Opinión

México a contracorriente

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El presidente nacional del PAN, Ricardo Anaya, exigió al gobierno federal replantear la investigación del caso Ayotzinapa. (Cuartoscuro)

En días pasados recientes, la Facultad de Economía de la UNAM, organizó un merecido homenaje a uno de los más distinguidos historiadores económicos mexicanos, Enrique Semo.

El homenaje consistió en una serie de conferencias, dictadas por especialistas en temas relacionados con las experiencias actuales latinoamericanos que se han caracterizado por la búsqueda de derroteros politicos heterodoxos en búsqueda de la solución más anhelada en la region, al menos por los que aspiramos a una sociedad más justa, que es la desigualdad. Así, se examinaron los casos de Bolivia, de Ecuador, de Argentina y de México.

El caso de México estuvo, precisamente, a cargo del Dr. Enrique Semo. El título de la conferencia fue “México a contracorriente”. El solo título supone, de entrada, una visión alternativa ya que, como todos sabemos, México ha transitado, en los últimos 35 años, a favor de la corriente ortodoxa del pensamiento político, económico y social y a contracorriente de los que, más o menos en el mismo periodo, otros países latinoamericanos han hecho.

Sin embargo el asunto de es si a favor de una corriente de pensamiento o lo contrario, puede resultar en una discusión bizantina que, por lo general, conduce a callejones cerrados. Lo más importante, creo yo, es que ha ocurrido con las sociedades en las que se han aplicado uno u otra receta.

En el caso de México, el tema ha sido bastante estudiado y documentado. Sin embargo, lo más interesante es que a pesar de la abrumadora evidencia que demuestra que lo ocurrido se distancia cada vez más de lo ofrecido, los gobiernos en turno, de partidos diferentes, y también en los distintos niveles de gobierno, insisten en continuar con el así llamado modelo neoliberal. Pero, lo más sorprendente, y en todo caso, desalentador, es que la mayoría de la población, entre la que se cuenta los que han sido perjudicados por el modelo de desarrollo implantado y practicado, votan y apoyan su continuidad. Ir a favor de la corriente, con todo y lo que ha significado de desventaja para la mayoría de la población que es pobre, no ha logrado transformer las conciencias de esa misma mayoría de ciudadanos. La mayoría de los votantes siguen apoyando al PRI o al PAN que explícitamente dicen que van a hacer cosas que no ayudarán. El caso de la reforma energética es tal vez el ejemplo más destacado. Desde su campaña Enrique Peña Nieto anunció que privatizaría a la Mexicana el petróleo y la electricidad, y recibió el apoyo mayoritario de los votantes, en un ejercicio electoral bastante concurrido. Así que tal vez no es demasiado aventurado afirmar que México navega a favor de la corriente ortodoxa de la práctica política, apoyado por una población que, por omisión, y tal vez más por commisión, así lo considera adecuado. Por so no es extraño que como se hizo a inicios de este año, el presupuesto haya sido recortado de manera importante, lo será mucho más el año próximo, y nadie dice nada y protesta, excepto los empresarios que piden recorte a las tasas impositivas y aumento en los conceptos de deducción de impuestos.

Los países que van a contracorriente de la ortodoxia han establecido, sin duda, una vía alternative al capitalismo que profundiza la desigualdad y logra resultados económicos que mantienen el estatus quo marcado por el subdesarrollo que no ofrece alternativas más que para los más ricos. Como otros lo han puesto, estabiliza la macroeconómica de la pobrezay el empleo/desempleo con salaries indecentes. Así, Nicaragua, Bolivia, Venezuela, Argentina, Brasil, Uruguay, Ecuador, Cuba y otros, han ensayado modelos alternativos. Van a contracorriente.

La historia de esas experiencias es grosso modo alentadora y con claro oscuros. Falso sería afirmar que en sus derroteros han estado ausentes ataques externos a su existencia, y yerros internos. Los países centrales han insistido en lo inconveniente que resulta que países como la Agentina tome decisiones importantes y valientes respecto del manejo de su deuda externa y, eventualmente, nacionalice sectores de la economía que considera estratégicos. Del mismo modo que, por ejemplo que el gobierno venezolano, desde Chávez hasta Maduro, hayan hecho un manejo tan irresponsable de las finanzas públicas y la política económica de suerte tal que los pobre de Venezuela, objetivo principal de los gobiernos “revolucionarios” son hoy las principals víctimas de la inflación, el desempleo, la violencia y el desabasto, en mucho generados por las erróneas decisiones adoptadas desde el gobierno. Por ejemplo, la multitud de tasas de cambio establecidas han sido la vía official para que funcionarios del gobierno hagan pingues negocios junto con los perennes especuladores del comercio. Así que ser de la contracorriente tampoco ha asegurado per se la solución de los problemas de la región latinoamericana y caribeña.

Lo que en todo caso si parece ir a contracorriente, ya sea en los países que tienen gobiernos ortodoxos o heterodoxos, es que la población, de manera muy particular expresa su sentir de contracorriente. En México, por ejemplo, luchando por la defensa de los derechos humanos, en otros lugares como Brasil, en contra de la inmensa corrupción, en Ecuador por los intentos de institucionalizar permanencias indefinidas en el poder.

Lo que resulta, finalmente, es que más conviene ir a contracorriente de la ortodoxia, asumiendo y corrigiendo los errores, que vivir en favor de la ortodoxia que arruina y degrada. Basta con mirar hoy a México.

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