Opinión

Miura: 150 años de leyenda

  
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(Especial)

Fundada en 1842 en la localidad de Lora del Río, Sevilla, la finca Zahariche ha sido desde entonces la casa de los Miura. Son ya cinco generaciones con el ilustre apellido, que han vivido para y por el toro.

La primera corrida de Miura en Madrid se lidió en el año 1849, desde entonces los toros de este hierro nunca han dejado indiferente al mundo de la tauromaquia. Si bien mucha de su fama es por cornadas mortales a insignes toreros —como es el caso de uno de los más grandes de la historia: Manuel Rodríguez Manolete, en Linares, en 1947—, lo que en mi opinión es realmente notable es la fidelidad al concepto de toro bravo que han sabido heredar generación tras generación.

En la evolución que ha tenido la tauromaquia, es fundamental que el astado desarrolle condiciones y comportamiento con base en la forma de ejecutar y expresar el toreo por parte de los matadores. La fiereza de los toros de mediados del siglo XIX nada tiene que ver con la bravura que se le exige al toro en pleno siglo XXI. En aquellos años la tauromaquia era un arte a la defensiva de las acometidas violentas del toro, un estado y comportamiento más hacia lo salvaje por parte del astado, digamos. Desde principios del siglo pasado, ganaderos y toreros evolucionan al toro hacia la búsqueda de lograr la emoción en el tendido no sólo a través del peligro —siempre existente en un ruedo—, pues también se apunta a hacerlo a través de la emoción que genera la estética en la composición de la unión del torero con el toro. La bravura de este maravilloso animal adquiere no sólo atributos de acometividad, sino que desarrolla condiciones únicas como obediencia, fijeza y recorrido, sin perder nunca la capacidad de herir y matar.

Al toro de Miura se le sigue criando prácticamente como desde sus inicios; si bien la modernidad es inevitable, las leyes del campo y la naturaleza siguen rigiendo en la dehesa sevillana. El silencio y la paciencia son herramientas utilizadas a diario por la familia Miura. El rigor en la calificación y selección durante los tentaderos, comentan quienes han tenido la oportunidad de participar, son impresionantes. El matador sevillano Pepe Luis Vargas, a quien conocí hace ya algunos años en México y quien era asiduo tentador en Zahariche, me comentaba que a las vacas de Miura al ser tentadas no hay que hablarles, que el solo sonido de la voz les permite orientarse hacia donde está el torero.

En Miura el toro es el rey. Su comportamiento, además de su fenotipo, son el objetivo fundamental a preservar. La familia Miura busca que al ver un toro de Miura, éste se distinga de cualquier otro en cuanto a su fenotipo. Son toros muy altos, de patas largas, cuello muy largo y de pitones muy anchos en su cepa, pero lo que realmente les distingue es su forma de mirar, la expresividad y viveza de sus ojos imponen hasta al más valiente de los toreros.

En cuanto a su desempeño en el ruedo, los Miuras se caracterizan por desarrollar sentido muy pronto y enterarse de qué trata el toreo. Los toreros no pueden dudar ni un solo segundo en la cara de los Miuras. Triunfar ante un Miura representa un mérito aparte para los toreros, ya que son toros que no dan mayores facilidades para ejecutar un toreo estético, es más bien un toreo de dominio, de poder, de determinación, que por momentos da la concesión a la estética.

En una cultura de tradiciones como es la de la tauromaquia, preservar conceptos y filosofía es de gran mérito. No sucumbir a las exigencias de las figuras, crear mercado propio y triunfar dentro del mismo es todo un ejemplo de mercadotecnia y visión de negocios. Miura vende absolutamente todos sus toros; son más de 50 años consecutivos lidiando en ferias como Pamplona o Sevilla, llenando plazas y siendo uno de los más serios avales a los que un diestro se puede enfrentar.

Heredar valores familiares, de trabajo y orgullo son, además del prestigio de su casa, el mayor éxito de una familia dedicada al toro bravo y a engrandecer la esencia de la tauromaquia. Enhorabuena al mundo taurino, por la familia Miura.

Twitter: @rafaelcue

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