Opinión

México va a la luna

  
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Tritón, la luna más grande de Neptuno

Esto pretende ser serio. Antes de que acabe el 2017 una misión mexicana gubernamental debe llegar a la Luna. La intención es convertir a México en la primera nación latinoamericana en conseguirlo. Van los detalles.

Dos muy importantes: hasta el momento no está previsto que la misión lleve astronautas. Otra: vamos de “aventón” aunque cooperando con los gastos del viaje.

En el otoño de 2014, John Thornton recibió una llamada de la Agencia Espacial Mexicana (AEM) que dirige Francisco Javier Mendieta y ahí comenzó la negociación. ¿Por qué Thornton? Él dirige la empresa estadounidense de Pensilvania, Astrobotic, una de las 16 concursantes que quedan como participantes en un reto lunar financiado por Google.

Dicha competencia iniciada en 2007 premiará con 20 millones de dólares a la empresa privada que sea capaz de alunizar sobre el satélite un “rover”, un vehículo robotizado; recorrer con éste una distancia de 500 metros, grabar todo en video de alta definición y regresar las imágenes a la Tierra.

La primera que lo consiga obtiene el dinero y el reconocimiento de todos en la contienda llamada Google Lunar XPrize. Eso debe ocurrir antes del último minuto de 2017 para cumplir con las reglas.

En una entrevista telefónica, Thornton, un exmiembro del Instituto de Robótica de la Carnegie Mellon, me explicó que la solicitud de la AEM que derivó en compromiso la semana pasada, es que un “envío” mexicano aún indeterminado vuele junto con su propio rover de 25 kilogramos en el mismo gran dispositivo que tiene capacidad para transportar hasta 270 kilogramos de carga.

Aunque no aclaró los detalles del trato con la AEM, el CEO de Astrobotic detalló que su compañía cobra en promedio 1.2 millones de dólares por kilogramo enviado a la Luna. Eso es una fracción de los 300 millones que cobraría la NASA, destacó. A Thornton le gusta que su empresa sea vista como una “Fedex espacial”.

Su intención es desarrollar el negocio de envíos a la Luna con fines científicos, empresariales, como de imágenes publicitarias (imagine un reloj fotografiado en la luna). Hoy, contando a la AEM, comentó que tiene compromisos con 6 clientes para éste que será su primer envío.

Coincidentemente con este proceso, el 10 de abril de 2015, la AEM modificó el Artículo 30 de su estatuto orgánico.

Los cambios provocaron que ahora ésta coordine planes estratégicos para el “desarrollo de infraestructura espacial básica y aplicada”, en lugar de sólo hacerlo para obtener “datos geomáticos”, según la fracción II del artículo.

También le dieron la posibilidad de escoger sus prioridades persiguiendo una nueva meta: la fracción V de ese artículo indica que la agencia ahora por reglamento persigue proyectos “espaciales” y no “aeroespaciales”.

¿Qué enviará Mexico a la Luna? Eso depende del resultado de una convocatoria de la AEM entre universidades justamente para decidirlo. ¿Puede ser un rover? Según Thornton, sí. México puede incluso participar en la competencia, pero no puede ganar. Su iniciativa es gubernamental, no empresarial como lo pide Google. Después del lanzamiento fallido de un satélite, a la AEM le urge justificar su existencia y en estos días muchos ya piensan en la explotación de recursos extraterrestres. La AEM pretende levantar la mano.

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EVIDENTE: Fenómeno

“Camión” espacial. Éste es el Griffin Lander de Astrobotic, empresa que firmó un contrato con la Agencia Espacial Mexicana para que un dispositivo nacional transportado en este artefacto alunice junto con el suyo y el de otras empresas antes de que finalice el 2017.

Astrobotic

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