Opinión

'Moonlight': tímido, mírame

 
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Barry Jenkins. (http://shadowandact.com/2016/08/11/the-first-trailer-for-barry-jenkins-moonlight-is-a-beautiful-thing/)

Chiron (Alex R. Hibbert), un jovencito de brazos y piernas menudos como estambres, se cuela entre las rejas de un terreno baldío para huir de un grupo de chicos que quieren golpearlo. En un escondite encuentra a Juan (Mahershala Ali), un vendedor de droga que adoptará el rol de figura paterna para el niño, quien vive solo con su madre (Naomie Harris), una adicta al crack. Moonlight, de Barry Jenkins, empieza con una escena de bullying porque esa es su principal inquietud: mostrar los estragos que una vida de abusos provocan en un joven que además de ser negro es homosexual.

A lo largo de tres actos vemos a Chiron convertirse en adolescente (interpretado por Ashton Sanders), aún más endeble y silencioso que durante la niñez, y finalmente –cuando un acto de violencia lo separa de su madre– en un adulto (interpretado por Trevante Rhodes) reforzado de kilos de músculo, emperifollado con dentadura de oro, cuyo aspecto recio apenas si oculta la fragilidad que acarrea desde la infancia. A sabiendas de que su verdadera identidad no es aceptada, la vida obliga a Chiron a escoger un personaje detrás del cual esconderse. A la deriva, adopta los rasgos más elementales de Juan, su único referente masculino. Para sobrevivir, el chico abusado se transforma en la parodia de un gánster.

Al menos en papel, el declive moral de Chiron suena atractivo. Todos los involucrados se esmeran por llevar la historia a buen puerto. Mucho más cómodo como hampón que como el titiritero político que interpreta en House of Cards, Ali se llevará el Óscar por una interpretación modesta, pero llena de matices. Chiron lo escucha porque necesita un guía, mientras él le habla como si realmente se aconsejara a sí mismo, a través del tiempo, para elegir un camino distinto. Harris cumple con el trámite de ser la madre yonqui, abusiva y, más adelante, amorosa.

Rhodes, en particular, me pareció notable; una fortaleza de fachada incólume que por dentro es una ruina. Lástima que a Jenkins le gane el afán lírico –su película está llena de azules lánguidos, de sombras y neones, de música como Cucurrucucú, paloma–, en vez de inclinarse un poco más hacia la brusquedad.

Más que su raza, la homosexualidad de Chiron es el elemento central en su conflicto interno. No obstante, Moonlight es tan o más tímida que su protagonista: los brevísimos actos sexuales se centran en manos apretando puñados de arena y los besos son ridículamente mojigatos, como si el cohibido no fuera Chiron, sino Jenkins mismo. Hasta como una historia de amor soterrado (Chiron está enamorado de Kevin, un compañero de la niñez), Moonlight es –como su título– fría, un adjetivo que no le va a Brokeback Mountain, con la que comparte más de un hilo narrativo. Este recato actúa en detrimento del impacto final, en gran medida porque es difícil compartir o comprender el cariño que Chiron oculta por Kevin. En Moonlight el sexo y la sexualidad son claves. Sin embargo, se trata de una película extrañamente asexual. Una tesis más que una experiencia cinematográfica sobre el deseo.

Twitter: @dkrauze156

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