Opinión

México requiere aprender a confiar en su talento

 
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DF ciudad de méxico (Cuartoscuro/Archivo)

Datos que ofrece una encuesta de Consulta Mitofsky sobre la confianza de la ciudadanía en 17 instituciones mexicanas (septiembre 2015) revelan que éste es uno de los principales problemas que tiene actualmente el país.

No se trata de dar detalles de este trabajo que merece su consulta sin duda, sino señalar que si queremos superar con ánimo los momentos complejos por los que atraviesa el país, deberemos encontrar elementos para reconstruir la confianza en las instituciones, pero sobre todo, en el talento que existe en México.

De los 17 factores a medir, solo tres instituciones mantienen calificaciones altas (más de site en calificación) como es el caso de las universidades (7.3), la Iglesia (7.1) y el Ejército (7). Ocho de 17 están en confianza media y seis de 17 en una calificación baja (que no alcanza seis puntos). Todos bajan su posición en la encuesta anterior.

La desconfianza no es gratuita pero no representa un ambiente propicio para el ánimo social o inconsciente colectivo.

Las Pymes reflejan esa actitud de Mexicanos hacia mexicanos; los casos en los que los emprendedores reclaman poca confianza de sus compatriotas son mucho más frecuentes de lo que usted puede pensar.

Hay empresarios que con servicios o productos de talla mundial tienen que salir del país o constituirse en empresas extranjeras para poder recibir la confianza de otros mexicanos.

Cito el caso de una firma de un ingeniero mexicano, regiomontano, que es capaz de ocultar el edificio que usted desee dentro de un domo sin que prive en su interior columnas que estorben la visibilidad. Este ingeniero mexicano tuvo que contratar una oficina virtual en Texas para comenzar a conseguir contratos que lo llevaron a ser proveedor constante en ciudades y empresas Inglesas, Coreanas, Japonesas, Alemanas. Ya con el tiempo comenzaron a contratarlos mexicanos.

Muy frecuentemente la desconfianza se centra en productos que tienen que ver con innovación o tecnología.

Cito la empresa MicroBiotecnología Aplicada Dos Ríos que tuvo que irse a Abu Dhabi, a Egipto y a Chile a zonas desérticas extremas para comprobar una tecnología que obtiene cultivos de uva o maderas preciosas en desiertos; hoy en México desarrolla una plantación experimental en Sonora pero los permisos para la plantación de maderas de alto valor les han tardado más de seis meses y no hay capitales extranjeros dispuestos a financiarlos que soporten esos ritmos de aprobación oficial.

O el caso de ARMO, una tecnología desarrollada por el Arquitecto Jorge Capistrán que permite construcciones muy sólidas y económicas a partir de “ladrillos” que no se enciman sino que se embonan ofreciendo resistencias solidas en la construcción. Este arquitecto tuvo que ir a Stanford y a Silicon Valley para recibir certificaciones que merecieron el reconocimiento de otros tecnólogos porque en México pocas instituciones o particulares les han concedido confianza.

No se trata de confiar en partidos políticos, diputados, senadores que en el pasado se han ido ganando el desprestigio de la ciudadanía a pesar de que uno no puede generalizar a ellos malos rendimientos o corrupción, pero… ¿no confiar en el emprendedor mexicano?

Entonces, ¿en qué o quién confiaremos? ¿Sólo en la Virgen de Guadalupe?

Estaremos fritos como país si no somos capaces de confiar en nuestros talentos.

Twitter: @ETORREBLANCAJ

Correo: direccion@universopyme.com.mx

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