Opinión

Me quedo con Gurría más que con Lagarde

Esta semana estuvieron en México los más importantes directivos de dos organismos internacionales: José Ángel Gurría, secretario general de la OCDE, y Christine Lagarde, directora gerente del FMI.

Los dos aplaudieron las reformas emprendidas por México, pero sus enfoques fueron diferentes.

Lagarde se mostró “impresionada” por las reformas emprendidas por este gobierno; Gurría hizo recomendaciones para asegurar que se concreten exitosamente.

Quizá la óptica diferente de ellos puede ilustrar también el contraste entre opiniones de empresarios mexicanos y extranjeros.

Mientras los mexicanos hablamos del retraso en la confección de las leyes secundarias y de los mil problemas de la instrumentación de las reformas, los de fuera hablan de los cambios constitucionales, que consideran como los más importantes en 70 años.

¿Quién tiene la razón? ¿El que ve los árboles o quien ve el bosque?

A mi parecer, ni uno ni otro, o si se quiere, ambos. Pero, hay momentos para una cosa y otra.

Por andar contemplando el bosque nos podemos dar un frentazo con un árbol que “se nos atravesó”; o quizás, el no ver por dónde caminamos nos podría llevar a caernos en un precipicio, oculto por unas ramas.

No se puede ignorar el detalle, diciendo que sólo importa el gran cuadro de los cambios.

Sabemos, dolorosamente, que las reformas más ambiciosas han hecho agua en México debido al olvido de los puntos finos: aquello que José Ángel Gurría denominó esta semana, ejecución, ejecución y más ejecución.

¿Recuerda la privatización de la banca que iba a lograr que ahora sí creciera el crédito? ¿Se acuerda de la reforma al artículo 27 que iba a traer progreso al campo? ¿O tal vez la privatización de Telmex, que se hizo sin haber creado reguladores y reglas? No lo canso con más ejemplos de proyectos que se nos quedaron truncos o fallidos por sólo ver el bosque.

Pero tampoco podemos quedarnos viendo los árboles. Por más cambios eficaces que se produzcan, si no tienen una articulación, coherencia y dirección, pueden ser como andar rápido pero sin rumbo, al estilo del conejo blanco en Alicia en el País de las Maravillas, siempre con prisa pero sin dirección.

A diferencia de él, creo que tenemos orientación: reformas que mejoren la productividad de la economía mexicana en el largo plazo. Podrán no ser suficientes pero son consistentes y articuladas.

Pero, para que podamos caminar en esa dirección, y guiarnos en medio de ese bosque, hoy la prioridad es sortear correctamente los “árboles” que representan las leyes secundarias y las regulaciones.

Tenemos la disyuntiva de hacer cambios constitucionales que no funcionen, como fue la reforma al 27 que iba a modernizar el campo. Pero también podemos hacer cambios tan trascendentes como fue el TLC, que modificó la estructura productiva del país.

Bienvenidos los aplausos y admiración de Lagarde, pero me quedo con las recomendaciones de Gurría.

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