Opinión

Morena, debut nada esperanzador

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Martí Batres

De la mano de Martí Batres, su líder nacional, un reducido grupo de personajes del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) se apersonaron el lunes en el Zócalo para protestar, frente a las oficinas de Miguel Ángel Mancera, por un supuesto fraude electoral cometido en contra de ellos el 7 de junio en la ciudad en la que, precisamente, ese nuevo partido logró sus más sonados triunfos.

Las imágenes de los integrantes de Morena lanzando propaganda en contra de policías que resguardaban la sede del gobierno capitalino constituyen un pésimo augurio sobre lo que podría esperar a la capital si este nuevo partido desaprovecha el sentido del voto que le confiaron los defeños.

La ciudad de México, carente de dirección desde hace años, está urgida de un proyecto político que le devuelva la identidad como sociedad que busca, al mismo tiempo, ser vanguardia en derechos y lograr un progreso incluyente.

En cambio, lo que el DF menos necesita hoy es de prácticas porriles. La campaña electoral ha terminado, y si Batres tiene pruebas o evidencias del supuesto fraude, bien haría en esforzarse por convencer a los jueces sobre esas presuntas irregularidades, antes que en dilapidar recursos para armar histriónicos piquetes que no sirven ni para la foto.

Con manifestaciones como las del lunes, la exigencia de Morena para que Héctor Serrano sea removido de la Secretaría General de Gobierno se vuelve ridícula. De capricho y pataleta no pasa.

Más que un líder de una fuerza emergente, Batres luce instalado en la nostalgia de sus tiempos perredistas. Antes que alguien que calibra lo que la ciudadanía le ha confiado, se le ve ansioso por cobrar viejas facturas a sus antiguos compañeros. Nada de eso le agradecerá la ciudadanía.

El acto del lunes ocurre además una semana después de que Andrés Manuel López Obrador leyera la cartilla a l@s moren@s que resultaron ganadores en las urnas. Sin mediar ni una palabra de felicitación, el domingo siguiente de la elección el tabasqueño prohibió a los suyos irse a comer a lugares “pirruris”, pensar en contratar asesores que no fueran del movimiento, extraviarse en el triunfo pues.

Esa admonición será hueca palabrería, meros formalismos, si Martí insiste en privilegiar una trasnochada teatralidad antes que emplearse en la esencia.

Morena ganó el 7 de junio 22 diputados a la Asamblea Legislativa, es decir, la fuerza para sujetar el timón de la ciudad, pero en vez de emplearse en la definición de una nueva agenda para la capital, Batres no ha podido evitar el gusto por los reflectores, la tentación del protagonismo.

Morena ha definido cinco ejes para revisar la vida en la capital: Combate a la corrupción; Austeridad republicana; Poner al día los programas sociales; Situación de los usos de suelo; y Congelar cualquier alza en servicios e impuestos locales.

Esos ejes temáticos requieren de deliberación, y no sólo al interior de lo que será la bancada.

La buena noticia de que el PRD tendrá por fin oposición en la Asamblea podría quedar en mera ilusión. Si Morena se afana en no dotar de sustancia su agenda, de no responder a los electores sino enfrascarse en grillas con el GDF, estará, paradójicamente, abriendo la puerta para que Miguel Ángel Mancera pueda desdeñarles: una rijosidad estéril hará que cualquier maniobra del jefe de gobierno sea vista como la opción menos mala.

A pesar de tener el triunfo en la bolsa, Batres prefiere el discurso del mal perdedor. Qué signo más ominoso para la capital.

Twitter: @salcamarena

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