Opinión

¿Miopía económica?

 
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Una y otra vez encontramos elementos para contrastar entre la realidad económica que muchas cifras describen y las percepciones que se tienen de ella. Ayer hubo otros ejemplos.

El Inegi dio a conocer ayer que el IGAE creció en julio a una tasa de 2.0 por ciento a cifras originales. En los primeros siete meses del año el ritmo de crecimiento es de 2.4 por ciento.

¿Qué tan baja es esta cifra?

Todo depende de contra qué se mida. Contra nuestras necesidades y aspiraciones, es muy baja.

Un país con un PIB per cápita de alrededor de 10 mil dólares anuales, necesita y puede crecer a tasas más elevadas, superiores a 4.0 por ciento.

Contra la realidad de un mundo cada vez más complejo, una tasa así no está mal.

Las comparaciones son siempre odiosas, pero al final son útiles, nos gusten o no.

Entre 2000 y 2014, la tasa promedio de crecimiento del PIB fue de 2.1 por ciento anual. El consenso de analistas del sector privado considera que en este año se alcanzará la cifra de 2.3 por ciento, que estaría incluso ligeramente por arriba de nuestra trayectoria de este siglo.

Pero aún si vemos el corto plazo, resulta que la tasa promedio de crecimiento de 2013 y 2014, fue de 1.7 por ciento.

Entonces, ¿por qué hay quien habla de crisis ahora y no lo hacía hace uno o dos años? Ya le platicábamos del tema de la percepción, que es como unos anteojos que le cambian la proporción a las cosas.

Volvamos ahora la vista al vecindario.

Consideremos algunos de los países más grandes de América Latina. Brasil no sólo no creció sino que cayó en 1.3 por ciento durante el primer semestre de este año, y en los dos años previos había crecido en 1.4 por ciento en promedio anual. En Argentina las cosas estuvieron mejor y creció a 2.2 por ciento en el primer semestre de este año y 1.6 por ciento de 2012 a 2014.

Colombia fue el país que mejor sorteó la etapa. Tuvo un crecimiento de 2.9 por ciento en el primer semestre y de 4.4 por ciento promedio anual en los dos años anteriores. Ayer, también el Inegi actualizó la inflación a la primera quincena de septiembre: 2.52 por ciento, otra vez la más baja de la historia documentada.

Y nuevamente hay que decir que un índice no refleja la inflación de usted o la mía, sino de la de más de 100 millones de personas. Por eso, a veces puede resultar poco creíble para algunos, porque siempre promedia alzas y bajas.

Evidentemente no estamos en una condición económica que sea para festejar, pero en el contexto y con base en la historia reciente, tenemos una condición que ni de lejos se parece a una crisis.

El hecho de que múltiples datos como el crecimiento de 5.1 por ciento en las ventas comerciales hasta julio, de 4.5 por ciento en el empleo formal a agosto, y de 1.7 por ciento en el salario real no sean asumidos como una parte central de la realidad económica del país, implica lo que aquí le hemos comentado: hay una gran paradoja entre los datos económicos y la percepción que se tiene de la economía actualmente, en un acertijo que hasta ahora no se ha sabido resolver.

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