Opinión

Migración laboral, medio ambiente e infraestructura- temas a impulsar frente a EU

 
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Trump y su resistencia al TLCAN. (Especial)

Las vueltas que da la vida. Hace 25 años cuando se negociaba el TLCAN, la llegada de Clinton a la presidencia llevó a sumar los temas laboral y de medio ambiente a la negociación. Como ya había un acuerdo muy avanzado, el Presidente Salinas aceptó incorporarlos como acuerdos paralelos. La preocupación de legisladores de EU era que México compitiera deslealmente con mano de obra infantil, condiciones laborales precarias y desidia por la protección del medio ambiente.

Seis años después, a iniciativa de empresarios, académicos y los gobiernos de los tres países se realizaron estudios y discusiones para promover un plan de mediano y largo plazo de construcción de infraestructura física –comunicaciones y transportes en particular -de Alaska al Suchiate. La intención era crear una plataforma logística y de competitividad sistémica para América del Norte. Asistí a reuniones en Canadá, los EU y México con presencia de los ministros de comercio e Industria.

Lamentablemente poco se logró en los 23 años por falta de recursos e interés político.

En lo laboral hubo pocos avances y menos en materia de migraciones y movimiento de personas.

Durante la presidencia de Fox llegaron a emigrar anualmente medio millón de mexicanos debido a la incapacidad de las políticas económicas y los empresarios de generar suficientes empleos y salarios remuneradores en México- y a la demanda laboral del mercado de los EU:

Los saldos netos migratorios de los últimos años de Obama fueron negativos: la reforma anunciada nunca avanzó y en cambio sí la deportación de millones de indocumentados. Hoy los migrantes mexicanos y sus familias se han convertido en chivos expiatorios del desempleo americano y de la intolerancia racista de Trump y sus admiradores.

En lo ambiental cada uno de los tres países tuvo sus propios logros, pero la cooperación entre México y los EUA ha rendido escasos frutos, más allá de la convergencia en las negociaciones multilaterales. El Banco de Desarrollo de América el Norte (NADBANK) creado para apoyar proyectos en la frontera, a pesar de los impulsos de los excelentes directores mexicanos: Alfredo Phillips , Raúl Rodríguez Barocio y Jerónimo Gutiérrez (nuestro actual embajador en Washington) y los de algunos empresarios y ambientalistas de ambos lados de la frontera, nunca ha contado con las facultades, los recursos financieros y la voluntad política de sus dueños para ir más allá de la franja fronteriza y de proyectos de infraestructura ambiental –como los de agua, alcantarillado, desechos y ahora energías limpias.

Existen necesidades insatisfechas en otros sectores –pasos fronterizos carreteras, ferrocarriles, puertos- y en el resto de las rutas comerciales entre los EU y México - y también Canadá- que justificarían económicamente un gran plan regional de inversiones en infraestructura.

México es el primer mercado de los EU y estos son el destino del 80 % de las exportaciones de México y de Canadá. Comerciamos cada año más de medio trillón USD de productos entre los dos países, de los cuales el 70 % atraviesa la faja fronteriza para llegar a su destino hasta estados de EU colindantes con Canadá (Michigan y Washington por ejemplo) y más allá. Alaska ocupa miles de trabajadores mexicanos. Seis millones de empleos americanos y un número similar en nuestro país dependen de esa crecientemente deficitaria infraestructura.
Solamente en pasos fronterizos, según Bloomberg Gobierno, la pobre infraestructura, la falta de personal, la inseguridad y los deficientes procedimientos aduanales tienen un costo estimado anual de 7.8 billones USD para los EU y otro tanto para México.

Hoy, voces académicas, de la sociedad civil y algunos círculos empresariales de ambos países insistimos en que es preciso cambiar las visiones, estrategias y políticas en estos tres renglones –salarios y migrantes laborales, infraestructura y medio ambiente- para que con o sin TLCAN, la relación bilateral mejore de manera efectiva y en beneficio de nuestras poblaciones.

En materia de movimiento de personas, he insistido aquí, se requiere una progresiva liberalización como ha ocurrido en otras agrupaciones regionales. La UE es el mejor ejemplo de lo que puede lograse en términos de convergencia económica y social si se liberan los flujos de personas y de trabajadores. Pero no es el único. Hay ejemplos exitosos en otras partes del mundo: América Latina y el Caribe incluso; México participa en el de la Alianza del Pacifico, en el cual la eliminación de visas ha permitido incrementar los flujos de turistas, estudiantes y empresarios entre los 4 países.

En un seminario sobre migración organizado la semana pasada por el Colegio de México, la UNAM y el CIDE, Michael Clemens-especialista del Centro Global para el Desarrollo y miembro del equipo binacional liderado por el expresidente Zedillo y el Exsecretario de Comercio de los EU, Carlos Gutiérrez- destacó que toca a México recalcar a los EU los daños del mercado negro migratorio y la necesidad de la regulación conjunta. La propuesta: que México se responsabilice de la certificación de los seleccionadores de los trabajadores, un sistema de potabilización de visas y un arancel que dé prioridad a la contratación de trabajadores de EU, si estos están disponibles.

De la misma manera se recordó que la ONU ha hecho a México 30 recomendaciones de protección de trabajadores migrantes propios y extranjeros en tránsito, incluyendo un aumento importante de los presupuestos asignados para tal fin.

En lo que respecta al medio ambiente Gustavo Alanís, presidente del Centro Mexicano de Derecho Ambiental y miembro del Consejo Consultivo de la Comisión de Cooperación Ambiental bilateral, ha urgido mantener y reforzar los artículos 14 y 15 del acuerdo paralelo para que las personas y ONGs puedan denunciar casos y exigir se haga efectivo cumplimiento de las leyes ambientales. Es un tema que los negociadores de EU preferirían dejar fuera, siguiendo la doctrina Trump en el entorno multilateral (denuncia de Acuerdos de París) y en el nacional.

Sin embargo, Canadá ha colocado la protección ambiental en sus prioridades TLCAN. México debería unírsele y exigir a la vez que las empresas mineras canadienses cumplan con requisitos ambientales en México. Habría que utilizar las negociaciones también para resolver temas pendientes relativos a la sobreexplotación pesquera y a la exportación mexicana de atún, en la que equívocos argumentos ambientales siguen siendo utilizados como barreras comerciales.

Finalmente, urge transformar el NADBANK en otro de alcance amplio y verdaderas dimensiones regionales o sustituirlo por uno nuevo que impulse el desarrollo de la infraestructura física y proyectos de gran visión, al estilo del Banco de infraestructura Asiática de China, para fortalecer en serio la competitividad sistémica de los tres países y promover el desarrollo de las regiones rezagadas o con necesidades de reconversión productiva.

En los últimos años hubo una gran resistencia para recapitalizarlo y permitirle cumplir con sus limitadas funciones. Hoy requiere que se amplíe su mandato y una gran inyección de recursos, en el momento en que el presupuesto de los EU y el mismo EX-IM Bank están bajo fuego. Parecería una tarea imposible.

Sin embargo, las promesas de campaña de Trump de un gran programa de infraestructura nacional siguen pendientes y los tiempos electorales exigirán su cumplimiento. Christopher Wilson del Mexico Institute considera en un artículo reciente en Forbes (17-5-17) que sería un gran error económico no avanzar en esa dirección. Pero se necesita que el Gobierno de México acepte el papel crucial de la banca de desarrollo. El actual no ha mostrado ser creyente.

Ya nos ha dicho Trump que no nos quiere y no parecemos dar acuse de recibo del mensaje. Los tres retos pueden parecer sueños quijotescos. Llegó la hora de plantear a EU como parte de nuestras expectativas y como condiciones adicionales para quedarnos en la mesa de negociación del TLCAN… si es que antes no se levantan Lighthizer y su equipo.

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