Opinión

Mayor gasto sería borrachera si no se rediseña

 
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Petroleo

Los problemas empresariales y los macroeconómicos que dejó ver la caída de los precios del petróleo son varios, pero sobre todo muy difíciles de enfrentar porque los márgenes para actuar son escasos y estrechos.

Como telón de fondo de las dificultades están el aumento de la deuda pública, la calificación que le den las agencias como Standard & Poor’s y la total dependencia del país de las divisas que vienen con las inversiones extranjeras.

¿Podría manejarse una política económica con objetivos distintos a los fiscales, como serían los sociales y los de crecimiento económico, aunque no se cumplimenten los criterios de endeudamiento de las agencias calificadoras?

El gobierno ha dicho que no, pero lo cierto es que hay enormes recursos ociosos en el país y la alternativa de movilizar esas capacidades con un presupuesto de ingresos y gastos públicos rediseñado para esos fines.

En trazos gruesos, la situación en el ámbito empresarial está dominada por el estancamiento industrial y la contención de inversiones, y del lado de la demanda por la disminución de exportaciones de manufacturas y la pérdida de fuerza del mercado interno que integran empleos y salarios a la baja.

En el espacio de las políticas públicas, la preocupación del Banxico
-cuyo mandato es contener la inflación- es que el peso siga depreciándose, lo cual encarece las importaciones y la deuda, eleva los precios internos y eventualmente puede causar fugas grandes de capitales. Por eso intenta detener la caída paritaria aumentando las tasas de interés.

La preocupación de la Secretaría de Hacienda es la deuda pública, por lo que se propone terminar 2017 con un superávit primario, para lo cual presentó un paquete de ingresos/gasto supuestamente austero, aunque no tanto, según lo ha analizado Valeria Moy en estas páginas (EL FINANCIERO 14/09/2016).

Por supuesto que la estrategia hacendaria de menor gasto será un freno adicional al crecimiento de las inversiones productivas, del empleo y del ingreso de las familias mexicanas.

La lógica económica aconseja que cuando se contrae la demanda privada -externa e interna- aumente el gasto público para que no decaiga la demanda general y el crecimiento se quede sin combustible.

Ese es un recurso que Estados Unidos utiliza, y que lo ha convertido en el país más endeudado del mundo; debe el equivalente al 104 por ciento de su PIB, a pesar de lo cual el dólar es una moneda fuerte.

Ya se sabe que lo que en el rico es fiesta, en el pobre es borrachera. El gobierno de Peña Nieto ha elevado la deuda pública desde el 43.17 por ciento del PIB con que cerró 2012, a 54 por ciento el año pasado, lo que explica la depreciación del peso, más que cualquier otro factor.

La economía globalizada obliga a una economía débil como la nuestra, a poner en el centro de la política económica la consolidación fiscal para tratar de evitar fuga de capitales y la especulación contra su moneda.

Por modesto que sea el crecimiento de nuestra economía, depende de importaciones que se pagan con la suma del valor de las exportaciones, de las remesas, del turismo, de las inversiones extranjeras y del endeudamiento externo.

Cualquiera de esos renglones que disminuya, si no puede ser compensado por otro semejante, reduce la bolsa de divisas con que se pagan las importaciones necesarias para el crecimiento económico, lo cual puede tener peores efectos que un gasto público disminuido.

La única alternativa es un gasto público diseñado para movilizar una enorme cantidad de recursos humanos, productivos y financieros que están desaprovechados, en parte por la corrupción, y que servirían para restablecer capacidades productivas, financieras y de consumo nacionales.

Para ello se requiere una política económica que, en vez de depender de inversiones extranjeras, lo hiciera de una alianza entre una burocracia bien preparada, eficaz, y el empresario nacionalista. Algo como lo que relata Mauricio de María y Campos en este diario, que hizo de Corea del Sur una potencia. (EL FINANCIERO 04/10/2016).

La publicación de esta columna se reanudará el 3 de noviembre.

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