Opinión

México después del petróleo

16 enero 2017 5:0
 
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pemex

A lo largo de este sexenio hemos visto como México dilapido su riqueza y pasó de ser una “potencia exportadora de petróleo” a ser un país deficitario, lo que implica una enorme dependencia energética respecto al exterior, concretamente con los Estados Unidos.

De acuerdo con cifras del INEGI, en el año 2000 México registró un superávit de 8.151 mil millones de dólares (mmdd) en su balanza comercial de productos petroleros, para el año 2006 éste superávit había aumentado hasta los 19.380 mmdd y para el 2012 sumó 11.817 mmdd. Con la llegada de la presente administración del gobierno federal y el desplome de los precios internacionales del petróleo, todo cambio para mal y ya para el año 2015 registramos un déficit en la balanza comercial petrolera de 10.115 mmdd y en los primeros once meses de 2016 dicho déficit ya suma 11.196 mmdd.

Esta desfavorable evolución se debe principalmente a la falta de inversión en todos los rubros de Pemex, lo que ocasionó una caída en el valor de nuestras exportaciones de petróleo, al pasar éstas de 46.852 mmdd en 2012 a 18.524 mmdd en 2015 y disminuir hasta los 14.022 mmdd en los primeros once meses de 2016. Por su parte, y contrariamente a lo que se pudiera pensar, el valor de las importaciones de diésel disminuyeron de 6.170 mmdd en 2012 a 4.392 mmdd en 2015 a 3.474 mmdd en los primeros once meses de 2016; y lo mismo pasó con el valor de las importaciones de gasolina, las cuales pasaron de 17.960 mmdd en 2012 a 12.954 mmdd en 2015 a 10.012 mmdd en los primeros once meses de 2016.

Pero más allá de estas cifras, las preguntas que debemos hacernos son ¿Que le hicimos a los recursos obtenidos por los superávits comerciales en la balanza de productos petroleros, los cuales existieron hasta el año 2014? ¿Por qué a pesar de estas gigantescas entradas de divisas y recursos el país no se desarrolló, continúa con más de la mitad de su población en la pobreza y además tiene ahora una empresa petrolera prácticamente quebrada? ¿Quién permitió que todo esto sucediera? ¿Por qué dejamos de invertir en la exploración de pozos petroleros y en aumentar las capacidades de nuestras refinerías?

La respuesta a estas preguntas sería larga y haría mención a temas como la excesiva carga fiscal a Pemex, problema extendido de corrupción en todas las áreas de la empresa petrolera, excesiva carga de un sindicato petrolero que se ha convertido en un lastre para el desarrollo nacional, un gobierno federal que no se preocupó por cobrar impuestos a las empresas que operan en la informalidad, entre otros tantos hechos que fueron mermando poco a poco a la empresa más grande del país.

En este sentido el presidente, Enrique Peña Nieto, declaró la semana pasada en alusión a la industria petrolera nacional que “La gallina de los huevos de oro se nos fue secando, se nos fue acabando y de ahí financiamos muchas cosas y cuando el precio del petróleo estaba alto el gobierno tenía excedentes, (y eso) se nos acabó”, y agregó que “Se nos terminó el gran yacimiento. Cantarell llegó a producir dos millones 200 mil barriles de petróleo diarios, hace seis años. Hoy produce 200 mil, sólo eso”.

Dada esta situación, queda claro que ahora la gran apuesta del gobierno federal es a la inversión privada, nacional y extranjera, que invierta en exploración y desarrollo de nuevos pozos petroleros, y de cada barril de petróleo extraído cobrar una renta petrolera. Pemex está quebrado y ya no tiene dinero para invertir más, ya que en estos momentos no tiene para pagar a proveedores, ni sus pensiones y mucho menos los 100 mil millones de dólares de deuda que tiene registrada.

Toda esta situación nos pone en un gran estado de vulnerabilidad ya que con la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, y las amenazas que ha hecho de poner aranceles (o un impuesto fronterizo) a las exportaciones mexicanas, aunado a la exigencia de que eventualmente paguemos por el muro que quiere construir, las cosas se complican bastante y él tendrá muchas formas de presionarnos para aceptar lo que quiera hacer con nosotros.

¿Qué harán las autoridades mexicanas cuando Donald Trump, con tal de presionar que paguemos el muro, le prohíba a las refinerías estadounidenses venderle gasolina y diesel a México? Esto sin duda paralizaría al país por unos días, al menos en lo que encontramos otro país a quien comprarle los combustibles. Ya los consumidores en varios estados del país se dieron cuenta de lo que es que haya escasez de gasolina y diésel.

¿Qué pasará si nos ponen un impuesto fronterizo a los productos hechos por empresas estadounidenses que producen en México, y nuestro país toma represalias aumentando aranceles a Estados Unidos y eso genera una guerra comercial que se traduzca en una disrupción de los flujos de productos petroleros de Estados Unidos hacía acá?

Queda claro que nos hemos puesto en una posición de suma vulnerabilidad habiendo seguido una estrategia que nos convirtió en país importador neto de este tipo de productos, por lo que las autoridades deberán ser sumamente cautelosas en sus negociaciones.

Ahora, del mensaje del presidente Peña Nieto, podemos señalar que dada nuestra nueva circunstancia en la que se nos murió la “gallina de los huevos de oro”, pues es necesario impulsar otras actividades productivas que sean altamente generadoras de divisas, tal como lo hacen naciones como Japón o Alemania, las cuales no tienen petróleo, pero registran importantes superávits en sus balanzas comerciales. Y lo mismo pasa con China, país que no es autosuficiente en petróleo, pero que en el 2016 registró un superávit comercial de 486 mil millones de dólares, no obstante el complicado escenario internacional.

Pero esto es algo que las autoridades del gobierno federal, y concretamente los funcionarios de la Secretaría de Economía, parecen no entender ya que no obstante que tenemos el dólar más caro de nuestra historia, no hemos escuchado ninguna declaración por parte de ellos en el sentido de lanzar un agresivo plan de fomento a las exportaciones manufactureras diferentes a las automotrices.

Entre el enero de 2014 y el mismo mes de 2017 el dólar ha aumentado de 13.224 a 21.454 pesos, lo que representa una depreciación del peso de 38.4%. En ese mismo lapso los precios en México subieron en 8.9%, lo que evidencia que nos hemos vuelto muy baratos en términos de dólares (aunque Trump) nos quiera cobrar aranceles o impuestos fronterizos; pero repito, no hemos sabido aprovechar la competitividad que nos brinda esta coyuntura.

Y para acabar de complicar las cosas, y esto es algo que desde este espacio hemos dicho en reiteradas ocasiones, el caso de Proméxico es un verdadero desastre, ya que brilla por su ausencia. Esta dependencia, sectorizada con la Secretaría de Economía, ha estado envuelta en malos manejos administrativos y se le ha recortado el presupuesto en más de un 50% en lo que va del sexenio.

A manera de conclusión podemos señalar que ante los grandes retos que se presentan en este 2017, es momento que se implemente una política industrial y de fomento a las exportaciones que fortalezca la planta productiva nacional y compense el daño que nos ha causado el deterioro que ha sufrido la industria petrolera nacional. El gobierno federal también debe tener claro que en la medida en que la planta productiva se expanda, apoyada en el sector exportador, su recaudación de impuestos aumentará y habrá un menor deterioro en las finanzas públicas.

Director General GAEAP.

Correo:alejandro@gaeap.com

Twitter:@alejandrogomezt

Grupo Asesores en Economía y Administración Pública

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