Opinión

Meade, ¿honesto para qué?

  
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José Antonio Meade secretario  de Hacienda y Crédito Público (SHCP). (cuartoscuro)

Creo que ya lo he dicho aquí. Vale la pena repetirlo. Hojeen la revista mexicana especializada en negocios de su predilección. La que sea. Las historias de los empresarios que ahí se retratan son tan, pero tan buenas, que parecen dignas de que en Harvard tomen apuntes. ¿Si tenemos esos hombres de negocios tan buenos, visionarios, creativos, osados… por qué tenemos una economía tan mala?

Ya sé, ya sé. Alguien dirá que a los empresarios (prohombres, y por ahí una que otra promujer) les toca la empresa, mientras que la economía es cosa del gobierno. Claro, eso dirán los que son estatistas cuando necesitan ser rescatados y libremercadistas cuando sus ganancias florecen. En fin.

El cuento viene a cuento por José Antonio Meade, nuevo secretario de Hacienda. Ah, cuánta flor ha llovido estos días luego de que Pepe (así le dicen sus amigos) volviera a la Secretaría de Hacienda.

Estos días se ha publicado que Meade no tiene “ni un milímetro de cola que le pisen” (López-Dóriga http://bit.ly/2cBWueH). O que poro por poro es puro (Mota http://bit.ly/2cWsVnG).

En Orfandad, el libro sobre su padre, Federico Reyes Heroles comparte anécdotas sobre don Jesús. Destaco una que cuenta que, retomando a Ruiz Cortines, si alguien decía que fulanito era inteligente, el tuxpeño contestaba “inteligente para qué”.

Demos por bueno que Meade es honesto. Sin problema. Pero, parafraseando a Reyes Heroles, ¿honesto para qué?

O dicho de otro modo, y ahora retomando lo de nuestras revistas de negocios, si Pepe es tan bueno tan bueno, y ha sido cinco veces secretario de Estado, cómo es que estamos tan mal tan mal.

Porque si fue tan buen canciller, cómo es que se descuidó tanto tanto la relación con Estados Unidos. Porque si fue tan buen secretario de Energía, cómo es que –en su calidad de cabeza de sector– no nos dijo que Pemex estaba como estaba, como lo encontró este gobierno, y cómo no se ha pronunciado sobre qué hacer con la exparaestatal antes de que termine por desaparecer heredándonos una deuda que, en parte, él dio por buena desde las oficinas calderonistas de Hacienda y Sener.

Si Meade es tan bueno tan bueno, cómo es que no pudo evitar que ese businessman disfrazado de diplomático llamado Andrés Roemer descargara sus ocurrencias en el consulado de San Francisco, cuando Pepe fue canciller, y cómo es posible que no evitara que ese señor fuera enviado a París como nuestro representante (zafo lo de nuestro, y es un decir lo de representante) en la UNESCO.

Finalmente, por qué a alguien tan honesto tan honesto como Meade le dio por defender el plagio del presidente Peña Nieto, tema que consideró “ocioso”, propio de una investigación a la que calificó de “frivolidad”. O sea, ¿la deshonestidad intelectual de Peña en su tesis de licenciatura no le incomoda al honesto Pepe?

Porque ese es el punto con Pepe, es honesto honesto, pero honesto para qué. Cuando el tema que se ha instalado en este sexenio es la corrupción, cuántas investigaciones recuerdan que Pepe haya iniciado en los lugares a los que le tocó llegar.

A cuántos hizo investigar en Energía o en Hacienda del sexenio de Felipe Calderón, o en la cancillería o en la Sedesol de Peña Nieto.

¿Será que cuando llega el honesto de Pepe se encuentra con cero indicios de corrupción? ¿O será que su honestidad es suya suya, pero no la pone al servicio de los ciudadanos?

Reitero. Cero problema con pensar que Pepe es honesto, siempre y cuando agreguemos lo que decía don Jesús: ¿honesto para qué?

Twitter: @SalCamarena

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