Opinión

Matador Leo Valadez

 
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toros

Hoy que circula este diario, es uno de los días más importantes para un hombre de 20 años, nacido en Aguascalientes, que toreó por primera vez con tan sólo 7 años y que a los 12 cumplidos se fue becado a España (por ser de los alumnos más destacados de la Academia Taurina de Aguascalientes), a la Escuela Taurina de Arganda del Rey – Fundación El Juli; en 2012 logró ingresar becado (igualmente por ser de los alumnos más avanzados) al CITAR (Centro Internacional de Tauromaquia y Alto Rendimiento), en la provincia de Guadalajara, España, donde desde entonces lleva una estricta y apasionada formación como torero y como hombre.

Hoy, 10 de octubre, recibe el doctorado como matador de toros, de manos de un paisano suyo, Joselito Adame, un ejemplo a seguir para todos aquellos que sueñan con convertirse en figuras del toreo; como testigo actuará José Garrido, ante toros de la prestigiada ganadería de Fuente Ymbro, ni más ni menos que en la Feria del Pilar de Zaragoza, una de las más importantes del calendario taurino español, el último referente taurino de 2017 en Europa.

Esto no es una anécdota más, esta es una historia de un mexicano que, atesorando los valores de la tauromaquia, ha encaminado su vida al éxito. Nadie sabe lo que le depara el destino en términos de su carrera taurina. El toro, sus tiempos y circunstancias, son muy caprichosos, pero que este joven haya logrado a sus 20 años formarse como hombre y como profesional, es sin duda un ejemplo para los mexicanos, una historia de éxito, de las que estamos ávidos.

Este invierno en el que el matador Leo Valadez hará temporada en América, espero que los aficionados y profesionales de los toros sepamos aquilatar el enorme sacrificio que asumió el torero hace ocho años, cuando de adolescente, y sin estar consciente al 100% de lo que significaba, se alejó de su familia, aislándose de sus seres queridos, amigos y país, con el único afán de perseguir un sueño que parece muchas veces imposible: convertirse en figura del toreo.

Con esto no quiero decir que la afición sea condescendiente, Leo tiene capacidad sobrada y comprobada, no en balde el ascenso y los grandes logros que obtuvo en su etapa novilleril. Su debut se llevó a cabo en la plaza de Valencia, fue soñado, ha sido muy bien llevado, dando la cara en plazas importantes, de gran responsabilidad y en muchas ocasiones con la televisión. Se convirtió en el primer novillero mexicano en ganar el premio de mayor prestigio en el circuito taurino español para los novilleros: el Zapato de Oro de Arnedo. En Sevilla, donde se mide a los toreros por su concepto y torería, gustó (y mucho) el pasado mes de mayo, dando dos vueltas al ruedo.

En el ámbito taurino, algo que admiro del hoy flamante matador de toros es que pese a llevar una preparación desde hace ocho años en España, tiene personalidad propia, realiza el toreo con base en su sentimiento y eso se transporta a la personalidad e idiosincrasia mexicana; torea no bajo el cartabón de las escuelas hispanas, que si bien ayudan en la formación física y mental de los diestros, muchas veces forman toreros similares y sin personalidad.

Leo no intenta parecer mayor, o más maduro o cuajado y convertido en Maestro, Leo transmite frescura y alegría por vivir lo que su edad manifiesta, y por eso conecta con el público, no intenta ser lo que no es. La naturalidad en el toreo es una virtud tan importante como el temple o el valor; Valadez cuenta con las tres características.

Hoy es un día para celebrar, hay ya un matador de toros más, un mexicano cuya historia debe hacernos sentir orgullosos. Disfrutemos de su tauromaquia este invierno en plazas mexicanas, vayamos a las plazas donde esté anunciado, exijamos que nos dé su mejor expresión artística y sintamos orgullo de su esfuerzo y vocación.

Mucha suerte, matador, en su incipiente carrera; que Dios reparta suerte.

Twitter: @rafaelcue

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