Opinión

Mercado interno

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Economía

Desde hace tiempo, una explicación del por qué no crece la economía mexicana es el mercado interno. Dicen que el sector externo funciona bien, pero el interno no, y por eso no crecemos. Esta explicación, sin embargo, tiene problemas.

La economía mexicana es muy abierta desde hace poco más de veinte años, de forma que se pueden exportar e importar bienes sin demasiadas dificultades. En consecuencia, si los mexicanos quieren comprar más cosas, pero resulta que las que aquí se fabrican no son de su agrado, acaban comprando al exterior. En Brasil eso no ocurre, de manera que su mercado interno existe porque no tienen acceso al exterior. Por eso pagan 30 por ciento más por un auto, comparado con México. Y Brasil no tiene una economía más dinámica que nosotros. Parecía tenerla cuando vendía hierro y soya a China, y cuando Petrobras parecía un milagro. Ya nada de eso ocurre, y están mucho peor que nosotros. E, insisto, con ingreso por habitante inferior al nuestro y con más desigualdad que nosotros.

Para que el mercado interno funcione lo que se necesita no es que haya más demanda, sino que la oferta sea competitiva. En las condiciones actuales, si por alguna razón milagrosa los mexicanos tuviesen más dinero, acabarían comprando una mayor proporción de importaciones. Como ya vimos en esta semana, producimos equipo de transporte de manera muy competitiva. No se vende más en el interior porque desde hace años se les ocurrió permitir el ingreso de autos chatarra de Estados Unidos. La mitad de los hogares en México tiene hoy un auto, pero una proporción elevada es de estos autos llamados “chocolate”. Una medida política, que después ya no han podido corregir. En textiles ocurrió algo parecido, con el contrabando, y en menor medida en cuero y calzado.

¿Qué otra cosa podría moverse en el famoso mercado interno? El comercio no ha tenido un mal comportamiento. El promedio de crecimiento del sector es de 4.4 por ciento en los últimos 21 años, con todo y las crisis. El de la economía en su conjunto es de 2.5 por ciento. ¿Educación y salud? El gobierno controla más del 80 por ciento de ambos sectores, que financia con los impuestos que no recauda. ¿Construcción, inmobiliario? Son los llamados “no comerciables”, bienes en los que no existe competencia externa, y por lo mismo evidencia clara de la falta de competitividad. Además, en los últimos siete años ha habido una creciente inversión mexicana en el sur de Estados Unidos. No sé cuánto, pero seguramente cantidades que acá no caerían mal.

Vea usted: en manufacturas no vendemos más por no cumplir la ley, sea por permitir la entrada de autos chocolate o por el contrabando. En educación y salud, no hay más valor agregado porque no hay impuestos para financiar el 80 por ciento del gasto, que se hace a través del Estado. En construcción e inmobiliarios, el crecimiento es limitado, aunque la destrucción urbana es evidente. Es decir, el problema del mercado interno no es económico, sino legal.

Lo mismo que se reclama del gobierno, corrupción y desprecio por la ley, es lo que explica el mal desempeño del mercado interno. Indudablemente, hay autoridades involucradas, pero hay también millones de mexicanos metidos: contrabando de ropa y calzado, introducción de autos, no pago de impuestos, sobornos para construir en donde no se puede, y de forma peligrosa, sin pagar seguridad social a los albañiles… usted sígale.

Sólo cumpliendo todos las leyes podemos esperar una economía dinámica. No es sólo seguridad, o ausencia de corrupción. Es todo.

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