Opinión

Méxicoleaks y la inteligencia del Estado

 
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Snowden es galardonado

El despido de la periodista Carmen Aristegui de la empresa MVS, por sus dimensiones, monopolizó la atención del auditorio sobre el tema, dejando de lado el asunto al que se atribuyó el origen del conflicto: la adhesión del programa noticioso matutino a la plataforma Méxicoleaks, recientemente anunciada. Prácticamente se ha omitido el análisis de las implicaciones del surgimiento de este espacio comunicacional a disposición de la sociedad.

El objetivo de la herramienta se centra en la difusión de información de interés público a medios de comunicación y organizaciones civiles a través de tecnologías seguras que garantizan el anonimato de la fuente, lo que otorga la posibilidad de acceder a todo tipo de documentos e información sensible en posesión de particulares u organizaciones diversas que tengan la motivación suficiente para hacerlos públicos.

El mecanismo ofrece un formidable reto al tradicional monopolio estatal sobre información y control de medios que demandará la revisión de políticas y procedimientos de seguridad de la información, tanto en organismos públicos como privados, cuyos protocolos para su resguardo, en nuestro país, regularmente son débiles o inexistentes, debido a una pobre cultura de inteligencia institucional.

De hecho, Méxicoleaks se erige como un instrumento de producción de inteligencia colectiva, que sumado al amplio espectro de las redes sociales, puede potenciar la cobertura y la capacidad de observación social sobre el desempeño gubernamental en general, sobre los agentes del Estado en particular, pero también sobre entidades privadas, fiscalización que se torna cada vez más estrecha conforme se desarrollan recursos tecnológicos accesibles a todo público y que ante la oferta del anonimato resulta más tentadora.

El Big Brother orweliano muda, los ejemplos de Assange, de Snowden y Manning se expanden y dan cuenta de la metamorfosis que va sufriendo una función monopolizada originalmente por el aparato del Estado, como recurso indispensable para su seguridad y también para el control social.

Hoy en día, no sólo el término “inteligencia” sino la actividad misma, adquiere otras connotaciones, se ha trasladado a otros ambientes, tanto empresariales como económicos o académicos. La inteligencia se convierte en una profesión abierta al mercado, provista de fundamentos teóricos y técnicas especializadas, multidisciplinaria y multifuncional. En México, por ejemplo, ya se cuenta con una carrera universitaria orientada a la formación de profesionales de inteligencia en la Universidad Anáhuac Norte, que induce una transformación obligada en la forma de concebir esta función y su utilidad social.

La exigencia de transparencia y rendición de cuentas, el avance de los mecanismos de participación ciudadana en la vigilancia y control de entidades públicas y privadas en las democracias modernas más avanzadas, van acompañados indefectiblemente de herramientas de información que gracias al avance tecnológico en permanente y acelerada dinámica, otorgan al soberano la posesión de recursos que lo empoderan y fortalecen su capacidad auditora.

El ejemplo de Méxicoleaks, se inserta en este escenario, ofreciendo un espacio abierto a la expresión y a la denuncia pública de repercusiones aún no previstas, pero que sin duda habrá de obligar a la reflexión institucional sobre el diseño estructural y normativo de la función amalgamada inteligencia y contrainteligencia, la integración de cuadros profesionales bajo nuevos paradigmas y sobre todo, su relación con la sociedad.

El autor es catedrático de la Universidad Anáhuac.

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