Opinión

México hipotecando su futuro

México dejó desde hace muchos años la preocupación por el tema de “la deuda”. Después de años traumáticos y crisis recurrentes en el sexenio del presidente Miguel de la Madrid, cuando Carlos Salinas de Gortari asumió la Presidencia de la República el 1 de diciembre de 1988 instruyó a su Secretario de Hacienda, Pedro Aspe Armella a comenzar de inmediato a renegociar “la deuda”, sobre todo la externa, ya que ésta era un verdadero lastre para el crecimiento económico y era fuente de desequilibrios en nuestra balanza de pagos.

Así, poco a poco y con muchos sacrificios “la deuda” dejó de ser el tema central de la viabilidad económica del país, y si bien ésta siguió aumentando nominalmente en los sexenios de 1995 al 2012, lo había venido haciendo de forma moderada a la par con el crecimiento económico y con los cambios legales que implicaron que el gobierno federal absorbiera diversos pasivos de otros entes públicos. Por otra parte, estrategias como las emprendidas por el presidente Vicente Fox de disminuir la deuda externa aumentando la deuda interna también fueron en beneficio de las finanzas públicas y disminuyeron nuestra vulnerabilidad respecto al exterior.

Sin embargo, en el último par de años muchos analistas, entre ellos el director general del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP), Luis Foncerrada Pascal, hemos visto con preocupación que la deuda pública está aumentando de manera muy importante, con los riesgos que esto implica, tal como se ilustra en el siguiente análisis:

De acuerdo a cifras del Banco de Información Económica (BIE) del INEGI; en el año 2013 el PIB de México fue de $16.104 billones de pesos, mientras que la deuda económica amplia del sector público (interna y externa) sumó $5.350 billones de pesos al cierre de dicho año, lo que representa el 33.2 por ciento de la cifra del Producto Interno Bruto (PIB) nacional. Este porcentaje parece bajo cuando se compara con el nivel de endeudamiento de naciones europeas y de Estados Unidos, lo que le sirvió como justificación al gobierno federal para solicitar un déficit fiscal de 1.5% del PIB en 2014 y de 1.0% del PIB para 2015.

Sin embargo, el relacionar el monto de la deuda pública respecto al tamaño total de la economía no debería ser la mejor de las mediciones respecto a qué tan endeudado está un país, y resulta más apropiado relacionar el endeudamiento respecto a los ingresos públicos. Y es que así le hacen los bancos, y miden la capacidad de endeudamiento de una persona o empresa en función de su flujo de ingresos reales.

Así pues, tenemos que de acuerdo con cifras del INEGI, en el año 2013 el sector público mexicano tuvo ingresos por $3.800 billones de pesos, de los cuales $2.703 billones corresponden al gobierno federal. Estos datos implican que la deuda amplia del sector público representó en 2013 el 140% de los ingresos del sector público y el 197.9% de los ingresos del gobierno federal.

Para ilustrar mejor la situación, cabe señalar que de los $2.703 billones de pesos de ingresos del gobierno federal en 2013, sólo $1.561 billones de pesos correspondieron al pago de impuestos, por lo que el monto de la deuda amplia del sector público equivalió en 2013 al 342.7% de los ingresos del gobierno federal por concepto de impuestos.

Estas cifras de cierre de 2013 son alarmantes, reflejan mejor el tamaño de la deuda pública del sector público e ilustran los riesgos de que nuestro gobierno federal esté cada vez más y más endeudado; y es que de acuerdo diversos análisis publicados tras la presentación del Paquete Económico 2015, la deuda pública total del sector público mexicano ascenderá a $7.214 billones de pesos al término de 2014, hasta representar el 42.2% del PIB. Este dato significa el mayor nivel de endeudamiento respecto al PIB observado en los últimos 15 años.

Pero eso no es todo, como ya se comentó, para el 2015 el gobierno federal solicitó en el Paquete Económico 2015 la contratación de unos 672.6 miles de millones de pesos adicionales de deuda, con lo cual podemos esperar que el nivel de deuda pública respecto al PIB alcance el 43.3%, una cifra que representa unos 7.9 billones de pesos.

Desde luego que un nivel de deuda pública tan grande implica un enorme costo financiero, de hecho en la propuesta de Presupuesto de Egresos 2015 que el Ejecutivo envió al Legislativo para su discusión y aprobación se contempla que el costo financiero de la deuda y otras erogaciones sea de $406.477 miles de millones de pesos. Haciendo un análisis simple, tenemos que $406.477 miles de millones de pesos de servicio de la deuda (intereses) representan el 5.1% de la deuda total de 7.9 billones de pesos que se espera alcanzar al cierre de 2015. Así pues, continuando con este sencillo ejemplo, sólo para ilustrar la vulnerabilidad de las cifras, si el costo financiero pasará de representar el 5.1% al 6.1% de la deuda total, entonces el servicio de la deuda se elevaría en $48.190 miles de millones de pesos.

Esta dinámica de endeudamiento creciente, de hecho a un ritmo muy superior al del crecimiento del PIB nacional, debería preocuparnos en serio. Como hemos visto, no es suficiente ver el tamaño de la deuda como proporción del PIB, y debemos analizar ésta a la luz de los ingresos del gobierno federal, sobre todo, respecto a los ingresos tributarios.

No podemos caer en complacencias y pensar que como varios de los países europeos y Estados Unidos están severamente endeudados, nosotros aún tenemos margen para endeudarnos más. Debemos entender que por cada peso que el gobierno federal destina al pago de intereses por su deuda, pues es un peso menos disponible para la inversión en infraestructura productiva o para la salud y educación.

Y por otra parte, el gobierno federal debe ver que el déficit fiscal en el que incurrió en este año equivalente a 1.5% del PIB pues no sirvió de mucho para reactivar la economía, sobre todo a la luz de que el crecimiento económico en el primer trimestre de este año fue de 1.9% y en el segundo de apenas 1.6%. Así pues, la clave para creer no debe estar en endeudar más a país, sino en hacer los ajustes necesarios al marco fiscal y legal que promuevan la inversión productiva y reactiven el mercado interno, además de que deben promover que se reestablezca la confianza de los consumidores. Más deuda pública sólo es una ilusión de corto plazo y nos puede llevar a una crisis en el futuro, esa debe ser la premisa.

Ante todo lo ya señalado, pues ojala que los legisladores hagan los ajustes necesarios al marco fiscal y no se vayan por la decisión fácil de endeudar más a México, ya que esto último no es lo correcto para las futuras generaciones, a quienes les estaremos dejando una mala herencia.

Director General GAEAP.

Correo:alejandro@gaeap.com

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