Opinión

México: se aceptan calificativos
(pero sólo los bonitos)

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El presidente Enrique Peña Nieto recibió hoy en Los Pinos, al Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Ra´ad Al Hussein. (Cuartoscuro)

Al arranque de su gestión, el gobierno de Enrique Peña Nieto nunca protestó por los calificativos utilizados por quienes aplaudían la ambiciosa agenda de reformas, y el compromiso logrado con la oposición para sacarlas adelante, de eso llamado Pacto por México.

Ante empalagosos artículos como aquel de Time ("Saving Mexico"), nunca nadie de la nueva administración salió a decir lo que el martes declaró la secretaria Claudia Ruiz Massieu: “lo que no compartimos son las generalizaciones y los calificativos gratuitos”.

Todo lo contrario. El gobierno federal aceptó (y acepta) sin el más mínimo rubor todos y cada uno de los comentarios laudatorios, generalizaciones incluidas.

Y los reparos que algunos ponían, los llamados que algunos hacían de tomarnos todo con un grano de sal, eran vistos como propios de personas pertenecientes a generaciones que nunca creerán en los gobiernos del PRI.

Casi tres años después, el panorama es muy distinto. Algunas reformas avanzan, con mayor o menor grado de éxito, otras tropiezan cotidianamente en sus objetivos más ambiciosos (la de telecomunicaciones se quedó corta en su promesa de limitar a los poderes fácticos), y los alcances de unas más son aún una incógnita (la energética, por ejemplo). Pero lo que ya es una realidad es que, contra el guión que escribió la administración, hoy en vez de hablar de bonanza y avances el país ha vuelto a esa zona cero llamada la impunidad nos está matando.

El gobierno que quiso borrar de la agenda el tema de la violencia y la inseguridad es ahora exhibido mundialmente por su incapacidad ante la emergencia de derechos humanos que padece México.

Representantes de los más importantes organismos internacionales (la OEA y la ONU) han visitado nuestro país en los últimos días y los calificativos con que estos enviados han descrito la situación enervan al gobierno, que en voz del subsecretario de Derechos Humanos, Roberto Campa, primero, y luego a través de la canciller Ruiz Massieu, han rechazado desoladores diagnósticos de nuestra realidad.

Ante tal actitud, ayer el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, se curó en salud al pedir al gobierno, literalmente así lo dijo, que no mate al mensajero, que en lugar de ello se enfoque en el “mensaje”.

El problema es que Peña Nieto no quiere escuchar ese mensaje. Nunca quiso. Pensaron que lograrían que esa agenda se quedara en el pasado. Pero los muertos sin justicia nunca descansan en paz. No es una leyenda rural, es la lección de democracias que sí han emprendido el doloroso camino de enfrentar sus tragedias buscando la verdad y la justicia.

Ahora que si el problema es por los calificativos, pues Peña Nieto no podrá reprochar la diplomacia que tuvo el Alto Comisionado, que se limitó a decir que se sentía obligado a repetir que México tiene al menos 26 mil casos de personas no localizadas, y que estos casos ocurren todos los días. Ni un calificativo.

El funcionario de la ONU despedazó el discurso del gobierno sin estridencia ni retórica. Los puros hechos sepultan la manía negacionista (calificativos míos) de esta administración.

Ignorar lo que está sucediendo en este país no es una opción para nosotros, agregó Al Hussein. Luego hizo votos para que este gobierno retome la agenda de la justicia con “un renovado sentido de urgencia”.

No se muestren intolerantes ante la crítica, pidió el funcionario de la ONU, sobre todo si quieren que llegue la inversión extranjera.

Aunque Peña Nieto sólo disfrute los bonitos, el problema no son los calificativos. La tragedia es sustantiva.

Twitter: @SalCamarena

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