Opinión

Michoacán, lo que el gobierno no pudo

“-¿Qué titular le gustaría leer el día que se vaya?”, le preguntó el periodista Héctor de Mauleón al comisionado en Michoacán Alfredo Castillo.
“-Uno que dijera: “‘Sí se pudo’”.

Así termina la entrevista que Castillo le dio a De Mauleón, pieza periodística que fue publicada en Nexos de diciembre. Pocos días después de que comenzara a circular esa edición de la revista dirigida por Héctor Aguilar Camín, en el poblado de La Ruana, donde nacieron las autodefensas, el destino le dio un revés a Castillo, al gobierno de Enrique Peña Nieto y a Hipólito Mora, fundador de la resistencia michoacana.

El 16 de diciembre, ya se sabe, Mora se enfrentó a Luis Antonio Torres, El Americano. Las balas cobraron 11 vidas, incluido un hijo de Mora. Semanas después, Hipólito y El Americano están bajo juicio, y todo un año de esfuerzos federales en Michoacán en entredicho. Porque antes que amainar, la crisis michoacana se agravó este martes.

Alfredo Castillo programó para ayer una gira de medios en la capital y acabó dando entrevistas al mismo tiempo que trascendía información desde Apatzingán, capital del problema de la Tierra Caliente, donde nueve personas fallecieron en una carnicería que alguien del gobierno quiso calificar como un operativo de desalojo de la presidencia de ese municipio.

Urgido de buenas noticias, el gobierno federal comienza de la peor manera 2015. Michoacán es suyo. Y a pesar de haber gozado de toda la fuerza del Estado, Castillo no pudo, en un año, construir la gobernabilidad necesaria en aquella entidad. Y aunque en sus declaraciones de ayer, que incluyen una larga conferencia de prensa en la Secretaría de Gobernación, Castillo minimizó los hechos de Apatzingán. Hoy no es enero de 2014. Hoy lo que ocurra y lo que deje de ocurrir --legalmente hablando-- en tierras michoacanas, es responsabilidad federal.

En este mismo espacio se publicó hace meses que la función de Castillo como bombero en Michoacán estaba concluida y que debía salir. Ello no implicaba triunfalismo alguno. Al contrario. Era, y es, una opinión que abogaba por distinguir etapas. Inicialmente, Castillo contuvo la crisis y logró una genuina distensión, cuyo culmen puede marcarse el 10 de mayo, cuando casi todas las autodefensas se acogieron al esquema que derivaría en una fuerza rural. ¿Qué seguía? Un largo camino para la reconstrucción de una institucionalidad. ¿Era Castillo el mejor hombre para esa segunda etapa? No. Pero Osorio y Peña Nieto no quisieron o no pudieron (¿por falta de cuadros?) encomendar la siguiente etapa a otra persona.

Porque en la misma entrevista que le dio a De Mauleón, Castillo habla de lo que se propuso, que nadie se fuera por la libre, y hoy esas palabras volverán para contrastarse con sangrientos hechos. Al explicar (justificar) la detención del doctor José Manuel Mireles, Castillo expone que el médico se había quedado con un “chip del pasado”, pero que su actuar –su negativa a desmovilizarse— ya no podría entenderse porque “ahora había canales permanentes y reuniones permanentes, y no podíamos dejar que saliera un grupo armado porque las condiciones ya eran otras”.

¿Dónde estaba ese “canal permanente”, que es el comisionado, cuando se empezó a advertir que lo de La Ruana podría ocurrir? ¿Dónde cuando se ejecutó un desalojo en Apatzingán que costó nueve vidas?Quizá en Michoacán ya no hay Templarios, pero tampoco paz.

Twitter: @SalCamarena