Opinión

México debe precisar sus propios objetivos en el TLCAN, jamás ser patio trasero de los EUA

 
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Peña y Trump

México debería mirar al futuro y definir sus objetivos en la próxima negociación del TLCAN en el marco de una nueva estrategia nacional de desarrollo en beneficio de todos los mexicanos.

No debemos emprender unas negociaciones del TLCAN con los EUA de espaldas a la historia y al interés nacional, manteniéndose como patio trasero de nuestro vecino del norte. Lamentablemente todo parece indicar que vamos una vez más rumbo a “lo que Ud. diga, Mr. Trump”.

Somos muy olvidadizos en nuestra relación con los EUA y muy prontos a decir sí para salvar el pellejo y tranquilizarnos con “de lo perdido, lo que aparezca”.

Raymundo Riva Palacio nos alertó el 14 de julio, en este mismo periódico, que durante la reciente reunión del G-20 en Hamburgo, los presidentes Trump y Peña Nieto acordaron, según Videgaray, negociar en el marco del TLCAN, un acuerdo para que trabajadores mexicanos vayan durante periodos específicos a apoyar al sector agrícola de los EUA y lo apoyen a mantener sus niveles de competitividad.

A falta de una clara exigencia en materia de libre movimiento de personas entre los tres países -junto con mercancías y capitales, siguiendo la práctica de la UE-, el gobierno mexicano parece haber reaccionado a botepronto. Olvidó que hace 75 años, firmó con los EUA el Acuerdo sobre Braceros (Mexican Farm Labor Agreement), polémico programa que otorgó alrededor de 200 mil visas para trabajadores mexicanos a lo largo de sus 22 años con promesas de salarios justos, educación, salud, bienestar y no discriminación social, que nunca se cumplieron y en cambio permitieron al reclutamiento de mexicanos para los ejércitos de los EUA durante la 2ª Guerra Mundial, y las guerras de Corea y Vietnam.

“Uno de los impulsores del nuevo acuerdo es el Senador texano John Cornyn,  a quien visitó el canciller hace unos días”. ¿Vuelta al triste pasado después de los avances en tiempos de Obama con el H1A, el H2B y el H1B -de visas de negocios- que han sido reducidos ya silenciosamente por Trump en sus primeros 6 meses?

La negociación del TLCAN hace 25 años partió de un plan oportunamente trazado entre México y los EUA, que acabó jalando a Canadá, que se resistía a compartir sus privilegios ya conseguidos con los EUA.

Sin embargo, no pudo avanzar en temas cruciales como el libre movimiento de personas o el establecimiento de medidas para combatir las asimetrías económicas y sociales entre los tres países.

Me lo explicó con franqueza la representante de la entonces Comunidad Económica Europea que vino a compartirnos su experiencia en 1991: “España, Portugal, Grecia e Irlanda obtuvieron libertad de movimiento de personas y compromisos de apoyos compensatorios de cohesión social porque a los miembros de la Comunidad les interesaba que se incorporaran por motivos políticos al capitalismo europeo”. Igual habría de suceder más tarde con la integración de Europa del Este tras el colapso soviético.

“En el caso del TLCAN” me advirtió, “es México el que está tocando insistentemente a la puerta de los EUA. Ya hizo antes unilateralmente todas las concesiones comerciales. Hay poco que negociar, salvo el petróleo que ustedes están excluyendo por razones constitucionales comprensibles. La falta de un Senado independiente, creíble, tampoco les ayuda”.
 
Durante las negociaciones del TPP fue clara la desventaja de México. Nuestro gobierno se subió a un tren en marcha para acompañar a los EUA en su disputa geopolítica con China y no quedarse fuera de un nuevo tratado que sustituiría y ampliaría la cobertura del TLCAN, sobre todo en el sector servicios. En esas negociaciones el Senado de los EUA precisó muy bien los pros vía legal, los objetivos y los límites del Ejecutivo desde 2009 . Lamentablemente el Ejecutivo y el Senado mexicanos nunca aprobaron un documento equivalente.

La llegada de Trump a la presidencia tumbó el TPP y amenazaba torpedear al TLCAN, siguiendo las cambiantes declaraciones de Trump y sus asesores.

Ahora, tras la publicación el 17 de julio de los objetivos que busca la Oficina del Representante Comercial en la renegociación, tenemos un listado más preciso (siempre sujeto a los caprichos de Trump).

No huele nada bien: insiste en reducir a toda costa el déficit comercial de los EUA con México, tal como lo intentó con China la semana pasada; supone la inclusión del sector energético, y, peor aún, pretende revivir todos los capítulos más polémicos del TPP –sobre propiedad intelectual, comercio digital, sector farmacéutico–; eliminar el capítulo 21 sobre solución de controversias y fortalecer las restricciones para emprender a nivel federal, estatal y local medidas para promover su desarrollo agropecuario e industrial, prácticas que están atrás del éxito de China y otros países asiáticos.

Incluso propone mecanismos para coordinar políticas de tipo de cambio y evitar manipulaciones que den ventajas competitivas. Mientras tanto EUA mantiene sus subsidios y requisitos de contenido nacional “por razones de seguridad nacional”. ¿Vamos a hipotecar nuestro futuro otra vez?

Están por iniciarse las negociaciones para “modernizar” el TLCAN, que Trump calificó como el peor tratado jamás firmado para los intereses de los EUA. Otra de sus grandes mentiras. Si algún país se benefició en un tratado en que hubo sectores perdedores y ganadores fue el suyo. Los mismos estudios y argumentos presentados por instituciones, empresarios y políticos de los EUA muestran que su país y sus ciudadanos tendrían mucho que perder si abandonaran el TLCAN.

El hecho de que hayan tenido y mantengan un déficit comercial con México es engañoso. Los ingresos de los EUA son enormes por exportaciones de granos subsidiados, productos agropecuarios e industriales de todo tipo y por tecnología y servicios. Las utilidades obtenidas por las empresas de los EUA y otros pagos de los factores, aunque se hagan a paraísos fiscales y no directamente a las matrices, son muy significativos.

México ha tenido en la última década un superavit comercial con los EUA gracias al petróleo y la industria automotriz y de autopartes, pero, al paso que vamos, con la destrucción de Pemex, la caída en el volumen y el precio de nuestras exportaciones de crudo y nuestra creciente dependencia de importaciones de gasolinas, gas y productos petroquímicos de los EUA, las cosas están cambiando.

La mano de obra barata mexicana, incorporada en los monitores de televisión, en los automóviles y otros productos que exportamos, benefician a sus consumidores y a sus empresas y seguirá dando un respiro a los consumidores de los EUA en el agro, la industria de la construcción y servicios de todo tipo, que no podrían subsistir sin la concurrencia de inmigrantes de México, Centroamérica y otros países.

México tiene que advocar sus objetivos de crecimiento agropecuario, industrial y en los servicios y las medidas que requiere para lograr mayores inversiones, empleos, salarios remuneradores y desarrollo sostenible e incluyente, con mayor valor agregado nacional y una balanza comercial equilibrada y diversificada.

El Gobierno mexicano sigue en falta, como señalaran el domingo pasado en Reforma Carlos Heredia y Susana Chacón. No hay objetivos explícitos en la negociación que promover o defender. Al ejecutivo no le interesa precisarlos. El legislativo de oposición despierta tarde, al cuarto para las 12. Los empresarios se pliegan. Los partidos políticos y los sindicatos callan.

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