Opinión

México está enojado (II)

No recuerdo tantos hechos concatenados que demuestren la crispación de la sociedad mexicana en tan poco tiempo. Sin duda, vivimos la crisis política y social más aguda de los últimos años. México está enojado, muy enojado.

El lunes pasado le comentaba, apreciado lector, que padecemos un coraje crónico, degenerativo, hereditario. Además, hoy vemos que el enojo de los mexicanos está siendo utilizado y capitalizado por individuos y grupos que pretenden el poder a toda costa, incluso por la vía armada, sin importar el costo que ello represente.

En 2012, el enojo acumulado en décadas fue capitalizado por Andrés Manuel López Obrador, quien aseguraba que le robaron la presidencia de la República por segunda vez. Sin embargo, su protesta tuvo mucho menos fuerza que la de seis años atrás, cuando tomó el Paseo de la Reforma.

El regreso del PRI a Los Pinos se convirtió en la obsesión de quienes sintieron el poder al alcance de su mano. Muchos se obstinaron en evitar, como fuera, la protesta de Enrique Peña Nieto como presidente de la República. Aquel sábado 1 de diciembre de 2012 vimos nacer en México una nueva expresión de la protesta social, más violenta y organizada. Los llamados ‘anarquistas’ emergieron de la clandestinidad.
El nivel de violencia callejera de aquellos manifestantes fuera del Palacio Legislativo de San Lázaro era inédito en México, sólo lo habíamos visto en los noticiarios de televisión como expresiones de otros lados.

Desde entonces se manifiestan cada vez que pueden bajo el mismo modus operandi: con todo y contra todos, no importa el costo. Son tan violentos que varias veces han sido marginados de las manifestaciones en las que se cuelan para ejercer su violencia. Al final de cuentas, son una expresión más del enojo, la frustración y el coraje de muchos mexicanos.

La coyuntura de los normalistas asesinados y desaparecidos de Ayotzinapa se convirtió en el catalizador para potenciar las protestas en varios lugares del país. No recuerdo haber visto antes este preocupante nivel de enojo, de coraje y frustración social. Sin embargo, ahora convergen grupos e intereses distintos que buscan el mismo objetivo: derrocar al actual gobierno.

Coincido y apoyo la exigencia de que se investigue y se haga justicia por el caso de los normalistas. No justifico nada de lo ocurrido, pero tampoco olvido sus antecedentes. Lo mismo pienso del caso Tlatlaya: condena y justicia para los soldados que cometieron crímenes, pero no paso por alto los antecedentes de las víctimas.

El gobierno de Enrique Peña Nieto tiene frente a sí un reto mayúsculo: mantener el orden, garantizar la seguridad y la paz social, la autoridad moral y aplicar la ley. No sé si se aplicará la ley a rajatabla, como debe ser, pero nos urge que así sea.

Por cierto…

Mientras el doctor Miguel Ángel Mancera, el jefe de Gobierno del DF, luchaba por su vida en el hospital, quien mantuvo la rienda firme y el rumbo fue Luis Serna, su secretario particular y mano derecha. Serna estuvo a cargo de la operación de las decisiones complejas que requirió la capital del país durante la convalecencia de Mancera y también manejó todo lo necesario para la atención hospitalaria del jefe de Gobierno. Hábil y eficaz, sin duda.

Aristóteles Sandoval, el gobernador de Jalisco, regresó con las alforjas repletas de su gira por Asia. Consiguió 78.5 millones de dólares en inversiones para el estado y la instalación de siete empresas nuevas, proveedoras del ramo automotor y de electrodomésticos, que comenzarán a instalarse en 2015.

Twitter: @Cachoperiodista