Opinión

Michoacán: cuándo sabremos que ya ganamos

Es hora de preguntarnos sobre Michoacán lo que en su momento, y con toda la proporción guardada, los estadounidenses se cuestionaron respecto a Irak: ¿Cómo sabremos que la intervención ha sido un éxito?

La desmovilización de las autodefensas, la transformación de buena parte de ellas en cuerpos rurales de policía y, sobre todo, el desmantelamiento del cartel de Los Templarios son signos alentadores que permiten decir, a 130 días de iniciado el operativo federal, que una convivencia menos violenta podría comenzar a ocurrir en Michoacán, entidad que hace una década perdió esa tranquilidad. Sin embargo, ¿eso constituye una respuesta sobre si ha sido o no un éxito la intervención del gobierno de Peña Nieto en Michoacán? No necesariamente.

El problema esencial es que no contamos con una definición de éxito para este operativo. El anuncio de la estrategia (a cargo de Osorio Chong el 13 de enero) y el Plan Michoacán (Peña Nieto el 4 de febrero) son no sólo demasiado ambiciosos, sino también demasiado generales a la hora de hablar del objetivo final. En la página de la Presidencia de la República, por ejemplo, se lee que el Plan Michoacán, que consta de 5 ejes y 250 acciones, fue presentado con “el objetivo de restablecer las bases del desarrollo integral en el estado”. Dicho en otras palabras, anuncian que quieren hacer ahí lo que quizá nunca ha tenido Michoacán (o tantas otras entidades): desarrollo integral.

Porque lo que informa el gobierno al respecto es poco útil. Si ustedes se meten a la página web de las 250 acciones (http://www.presidencia.gob.mx/planmichoacan/), hay un puñado de ellas marcadas en verde, es decir que ya son reportadas como “finalizado”. Una de estas es un campeonato nacional de atletismo y otra el festival atlético nacional y selectivo de caminata. El detalle es que el primero de ellos ya se había llevado a cabo en enero, cuando el presidente ni siquiera anunciaba que esa acción formaba parte de su plan. Y el segundo se realizó el 8 de febrero, cuatro días después del anuncio presidencial. Es decir, alguien le hizo trampa a Peña Nieto y le hicieron presumir acciones que ya estaban o concluidas o totalmente organizadas cuando él apenas iba a incluirlas en su plan.

Lo anterior es, por supuesto, un botón de muestra de lo que puede estar ocurriendo en temas mucho más cruciales que unas actividades deportivas (sin ofender a los deportistas).

En ocasiones una crisis obliga a ocuparse de inmediato de ella y sobre la marcha se puede detallar el plan estratégico. Si eso fue lo que le pasó a Peña Nieto no estaría de más que ahora su gobierno nos dijera en qué etapa estamos y qué sigue. El comisionado Castillo puede naufragar en lo que sigue si no se plantea claramente que la hoja de ruta requiere específicamente del involucramiento de otros actores. Para empezar hace falta, por obvio que suene decirlo, que se haga responsable del plan al gobierno estatal. Y que se sume con tareas concretas la sociedad de Michoacán.

De otra manera, si el gobierno federal es el único que empuja la carreta, pronto puede descubrir lo mismo que los estadounidenses en Irak. Que la parte bélica resultó menos difícil de lo que se pensaba, y que en cambio la reconstrucción de instituciones puede convertirse en un reto lleno de muchos peligros y dolorosos descalabros.