Opinión

México ante las elecciones de los EUA y el futuro de nuestras relaciones

 
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Hillary Clinton

Las próximas elecciones en los EUA serán sin duda un parteaguas para ese país, el mundo y México. Por ello es crucial analizar los posibles escenarios, sus implicaciones para México y las acciones responsables a poner en marcha ahora y a partir del 2017 por parte de la sociedad mexicana, ya sea que Hillary Clinton o Donald Trump llegue a la presidencia.

Eso hicimos el sábado pasado en el Centro Tepoztlán Víctor Urquidi AC en una excelente reunión de reflexión y diálogo. La embajadora y académica del ITAM Olga Pellicer, el especialista del CIDE, Carlos Bravo, la investigadora del Club de Roma, Susana Chacón, e incluso el ex embajador de México en los EUA, Miguel Basáñez, de regreso en la academia de los EUA, expusieron los diversos ángulos de este polémico tema y entablaron un diálogo con más de 40 asociados e invitados de primer nivel y gran diversidad ideológica y disciplinaria, conocedores de la realidad de nuestro vecino del norte y de la política exterior mexicana.

Una primera conclusión fue que tras las convenciones de los republicanos y lo que está en juego en la fase final de la batalla política es bastante más serio de lo que hemos podido ver a lo largo de los últimos 50 años. Las actuales campañas nos han permitido ver el despertar de una serie de desencantos, rupturas y reclamos de cambio en el tejido político, económico y social de los EUA, que se han venido acumulando en las últimas dos décadas y que las personalidades carismáticas de Trump, Sanders y en menor medida de Hillary, más tradicional pero experimentada y a fin de cuentas la primera mujer con posibilidades reales de llegar a la Presidencia, han activado.

2ª Tras de los últimos traspiés de Trump, el desafecto de muchos líderes republicanos y su caída en las encuestas, la candidatura de Hillary parece avanzar con paso más firme- con 8 puntos por delante, apoyada por las fuerzas unidas del partido demócrata y minorías importantes como la afroamericana y la hispana. La mayor parte de las mujeres se identifican con ella. Sin embargo cualquier cosa puede suceder en los próximos meses pues los problemas de base de la sociedad de los EUA: el desempleo de trabajadores por las relocalizaciones de empresas en el extranjero, la falta de oportunidades de avance, la creciente desigualad del ingreso, siguen intactos y Trump ha logrado desencadenar rencores y prejuicios ancestrales contra los inmigrantes y extranjeros y países de origen de esos supuestos agravios: China, México, “los musulmanes”.

3ª Trump no es un motor sino un resultado o un catalizador de cambios estructurales que han ocurrido dentro de la sociedad de los EUA. Los blancos que lo han apoyado saben que ya no van a ser mayoría en tres décadas y se sienten perdedores de la globalización. Se han modificado radicalmente las alianzas dentro el partido republicano, como también está ocurriendo en el Partido Demócrata. Se espera que Sanders y los jóvenes y clases medias ilustradas que lo apoyaron, se integren al voto demócrata. Es posible que no se identifiquen con Hillary ; el reto es llevarlos a votar contra Trump.

4ª Se habla mucho de los 36 millones de población de origen mexicana y la posibilidad de movilizarlos a través de nuestros consulados, pero no se entienden su verdadera naturaleza y diferenciación. Hay 30 millones de legales: una parte de ellos ciudadanos de varias generaciones en los EUA, que pueden votar, pero no se sienten necesariamente ligados a México y su gobierno. Otros que tienen permisos de trabajo y la posibilidad de adquirir la ciudadanía. En ambos casos su apuesta es por un mejor futuro. Lograr mayor cohesión en torno a un objetivo común sería conveniente, como en el caso de la comunidad judía, pero no tienen la misma cohesión; es una tarea de largo plazo, que difícilmente se puede lograr desde afuera. Son las propias comunidades- muy distintas de un estado a otro, de una ciudad a otra- y sus asociaciones y líderes a quienes corresponde emprender la tarea.

Adicionalmente hay 6 millones de trabajadores indocumentados muy vulnerables. La administración Obama ha deportado a 2 millones. Les preocupa su trabajo, la falta de acceso a la salud y la educación y el futuro de sus familias, incluyendo la amenaza de la construcción del muro. El viernes pasado en su primer anuncio oficial en TV, Trump acusa a Hillary de querer permitir un fraude al permitir “que se queden inmigrantes ilegales condenados por crímenes” frente a ”la América segura de Donald Trump que mantendrá fuera de sus fronteras a terroristas y a peligrosos criminales”. Aun si el muro se queda en amenaza, la reforma migratoria que de nuevo ha prometido Hillary, requeriría que los demócratas lograran el control del Senado y de la Cámara de Representantes; “lo primero es posible, lo segundo muy improbable”, señaló Olga Pellicer.

5ª El otro gran tema a debate ha sido el económico y particularmente el del libre comercio y las inversiones en el exterior: El TLCAN y el TPP (en menor medida su equivalente del Atlántico con Europa). Tanto los fieles de Trump, como los de Sanders han mostrado su rechazo a ambos y su voluntad de dejar el TLCAN si no se puede ajustar a los intereses de los EUA, de preservar los empleos y las inversiones locales y defender el mercado interno de las importaciones “ruinosas” procedentes de China, México y en menor medida de otros países de salarios bajos.

Las bases del debate son débiles. Los EUA se han beneficiado como inversionistas y consumidores y una parte importante de los impactos en el empleo se deben al cambio tecnológico y a políticas Internas fallidas. No podrían revertir los acuerdos sin afectar sus propios intereses y provocar medidas en reciprocidad de los países afectados.

Pero no hay duda que el proteccionismo está de regreso y el concepto tantas veces argumentado de la construcción de una plataforma conjunta competitiva de América del Norte, se vuelve más improbable que nunca. Imponer impuestos a las importaciones de vehículos producidos en México resultaría lesivo para sus propios consumidores-y afectaría sus flujos de inversión a México.

Quizás, “no hay mal que por bien no venga”. Es posible que una acción proteccionista desatara un nuevo accionar del gobierno mexicano que ha sido crecientemente sumiso a los intereses de nuestros vecinos y poco ha logrado a cambio en términos de crecimiento y empleo. Pero siempre es posible que en el corto plazo los intereses económicos nacionales fueran lesionados –incluyendo los de los trabajadores. En la reunión se dieron opiniones encontradas respecto a La actitud que adoptaría Hillary una vez electa Presidenta, ya que ella respaldó el TPP por sus beneficios para las grandes empresas de los EUA; sin embargo, los términos del debate han cambiado y el libre comercio ha perdido respaldo, incluso en los países ricos.

Ante estos y otros retos hubo consenso en que ha habido un descuido en el estudio y en la política exterior respecto a los EUA por parte del Gobierno y de las elites políticas mexicanas - incluyendo a la academia- y que no ha existido la masa crítica, ni la voluntad de diseñar los escenarios necesarios para dialogar y establecer una relación eficazmente ajustada a nuestros intereses con quien gobierne los EUA, llegue quien llegue.

Es urgente revertir esa situación. El estancamiento económico, el desencanto político, la crisis social y de seguridad y confianza en nuestro país tienen que ser superados. Para ello México necesita un nuevo proyecto de nación- o cuando menos un plan de acción con visión de mediano y largo plazo, insertado en el contexto global. En ese proyecto nuestra relación política, económica, social y cultural con los EUA juega un papel crucial.

No solo es nuestro poderoso vecino la primera potencia económica y militar global. Es la principal fuente de nuestras importaciones, inversión extranjera, turismo, remesas y tecnología y el destino más importante de nuestras exportaciones y migraciones. Para bien y para mal es factor clave de nuestra evolución política, económica y cultural. Agricultura e industria, economía subterránea y los diversos flujos de ingresos ilegales se encuentran directamente relacionados con su evolución.

La seguridad nacional exige analizar permanentemente y con objetividad lo que ahí sucede y explorar sus implicaciones futuras y acciones a seguir. Ello podría comenzar por foros inmediatos de la sociedad civil organizada y un esfuerzo académico institucional permanente.

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