Opinión

¿Medimos bien el PIB?

 
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¿Medimos bien el PIB?

En diversas ocasiones le he planteado en este espacio la inquietud que existe en México y en el mundo a propósito de si el PIB mide correctamente el desempeño de la economía.

Esa discusión alcanzó esta semana la portada del semanario The Economist.

El artículo de referencia comienza con una provocadora pregunta: ¿Qué preferiría usted: ser un monarca medieval o un oficinista contemporáneo?

Aunque un rey del medievo tenía ejércitos y siervos a su disposición; aunque vestía sedas y comía manjares, podía ser fatalmente atormentado por… un dolor de muelas, o morir rápidamente si contraía alguna enfermedad infecciosa.

Un oficinista actual no tiene ejércitos ni sirvientes, pero puede ir al dentista o tomar antibióticos si es contagiado por alguna enfermedad susceptible a ellos.

Aunque la comparación es llevada al extremo, sirve para ejemplificar que comparar niveles de vida en el tiempo puede ser complicado y a veces engañoso.

La medición del PIB no es un asunto académico. Buena parte de las políticas públicas de muchas naciones están orientadas a hacerlo crecer.

La medición del valor de lo que produce un país completo en un año es un asunto complejo.

El texto referido señala que uno de los problemas que existen en la medición es que, en términos generales, se supone una calidad constante a lo largo del tiempo en los productos o, más aún, de los servicios cuyo valor se mide.

Un ejemplo simple ilustra las paradojas: Si hay restaurantes que sirven menos platillos que otros pero más costosos, este hecho produciría un efecto depresivo en el PIB y un incremento de los precios, aun si esto implica mejor comida, con ingredientes más frescos y de mayor calidad.

Otro caso es el del comercio electrónico. Eventualmente, el desarrollo de esta actividad implica una mejoría en la calidad del servicio, pero también deprime el PIB porque ya no hay edificios y personas dedicadas al comercio físico.

Hay otros aspectos de la producción que no son valuados, como el trabajo doméstico o el capital intangible, como las habilidades, marcas, diseños, entre otros factores.

Quizá la medición del valor de la producción era relativamente fácil de establecer cuando sólo había producción primaria: se sabía cuántas toneladas de grano se producían o cuántas de minerales se extraían.

Tampoco parecía haber demasiadas dificultades cuando la medición era de productos manufacturados parecidos: tal cantidad de telas o tal producción de botellas.

El problema es mucho mayor cuando las economías empiezan a descansar más y más en el sector servicios, donde no hay bienes tangibles y donde la valuación monetaria no siempre es precisa.

Todavía hay quien piensa que el gobierno no genera riqueza. Una buena administración pública o un buen ambiente de seguridad, sin duda que generan bienes públicos y riqueza porque ésta no consta sólo de cosas, sino de satisfactores y estos elementos son parte de lo que requerimos como sociedad.

La discusión es relevante porque justamente la medición del desempeño económico es la que va a determinar cuáles son las políticas públicas que debemos impulsar y eso no es un asunto menor.

Twitter: @E_Q_

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