Opinión

Moody’s y la quimioterapia de Pemex

 
1
 

 

PEMEX

El desastre Pemex sigue contaminando a su único dueño: el gobierno.

Las acciones de la calificadora crediticia Moody’s Investors Service anunciadas ayer muestran que no hay escapatoria. Por una parte, la agencia dio al gobierno federal una perspectiva negativa sobre su propia deuda, siendo una razón la posibilidad de que éste se vea obligado a apoyar financieramente a la empresa, por supuesto impactando negativamente su balance fiscal y nivel de endeudamiento.

Con respecto a Pemex, Moody’s rebajó su deuda nada menos que dos niveles, poniéndola en el mínimo escalón de inversión. En otras palabras, bordeando el junk o basura, que es estrictamente lo que corresponde a una empresa que por décadas se constituyó en un monumento de corrupción, derroche e improductividad, y que hoy pasa múltiples facturas para su pago.

El gobierno está atrapado; no tiene otro remedio que ayudar (o sea, rescatar) al otrora ídolo de los nacionalistas más recalcitrantes. Porque no hay forma que Pemex se convierta en una empresa económicamente viable en el corto o mediano plazos. Hace mucho pasó el punto de no retorno financiero, cortesía de inversiones masivas que no funcionaron (como es evidente en el colapso de sus reservas probadas, también anunciado ayer) y un compromiso de pagar generosas pensiones para las que nunca ahorró un peso, amén de robos y despilfarros.

Otra señal adicional del cataclismo es el préstamo conjunto por 15 mil millones de pesos que tres bancos de desarrollo (Banobras, Nafin y Bancomext) otorgaron a Pemex para que la empresa pueda solventar pagos a proveedores. Ese masivo crédito muestra al gobierno en la estrategia del Tío Lolo, debilitando los balances financieros de sus bancos para dar liquidez a una empresa de facto quebrada.

Esto es, tapando un agujero pero abriendo otros igual de graves.

Además evidenció que Pemex, de hecho, ya no cuenta con el acceso habitual a los mercados de capital. Pero hasta el día de hoy altos funcionarios se obstinan en la fantasía de que el problema es de liquidez, no solvencia. Semejante actitud es la que está llevando a que se esté disolviendo la credibilidad crediticia del sector público en su conjunto.

Y lo que está en el horizonte cercano es que el masivo remanente de operación que se espera entregue el Banco de México al gobierno sea utilizado, en buena parte, para capitalizar a la petrolera. La idea no es realmente mala, mientras que ese dinero sirva como apoyo para una cirugía mayor.

Porque la empresa requiere de un recorte masivo en todas sus operaciones y de ponerse a vender, en serio, hasta el último tornillo que pueda encontrar comprador en el sector privado (en lugar de andarse con cuentos intermedios como la Fibra E). Esto aparte, claro, que siga una masiva (aunque discreta) reducción de personal. Porque Pemex no sufre del grave resfriado que aduce el gobierno, sino de cáncer pulmonar. Se debe dejar de hablar de Tamiflu, e iniciar quimioterapia.

Twitter: @econokafka

También te puede interesar:
El fraude más descomunal: Pemex
Populismo exitoso (Trump) y fracasado (López Obrador)
Lo bueno, lo malo y lo feo del dúo Videgaray-Carstens