Opinión

México frente a
Estados Unidos

 
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Enrique Peña Nieto, presidente de México, y Barack Obama, presidente de Estados Unidos

La relación entre México y Estados Unidos es una de las más importantes entre dos países vecinos. Al mismo tiempo, es compleja y ambivalente, considerando la composición étnica-cultural de ambas naciones y las asimetrías en desarrollo económico y bienestar social.

En las últimas dos décadas incorpora nuevos desafíos. Estados Unidos (EU) siguen siendo el país más rico y militarmente poderoso del planeta, pero inician un declive relativo frente a naciones emergentes como China e India, que aumentan su presencia mundial. México, por su parte, tras su etapa ascendente de desarrollo estabilizador (1940-80), ha estado pasmado en términos económicos y sociales, estancado en su ingreso per cápita y con problemas crecientes en los últimos 15 años de corrupción, crimen organizado, justicia e impunidad.

En EU, las audaces medidas adoptadas por el presidente Obama frente a la crisis financiera heredada de 2008 parecen estar dando ya resultados económicos positivos, a pesar de que el gobierno demócrata sigue inserto en lucha con la mayoría republicana conservadora en el Congreso. Es difícil prever cambios mayores en los próximos 18 meses antes de las elecciones de fines de 2016 y más aún pronosticar la evolución de su economía, siempre capaz de dar sorpresas y regenerarse.

En contraste, en México la situación de los últimos dos años no ha mejorado, como se esperaba, con el regreso del PRI a la presidencia; ni parece tender a superar la crisis económica, agudizada una vez más por la apuesta petrolera –que ha reducido nuestra capacidad de negociación frente a EU en tiempos de precios y volumen en declive– y las suicidas políticas macroeconómicas procíclicas. Por el contrario, después del innovador pacto inicial de gobierno y de las reformas estructurales, prevalece hoy, debido a la acumulación de agravios y errores, una inquietante sensación de crisis sistémica: desgobierno, inseguridad, falta de liderazgo político y moral, así como de frustración económica y social. Las encuestas de opinión pública lo confirman.

¿Cómo interactuarán en los próximos meses y años estas situaciones nacionales en el cambiante escenario internacional? El 21 de marzo pasado los asociados del Centro Tepoztlán nos reunimos para reflexionar sobre este tema con José Carreño Figueras –destacado periodista y conocedor de EU– como expositor, y la Dra. Susana Chacón y el embajador Eugenio Anguiano como comentaristas. La sesión-diálogo fue muy elocuente. Carreño Figueras destacó que la relación de Estados Unidos con México es una de sus dos relaciones “intermésticas” (la otra es Israel); es decir, una en la que los intereses de política doméstica y de la geopolítica califican la percepción y las respuestas de EU a nuestra compleja situación.

México es importante para EU, tanto por la vecindad y la presencia de una gran comunidad mexicana en su territorio, como por el comercio y la integración de redes de producción fundamentales para su competitividad internacional (la industria automotriz, las maquiladoras y la misma migración de nacionales a ese país).

En lo negativo, el narcotráfico, el crimen organizado, la violencia y la inseguridad, vinculados en buena medida a demandas e intereses compartidos, son factores importantes, que hoy se complican por el tráfico de armas desde EU, el paso de migrantes de terceros países y la existencia de regiones fallidas de gobierno en nuestro país.

El dilema estadounidense sobre México está acotado por esas consideraciones. ¿En qué medida apoyar al gobierno para lograr la estabilidad del país? ¿En qué grado presionarlo a través de acciones que aseguren la transición democrática, el crecimiento económico y el avance hacia un estado de derecho, con fronteras seguras? ¿Cuáles son los límites posibles y deseables de esa relación?

Tres características originarias de EU fueron destacadas en la sesión:

a) Su actitud religiosa, misionera, que los ha llevado desde su nacimiento a emprender “cruzadas” puritanas (promoción de la democracia, combate al alcohol y las drogas) en el mundo, a veces en contra de las realidades nacionales.

b) La portación de armas y la guerra son derechos básicos de autoprotección y de seguimiento de sus intereses y destino manifiesto.

c) El comercio y los negocios atemperan cualquier decisión y conducen a cierto “gatopardismo” (buscar los cambios para que todo siga igual), así como a tolerar la falta de democracia y de estado de derecho cuando les conviene.

Se observó que EU, a pesar de su homogeneidad, tiene características que distinguen a sus entidades federativas y que la presencia de migrantes mexicanos llega hoy hasta los lejanos Idaho, Indiana y Alaska, lo que exige cambios en nuestra aproximación. Se reconoció también que la población blanca está perdiendo participación en la población total y que el ingreso de la clase media se ha deteriorado. Por primera vez hay una generación que no espera heredar mejores condiciones a sus hijos. Ello la vuelve temerosa respecto al futuro.

En contraste, la población hispana está pasando a ser la primera minoría, por arriba de la afroamericana y, dada su alta tasa de crecimiento demográfico, puede ofrecer una candidatura viable a la presidencia en los próximos años. Las próximas elecciones de nuestro vecino se darán en un contexto nuevo, en el que el voto hispano –y el mexicano en particular– mayoritariamente demócratas, jugarán un papel clave, en medio de lo que en esta hora temprana parece una lucha probable de dos dinastías: la de los Clinton y la de los Bush, con fuerte posibilidad de que una mujer llegue por primera vez a la presidencia.

¿Qué opciones de política tiene México en sus relaciones frente a EU y el resto del mundo? ¿Temas a meditar en esta Semana Santa? Mejor vámonos a la playa. Ya Dios dirá…

* El autor es presidente del Centro Tepoztlán AC e investigador asociado de El Colegio de México.

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