Opinión

México de mis recuerdos

 
1
 

 

Chabelo.

Se nos va, don Gil, se nos va, dijeron los empleados domésticos que le hacen la vida menos difícil a Gamés. Se referían a la noticia bomba del día: en el mes de diciembre de 2015, Xavier López, Chabelo, transmitirá por última vez En familia, el programa matutino de los domingos que han visto cinco generaciones de mexicanos, mexicanas y mexicanes.

Gil abandonó el mullido sillón y cantó: “Yo soy Chabelo, amigo de todos los niños.

Y digo versitos y canto canciones y doy consejitos. Jugaré, reiré y quizá hasta lloraré, pero siempre contento en este programa de tú; no, de me, bueno, ya se me olvidó”. Las mandíbulas de los empleados cayeron ante el conocimiento profundo de Gilga del espíritu de la era de Chabelo. ¿Habrá ensayos en el Colegio de México sobre Chabelo?

En ese México, los niños no tenían que aprender a leer a los seis o siete años (cierto, en este México tampoco), sencillamente podían alargar un poco el tiempo hasta los diez; el bullying no era una obsesión, el propio Chabelo regañaba niños y niñas en vivo y a todo color, en cambio ahora los miras y recibes un citatorio de la máxima autoridad; en ese tiempo, Gilga depositaba a sus gamesitos frente a la televisión el domingo a las 8 y media de la mañana aun sabiendo que les ocasionaría un severo daño psicológico y ahí se los encargaba a Chabelo: hasta luego, amigos. Fue así como antes de sumar, los gamesitos sabían catafixiar sus juguetes.

Esos fueron los días

Lectora, lector, piénsenlo bien, un México desaparece y los fantasmas acuden a la cita. Aquí la ceremonia de los adioses: Fidel Velázquez, desaparecido (Gamboa Pascoe existe, pero como si se hubiera ido al último viaje); Rodríguez Alcaine pasó a retirarse en plenitud de facultades a los 86 años; hace mucho tiempo se despidió Jongitud Barrios; Zabludovsky dijo adiós para siempre; Azcárraga Milmo se desvaneció en altamar; Elba Esther Gordillo padece, según una legión de médicos, de doce aneurismas; Víctor Flores Olea escribe el mismo artículo desde hace 25 años y Porfirio Muñoz Ledo también; La Quina platica con Fernando Benítez en el más allá; por cierto, oiga don Romero Deschamps, como para cuándo disponemos del sindicato petrolero, dicho sea esto sin afán de ofender ni, mucho menos, molestar su devastadora energía.

Bien a mal, de ese México sólo nos quedaba Chabelo, que seguirá entre nosotros, pero sin pantalla será como si se hubiera ido para siempre.

Helas! En un buque de la memoria todos ellos dicen adiós desde cubierta: México de mis recuerdos. No se lo tomen a mal a Gamés, pero no extraña a los personajes de ese México autoritario, cerrado, con todos sus periódicos al servicio del gobierno, unos sindicatos ladrones repletos de prebendas y privilegios, una televisión soldado del PRI, una cultura de unos cuantos. No vayamos a empezar con que todo sigue igual porque no todo sigue igual. ¿Estamos? En homenaje a Chabelo, Gil sintonizará el último programa de En familia para ver la despedida del niño de ochenta años y ver el concurso del adiós: el que se enharine la cara más rápido ganará cuatro pesos. La verdad sea dicha (muletilla patrocinada por Liópez y Morena), Gamés piensa que Chabelo es inmortal, la eternidad es lo suyo.

Música

Los espíritus refinados dirán que el paladar de Gilga se ha escaldado y quizá tengan razón. Por este poderoso motivo, Gamés no asistió al concierto que el músico Philip Glass ofreció en el Museo Nacional de Antropología. La música de Glass le da miedo a Gil. Usted oye The Hours y se convence a los tres minutos de que su vida ha llegado al final.

Mil quinientas personas ofrecieron su corazón al fuego de las tremendas notas de Philip Glass acompañado por pianistas de fuste y fusta.

Secretarios de Estado, gobernadores, empresarios y amigos del Museo se dejaron arrebatar por Metamorphosis/2. Pianistas que Gilga conoce bien interpretaron obras no necesariamente póstumas de Glass: Timo Andrés, Aaron Diehl, Jenny Lin, Maki Namekawa hicieron de las suyas y de las de otros. Aquello fue apoteósico.

La música de Glass le gusta a Gil, el problema es que siente algo como no sé qué. De una cosa está seguro Gil, si Glass vive dentro de diez años y viene a México, Gilga no asistirá, sus nervios no están armados para semejante fuerza artística. Dicen los que asistieron que todo estuvo muy bonito. En fon.

La máxima de Víctor Hugo espetó dentro del ático de las frases célebres: “El recuerdo es vecino del remordimiento”.

Gil s’en va

Twitter:@GilGamesX

También te puede interesar:

La comedia que ha comenzado

Inverosímil

Sin sombra de duda