Opinión

Miedo

   
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Hillary Clinton, Donald Trump

Dos grandes acuerdos comerciales se negocian en el mundo. Ambos alrededor de los océanos: el acuerdo transpacífico y el transatlántico. Tal vez haya escuchado del primero, porque México forma parte de las negociaciones (ya terminadas), y ha aparecido en algunos discursos de los candidatos presidenciales de Estados Unidos. Del otro, tenemos menos información por acá, pero este sábado reunió a más de 300 mil alemanes en su contra, que desfilaron por casi una decena de ciudades en ese país.

The Economist se maravilla de que los alemanes, uno de los países que más gana del comercio internacional (tal vez el que más), sea en donde ocurre esta manifestación. Alemania tiene un saldo a favor de más de 300 mil millones de dólares al año en su balanza comercial. En esto, The Economist comete el error (muy frecuente en otras partes) de medir el éxito del comercio por el superávit. Ese mismo error, por cierto, es lo que provoca las marchas como la del sábado, o las declaraciones como las de Trump o Clinton acerca del TPP: no lo quieren, dicen, porque puede afectar empleos.

Los seres humanos tendemos a interpretar el mundo como un juego de suma cero: uno gana lo que otro pierde. Esta interpretación, natural pero equivocada, es lo que nos mantuvo en condiciones bastante miserables por el 98% de nuestra existencia. Apenas en los últimos 400 años empezamos a entender que el comercio es un juego de suma positiva: los dos involucrados ganan. Uno porque vende su producto en más de lo que cree que vale, el otro porque paga por el producto menos de lo que cree que vale. Ambos están mejor después del intercambio, si éste fue realizado en plena libertad. Gracias a esta forma de ver el mundo, multiplicamos la riqueza en cien veces en los últimos doscientos años.
Pero entender eso, insisto, no es natural. Nos es más fácil imaginar que lo que uno gana es lo que perdió el otro, de forma que seguimos pensando que la riqueza de unos pocos va siempre acompañada de la miseria de muchos otros. Así fue por miles de años, sin duda, porque había quien controlaba la economía y el intercambio para su beneficio: el sacerdote, el monarca, el hombre fuerte, el monopolio. Pero el libre comercio precisamente destruye este tipo de control. Bloquear el comercio es lo que impide la generación de riqueza y lo que nos regresa a la suma cero.

Quienes se manifiestan contra el libre comercio creen que están defendiendo una vida mejor, cuando en realidad se oponen a ella. Si tienen éxito, los que producen tendrán menos personas a quienes vender, y quienes compran tendrán menos opciones para elegir. Ambos perderán.

En el fondo, quienes se oponen al libre comercio son como quienes se oponen al libre flujo de personas; es decir, a la migración. Tratando de defender su pedacito, pierden el todo: el intercambio, la pluralidad, la generación misma de riqueza.

Pero cuando los seres humanos tienen miedo, regresan a lo natural, y lo natural es defenderse del otro. Y hoy hay mucho miedo en el mundo, especialmente entre jóvenes. Ellos son quienes más temen al libre comercio y a la migración. Son quienes más miedo tienen de otros seres humanos. En parte, sin duda, porque hoy una parte no menor de su relación con los demás no es directamente con humanos, sino mediada por las TICs.

La gran transformación que estamos viviendo produce miedo, aislamiento, y se refleja en manifestaciones confundidas y candidatos demagogos. Así es esto.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey



Twitter: @macariomx

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