Opinión

México frente a Trump: buenas noticias; preocupantes noticias

 
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ME Trump. (Especial)

Dos buenas noticias y dos preocupantes en el frente mexicano vs. Trump.

En el flanco positivo constato que se ha comenzado a actuar con decisión en la defensa de nuestros migrantes y sus familiares en el ámbito bilateral y multilateral.

1º Hace 15 días subrayaba el acoso y las vejaciones a que están siendo sujetos los mexicanos migrantes – sobre todo los indocumentados sin respuesta apropiada de México. Hace apenas una semana me alarmé cuando una amiga de San José, Ca. me informó de las quejas de mexicanos que no obtenían respuesta telefónica y se enfrentaban a largas jornadas de espera en el consulado mexicano para realizar trámites de documentos. El colmo fue enterarme de turistas mexicanos en regla molestados por gringos trumpistas en un restaurante ¡por hablar español! Mi enojo me decidió a cambiar un viaje de placer programado a Texas por un atractivo paquete a la hermana república de Yucatán.

Domingo noche veo un artículo de AP que informa del inicio el viernes 3 de una gran campaña en los EUA por parte de los 50 consulados mexicanos para atender a los migrantes a través de centros de asistencia legal y asociaciones con grupos no lucrativos y abogados especializados frente a intentos de deportación y de separación de familiares. ¡En hora buena! Era urgente actuar en favor de mexicanos que aportan 40 mil millones de pesos anualmente con sus remesas al México olvidado. Son muchas las acciones complementarias que debemos adoptar para atender a los mexicanos vejados allá y desaprovechados acá. Hay que continuar la lucha.

La 2ª buena nueva es que comienza a darse respuesta a la exigencia de miembros del servicio exterior mexicano, académicos y ciudadanía informada de que el gobierno actúe por la vía multilateral en defensa de los derechos humanos de migrantes y contra el muro. No solo el Canciller afirmó su disposición en el Congreso, sino que envió ya al Subsecretario de Asuntos Multilaterales a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU para protestar por el mal trato a los migrantes y la discriminación que involucra el muro. Nuestro reclamo es todavía muy incipiente y cauteloso. Urge una posición más enérgica y amplia multilateral, incluyendo el G-20 y foros regionales aliados potenciales.

Insisto en crear un grupo de expertos con fuerza moral, que prepare una estrategia integral en defensa del interés nacional y detone una cruzada global de protección a los migrantes –incluyendo una nueva agenda de desarrollo mundial- que ataque el problema desde sus raíces. Frente a la asimetría con nuestro vecino llegó el momento de la acción multilateral.

Ahora las noticias preocupantes, casi todas relacionadas con el comercio, las inversiones y las política de fomento industrial y productivo.

La semana pasada tras de la visita de los secretarios de Estado y Seguridad, y las declaraciones del Secretario de Comercio de que seguramente se podría llegar a un buen acuerdo de TLCAN, las autoridades mexicanas insistieron en su argumento de que sería el momento de llevar a la mesa de las negociaciones temas nuevos como el del comercio electrónico, la propiedad intelectual, las telecomunicaciones, el medio ambiente y la energía. Preocupa que andemos ofreciendo áreas que estuvieron excluidas del TLCAN, como la energía- y temas que fueron aceptados en el TPP, de manera contraria a los intereses nacionales y que algunos sectores de empresarios mexicanos y muchos académicos hemos denunciado como inconvenientes al interés nacional. Recomiendo mi estudio y el de Dussel Peters publicados por el Instituto Belisario Domínguez del Senado sobre los inconvenientes del TPP.

Parecería que en aras de la defensa de nuestras exportaciones de automóviles, autopartes y productos electrónicos de la industria maquiladora, de capital fundamentalmente extranjero, la Secretaria de Economía estaría dispuesta a ofrecer, como moneda de cambio, los privilegios y canonjías que las empresas extranjeras- particularmente, farmacéuticas, químicas, informáticas y de otros sectores habían logrado incorporar al difunto TPP y que afectarían a empresas de capital mexicano y sobre todo al sector salud, al alimentario, al medio ambiente y a los consumidores- incluso en los EUA. El comercio electrónico en cambio si merece y sujetarse a regulación y fiscalización.

La inclusión de la energía a un nuevo acuerdo comercial no sería cuestión menor. Este sector, excluido del TLCAN, que experimentó las grandes reformas estructurales tan polémicas, fue abierto al exterior de manera unilateral y sin reciprocidad a cambio. Lo único que se salvó gracias a la intervención de algunos legisladores pragmáticos y nacionalistas fue la posibilidad de exigir niveles razonables de contenido nacional a los proyectos petroleros y petroquímicos- como lo hizo México con éxito hasta hace tres décadas -utilizando a PEMEX como palanca de desarrollo de la industria, los servicios y la tecnología nacional y lo hacen siguen haciendo hoy muchos países productores –notablemente Noruega, Brasil y países asiáticos.

Desafortunadamente esa facultad no se está ejerciendo como debería ocurrir. Los proyectos de inversión han sido aprobados con bajísimos niveles de exigencia de contenido nacional y la única inversión importante petroquímica en más de 30 años, el complejo Etileno 21 de Braskem -filial de PETROBRAS- y la empresa mexicana IDESA, se realizó con ingeniería y contenido básicamente importado -no obstante el financiamiento compartido de NAFINSA. Pero la facultad subsiste y hay que salvaguardarla.

La pregunta para las autoridades energéticas y comerciales mexicanas es clara: ¿cuáles serían las implicaciones y ventajas para México de incorporar la energía a las negociaciones de un “razonablemente modernizado TLCAN”? ¿Se trataría de hacer irreversibles las reformas energéticas, como fue el caso de las concesiones comerciales unilaterales antes del TLCAN? ¿De otorgar un dulce más a Trump para intentar calmarlo?

Somos muchos los que demandamos una nueva política productiva incluyente y sustentable -no la vieja agotada del proteccionismo ; ni la claudicante, destructora de la planta nacional y dependiente de unos cuantos sectores exportadores extranjeros en el marco del TLCAN; sino una con nuevos horizontes, adaptada a la nueva realidad internacional y la nueva revolución del conocimiento, que ponga énfasis en la productividad, el cambio tecnológico, el Valor agregado y el fomento a un empresariado nacional innovador- similar a la que China, India, Corea del Sur y otros países exitosos están siguiendo.

La ruta de los últimos 30 años no es viable ni deseable en el mediano y largo plazo.

Menos ahora cuando Trump está adoptando unilateralmente grandes acciones de fomento y estímulo a la inversión y el empleo local con la intención explícita de poner a “América primero”, intentando regresar inversiones a lo EUA y sustituyendo importaciones a través de medidas fiscales y arancelarias.

Necesitamos emprender una nueva estrategia de desarrollo a partir de escenarios prospectivos 2030, de los Objetivos de Desarrollo Sustentable de la ONU y de las exigencias nacionales que son crecientes y no pueden seguirse posponiendo en aras de caprichos ideológicos o presiones de Mr. Trump. Ello exige una visión valiente y compartida por amplios sectores sociales. No debemos esperar hasta 2018. Tampoco torpedear el futuro de la nación con medidas defensivas cortoplacistas. Es hora de despertar.

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