cimbró el gobierno peñista- y para quienes la nota fue que se confirma un odio de Carmen Aristegui hacia Enrique Peña Nieto. Incluso en redes sociales y entre la opinocracia se han lanzado retos a la propia Aristegui para que investigue de igual manera y con el mismo interés todos los antecedentes académicos de Andrés Manuel López Obrador a quien muchos identifican como el verdadero “jefe” de la periodista. Pero en el ejercicio del periodismo, cada uno es libre de investigar lo que uno quiera sobre quien quiera, sea del agrado o no del respetable público que es quien finalmente decidirá si un reportaje, artículo, crónica o lo que sea es de su interés y de su agrado.

Si Carmen desea o no investigar a López Obrador o continuar con sus críticas hacia Peña Nieto, es su decisión y lo puede hacer en el ejercicio de su profesión y apostando a ello su prestigio. Pero también hay que reconocer que se trata de una periodista muy polémica cuya credibilidad entre grandes sectores de la población está en entre dicho –aquí muchos dirán que se trata de los mexicanos que han sido comprados por el PRIAN- y que sin embargo, debemos aceptar que el reportaje sobre el plagio de Peña Nieto, no carece de interés periodístico, aunque sea para el anecdotario. Retrata la personalidad de un estudiante de derecho que copió sin citar a diversos autores en su tesis de licenciatura.

Aquí la cosa es que en términos de la legislación aplicable en ese entonces, el plagio no es era –ni lo es actualmente- un delito que se persiga de oficio, es decir de manera automática por la autoridad, sino que requería una denuncia previa del afectado –en este caso los autores- misma que no se dio en su momento.

El delito que se pudo haber cometido, está prescrito desde hace más de quince años y en consecuencia, no podrá ser sancionado. Ya no hay acción para ello. Además, es de dudar que los autores o sus beneficiarios en el caso de Miguel de la Madrid y Jorge Carpizo, lleven a cabo algún tipo de acción. Uno de los hijos del primero es secretario en el gabinete de Peña Nieto y del segundo, nadie se ha manifestado en la defensa de su autoría. Queda Diego Valadez, pero no parece que se haya molestado por dicha reproducción no autorizada. Entonces la pregunta es ¿cuál es el interés de la periodista por salvaguardar los derechos de autores a cuyas familias y a él mismo no dan importancia a un asunto que pareciera ser menor? ¿en realidad está buscando la verdad aun sabiendo que su revelación resultó ser una pifia para amplios sectores de la sociedad? Hay quienes poniendo ejemplos de situaciones similares en el extranjero piden la renuncia de Peña a la Presidencia, pero ¿tiene alguna trascendencia la conducta de un estudiante de derecho en los actos del mismo cuando se convierte en Presidente de la República?

Hay un hecho innegable y este es que todo parece indicar que hubo un plagio, y eso es malo tratándose de quien sea –Presidente o estudiante-, pero también es claro que lo hecho por Enrique Peña Nieto hace veinticinco años no tiene ningún impacto en su gestión como presidente. La Presidencia de la República ya hizo su defensa sobre esta acusación –bastante pobre por cierto- pero defensa al fin y al cabo.

¿Hará Aristegui lo mismo? ¿explicará su obsesión por Peña Nieto y su supuesta o real fascinación por López Obrador? El primero está moralmente obligado a hacerlo por el cargo que ocupa, ¿y ella no lo estaría también por ser una líder de opinión?

Peña Nieto es poco probable que pueda estar más desprestigiado de lo que ya estaba, pero Carmen está transitando por un peligroso tobogán en que puede perder su credibilidad. Parece ser que el tiro le salió más y, quien tiene más que perder es ella, ¿o no?

Twitter:@carlosjaviergon

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