Opinión

Mensaje de Estado

Dos meses se cumplieron la noche de ayer de los trágicos sucesos de Iguala con los jóvenes de Ayotzinapa. Dos meses en que el país se ha visto cimbrado por reclamos ciudadanos legítimos, hartazgo y rechazo a las autoridades, la aparición virulenta de grupos de choque y de anarquistas encapuchados, que han manchado la demanda auténtica de grupos y organizaciones. Dos meses en que la imagen del gobierno en el mundo ha pasado de la potencia transformadora y aperturista, a un régimen cuestionado por los derechos humanos, por la complicidad de autoridades, por la omisión de sus funcionarios.

Dos meses en que la imagen del presidente Peña Nieto ha sufrido descalabros y abolladuras, después de una productiva etapa de reformas.

El mensaje de hoy, lo hemos señalado en otras ocasiones, representa una oportunidad histórica para plantear lo que algunos llaman la refundación del contrato social. El presidente tendrá hoy la posibilidad de presentar a la nación una propuesta de acción inmediata y profunda para cambiar al país, no en lo económico o en lo estructural como ha venido sucediendo por los últimos 18 meses, sino en lo social, en la justicia y sus múltiples ramas, en los derechos humanos y en la seguridad de los mexicanos.

Algunos puntos que, a nuestro juicio, deberá incluir la propuesta y el anuncio que hoy haga el presidente:

• Reconstrucción total del aparato de justicia en México. Separación del Ministerio Público, independencia de la Procuraduría (Fiscalía General), rendición y transparencia en el trabajo de jueces y magistrados, sistemas abiertos, juicios orales, etcétera. Hay tanto qué hacer en esta materia.

• Reformulación de la seguridad municipal y estatal. Separación de las policías en los municipios, creación de mandos únicos, coordinación total con la Federación, respuesta y acción inmediata a casos locales y regionales.

• Sistema renovado y efectivo para la modernización y profesionalización de cuerpos policiacos; mejores sueldos, mejores perfiles, mayor entrenamiento.

• Aprobación legislativa de la nueva ley anticorrupción y su instalación efectiva inmediata, en comisiones, fiscales y tribunales. Enfrentar este fenómeno en México requiere de la acción total del Estado en su extensión completa, no de la retórica de partidos y funcionarios.

• Aplicación inmediata de la Comisión Nacional Anticorrupción: casos, investigaciones, detenidos, inhabilitaciones.

• Reconocimiento de errores y omisiones por parte del gobierno federal en el caso Iguala: reacción tardía, investigación incompleta, resultados pendientes.

• Reconocimiento de errores y omisiones en el caso Tlatlaya: aceptación frontal de la violación de derechos humanos, consignación –ya en curso– de los responsables y acciones para que no se repita.

• Reconocimiento y disculpa por la insultante propiedad de las Lomas (“casa blanca”) –en la familia presidencial– y la garantía de que no se repetirá en el futuro.

El presidente está obligado, por la grave situación de crispación en el país, a reconectar con la gente, a restablecer vínculos de cercanía, comunicación, confianza y gradual credibilidad que contribuyan a restituir su imagen y su liderazgo.

Si el mensaje no es convincente, si no existe un acto auténtico de expresión sensible por la situación que vive el país, si no se comprende que aunque la propiedad –donde aún faltan respuestas claras de la vinculación entre el contratista y la primera dama– resulta un agravio a un país de más de 50 millones de pobres, será difícil imaginar la recuperación de la credibilidad y la confianza.

Reconocer errores y fallas, es un principio de sencillez y de honestidad. Los políticos consideran con frecuencia como un signo de debilidad la aceptación de omisiones o de acciones tardías. En realidad es un acto básico de comunicación auténtica, franca, responsable, profesional. Un líder crece cuando acepta, escucha, reconoce, para actuar en consecuencia.

Esperemos que este sea el tono y la línea general del mensaje de hoy.

Twitter: @LKourchenko