Opinión

México: cultura y balazos (primera parte)

 
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Lo diga en Monterrey, Puebla, Mérida o Ciudad de México, saltan a mi yugular cada vez que me escuchan: el bajo nivel educativo así como la corrupción, tienen un importante componente cultural. Inmediatamente reviran: eso es falso, el problema es institucional; dices eso por ser servidor público y tienes que defender al presidente Peña Nieto.

El problema se origina debido a que hay decenas de definiciones de cultura y es imposible discutir si dos personas hablan de cosas distintas cuando creen que se refieren al mismo término. La discusión sobre cultura es inacabable. Los institucionalistas y los ignorantes, dice mi amigo David Konzevik, creen que la palabra cultura es un estigma. La escuchan y corren porque creen que es lepra, y como si fueran Göring, están dispuestos a sacar el revólver y disparar cada vez que alguien la menciona.

¿Por qué nos cuesta tanto aceptar la incidencia de la cultura en la forma que nos organizamos, pensamos o actuamos? ¿A qué le tememos? La cultura no está escrita en piedra, es un proceso en constante cambio y mutación.

En México se culpa al gobierno por el bajo nivel educativo: gasta mal; no pone orden; existe un alto nivel de corrupción; es el único culpable.

Veamos entonces, ¿qué sucede en Estados Unidos? En 2012, el Pew Research Center, un centro de estudios independiente de Washington DC, dio a conocer un reporte titulado “The Rise of Asian Americans”. Pew encontró que los asiático-americanos tienen el mayor ingreso doméstico y el más alto nivel educativo de todo Estados Unidos: 50 por ciento de los mayores de 25 años posee un título universitario frente al 31 por ciento de los blancos, 18 por ciento de los afroamericanos y sólo 13 por ciento de los latinos, mexicans included.

Los asiáticos, dice Pew, favorecen una cultura que privilegia el trabajo duro, el éxito en las carreras, el matrimonio y la paternidad. Entre los chinos, coreanos o vietnamitas, las familias destinan una mayor proporción de sus ingresos a las actividades académicas de sus hijos que sus pares sajones. Las nuevas generaciones de chinos, coreanos y vietnamitas, incluidos los niños que llegaron de pequeños a Estados Unidos, consideran de manera unánime que la educación es esencial: la secundaria es obligatoria, la universidad una expectativa a cumplir, y un título avanzado, clave para el éxito.

Es un asunto de perspectivas profundas, de modos de mirar culturalmente el mundo con prismas distintos. Una madre asiática que ve a su hijo obtener notas A en sus exámenes estará frustrada y desilusionada, si en comparación, su sobrino tiene A+. Los asiáticos compiten de manera horizontal, se miden uno contra otros en la misma categoría etaria o social; en cambio los latinos se comparan de manera vertical, los padres se sentirán satisfechos si el hijo consiguió egresar de la universidad, mientras que ellos sólo tienen un título de secundaria.

Ante las mismas condiciones de inicio, inmigrantes de bajo, medio o alto nivel, los asiáticos aprovechan al máximo la educación en Estados Unidos y generalmente sobresalen. ¿A quién culparán nuestros expertos mexicanos de esta realidad? El problema no es sólo de instituciones, es de cultura.

Debemos tener la capacidad de aceptar que la cultura sí influye, es dinámica y debemos movernos con flexibilidad para mejorar. Y no culpar de todos nuestros males a la falta de instituciones.

Twitter: @JaqueRogozinski

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