Opinión

México, arrastrado por la FIFA

    
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FIFA

Inevitablemente, la investigación sobre corrupción en la FIFA tocó a México. Para bien y para mal. Una parte del negocio de casi cinco mil millones de dólares anuales cruza por la Confederación de Futbol del Norte, Centroamérica y el Caribe (Concacaf), cuyos principales directivos se encuentran presos o sujetos de juicio por haber recibido millones de dólares en sobornos durante 24 años. Empresas mexicanas y funcionarios de la Federación Mexicana de Futbol (FMF) están inmiscuidos en el fraude. Pero hasta ahora, víctimas de las corruptelas, no cómplices, en este escándalo paradigmático en el deporte más popular del mundo.

El esquema de corrupción investigado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos tenía la siguiente mecánica: directivos de la Concacaf vendían los derechos de televisión y mercadeo de la Copa del Mundo, la Copa de Oro, las eliminatorias de los Juegos Olímpicos y otros juegos internacionales, a compañías privadas en Brasil y Estados Unidos, que les entregaban sobornos por los contratos. Luego, revendían los derechos de transmisión de radio y televisión, de publicidad, patrocinios, licencia y mercadeo, a las televisoras y patrocinadores interesados. Televisa, Telcel, Tecate y Modelo, entre otras empresas mexicanas, se encuentran revolcadas, y por ahora son un grupo más de las timadas por quienes pensaban sus interlocutores.

Ningún nombre de individuo, funcionario o empresa mexicanos aparece en el voluminoso expediente dado a conocer por el Departamento de Justicia. Sin embargo, en varios legajos de la acusación en una Corte Federal en Brooklyn, México aparece en una posición relevante dentro del esquema de corrupción por ser, junto con Estados Unidos, los mercados más grandes del continente. Por ejemplo, en la acusación contra José Hawilla, el empresario brasileño que fundó a principios de los 90 una empresa de mercadeo deportivo multinacional con sede en Sao Paulo, Traffic Sports International, se establece que cuando la Confederación de Futbol de América del Sur amplió a esas dos naciones la membresía a la Copa América, la participación de sus selecciones aumentó sus ingresos 20 por ciento, correspondiente también al porcentaje de sobornos adicionales para los directivos de la Concacaf.

No se establece si dentro del esquema de corrupción participaron funcionarios de la FMF, pero el expediente habla de cuando menos dos presidentes de federaciones de la región –sin especificar nacionalidades o años–, que participaron de los beneficios de los sobornos. La empresa de Hawilla se expandió una década después a Estados Unidos, donde creó Traffic Sports USA, encabezada por Aaron Davidson -un ciudadano estadounidense de doble nacionalidad porque su madre es mexicana-, detenido en Miami, donde vive, el miércoles.

Davidson participó profusamente de la corrupción en la Concacaf, quien entre otras cosas negoció –y pagó sobornos– para obtener los contratos exclusivos mundiales de la Copa de Oro 2013. Davidson trabajó cerca de Justino Compeán, quien la semana pasada renunció súbitamente a la FMF, y quien apenas en diciembre fue testigo de un acuerdo de patrocinio de la Liga de Campeones de la Concacaf de Traffic Sports USA con Scotiabank. Compeán siempre prefirió que México jugara en Estados Unidos que en territorio nacional, por las ganancias que le dejaban a la Federación. El nombre de Compeán no aparece en el expediente, y los esfuerzos por hablar con él, actualmente en Suiza en la reunión de la FIFA, que será su último evento protocolar, fueron infructuosos. Tampoco aparece el nombre del banco canadiense.

Los derechos exclusivos de televisión del seleccionado mexicano en Estados Unidos los tenía Soccer United Marketing (SUM), que es el arma comercial de la liga de futbol en esa nación, y que necesariamente tuvo que tener relación comercial con Traffic Sports USA. Su nombre o el de sus ejecutivos no figura en el expediente judicial. Los únicos nombres identificados son el de las 14 personas convictas o procesadas. Pero hay más de 21 personas no identificadas por nombres a quienes se identifica como co-conspiradores.

En la acusación en la Corte Federal de Brooklyn se registra el compromiso en 2000 del entonces presidente de la Concacaf, Jack Warner, con funcionarios sudafricanos, con quienes tenía una vieja relación porque les estaba ayudando a obtener la sede de una Copa Mundial –finalmente se dio con su voto para 2010, a cambio de diez millones de dólares–, para que selecciones de esa región jugaran con equipos africanos. Ese año sólo México jugó contra Sudáfrica en el Cotton Bowl de Dallas, en tiempos donde se dio la transición en la presidencia de la FMF de Enrique Borja y Alberto de la Torre.

Una de las personas que más información aportó al expediente, por su alto grado de vinculación en la corrupción, fue el estadounidense Charles Blazer, exsecretario general de la Concacaf. En la acusación contra Blazer, se apunta que en 1991 le encargaron promover la Copa de Oro y negociar los contratos para vender los derechos de televisión y mercadeo del torneo. “A nombre de la Concacaf, Blazer se puso en contacto con una compañía de medios con base en México”, dice la fiscalía neoyorquina.

Esa empresa era Televisa, y aunque en la acusación el contexto es el de los sobornos, no se aclara si la cadena mexicana pagó por los derechos de transmisión. Televisa, como todos los agentes económicos involucrados en el arranque de este escándalo, guardó silencio. En todo caso, apenas comienza el desmantelamiento de esta añeja y poderosa red de corrupción en el futbol mundial, que abrirá los ostiones más cerrados.

Twitter: @rivapa

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