Opinión

México: falta de
cultura financiera


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educación financiera

Como he argumentado en diversas ocasiones, México carece de una cultura financiera. Lo anterior se debe a que ni los programas educativos, ni la información que analistas y especialistas financieros permean en la sociedad, no sólo en cuanto a complejas y sofisticadas operaciones de mercado sino en aspectos básicos, tienen el rigor necesario en el análisis económico más elemental.

Tal es el caso de los bonos de infraestructura educativa recientemente anunciados por el presidente Enrique Peña Nieto en su Tercer Informe de Gobierno, y tan comentados en la opinión pública. En diversas notas se reitera, sin fundamento, que estos instrumentos se sumarán a la deuda pública mexicana.

Déjenme tratar de ejemplificarlo: supongamos que mis padres me han dejado una herencia de un millón de pesos dentro de un fideicomiso con ciertas reglas. Una de ellas consiste en que no puedo retirar la totalidad del dinero, sino que se me entregarán 100 mil pesos por año durante la siguiente década. Sin embargo, el día de hoy se me presenta la oportunidad de hacer una inversión de compra de un inmueble con un costo aproximado de 900 mil pesos.

Entre las opciones que tengo a la mano estaría la de ahorrar por los siguientes nueve años los flujos anuales que he recibido, con la certeza de que el valor del inmueble será mayor en aquel momento. Por otro lado, podría solicitar un crédito hipotecario el día de hoy por los 900 mil pesos y garantizar el pago de mi deuda con los 100 mil pesos que recibiría anualmente, más un costo financiero.

Esto que he descrito, es precisamente el mecanismo de los bonos de infraestructura educativa. Por medio de un fideicomiso transparente, con reglas claras, supervisión constante del mercado financiero (al contar con los requisitos para ser emitidos en la Bolsa Mexicana de Valores y autorizados por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores) y mayor eficiencia en el gasto de los recursos, el gobierno federal planea hacer una inversión en infraestructura educativa, que incida directa y de manera tangible en la calidad de la educación.

Y esa emisión de bonos por parte del fideicomiso -que no del gobierno federal- será cubierta con parte de los flujos del Fondo de Aportaciones Múltiples en el periodo de vigencia.

Además, los mexicanos serán partícipes de este cambio de paradigma al contribuir tanto a través de sus obligaciones fiscales, como al poder invertir en estos instrumentos financieros por medio de sus fondos de pensiones, fondos de ahorro o en forma directa, lo que además les representará un beneficio financiero.

Y más importante aún, debo concluir: el gasto en educación es la mejor inversión que un país puede hacer para incrementar la productividad y competitividad, y que éstas se traduzcan en un mayor y sostenido crecimiento económico que aumente el nivel de vida de los mexicanos.

El autor es director general de Nafin.

economia@elfinanciero.com.mx