Opinión

Masaryk, una masacre
con dinero ajeno

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A lo largo del 2014, en Polanco, la avenida Masaryk también fue remodelada. (Cuartoscuro)

Hace muchos años unos parientes descubrieron en San Isidro Mazatepec, Jalisco, entonces un pequeñísimo poblado, un lugar ideal para ir de día de campo. Un domingo por fin mi padre accedió a que fuéramos. No volvimos. El paraje tenía su encanto, sin duda, pero el camino incluía una brecha desastrosa. “Es que no tenemos el auto ideal para esa ruta”, argumentó mi padre, que poseía un Valiant. ¿Y ese cuál es?, le preguntaron. “El ajeno”. Así nuestros políticos, y sus cómplices, con obras como las de avenida Masaryk, en Polanco. No les duelen porque no las hicieron con su dinero, sino con el ajeno.

Antes de ser delegado, Víctor Hugo Romo fue diputado local. Es conocido que los diputados no hacen gran cosa. Con “hacer”, en este caso, me refiero a los significados de ese verbo que se refieren a construir, a edificar, a proyectar una obra y luego concretarla. Sí “hacen” otras cosas, como leyes que favorecen a publicistas, o a intereses inmobiliarios, o asegurar partidas para programas y proyectos que luego, cosas rarísimas de nuestra vida parlamentaria, ellos, como padrinos que se sienten, asignarán directamente, foto incluida, clientelismo puro.

Pero antes de llegar a la delegación Miguel Hidalgo, Romo sí tenía experiencia administrativa. Lo malo fue que la adquirió en cargos en finanzas o contabilidad desempeñados en campañas o entidades públicas, ámbito donde la falta de pulcritud y eficiencia en el manejo de los recursos, para citar al clásico, es cultural.

Ya como delegado Romo embarcó a los miguelhidalguenses en obras: faraónicas, como el supuesto rescate del Cine Cosmos, que el exdelegado comprometió en 100 millones de pesos pero que ahora tendrá que ser, a su vez, rescatado por el GDF; invasivas de áreas verdes (puso carriles de concreto en el parque El Mexicanito, también sin concluir), e irracionales, como Masaryk, que este fin de semana será (otra vez) inaugurado.

Masaryk (perdón don Tomáš Garrigue Masaryk por juntar su nombre con el de las macuarradas) es hoy el adefesio que varios adelantaron que sería. Estética aparte, y como lo temían los vecinos, los intereses comerciales fueron los ganones. Se hicieron más bahías de las permitidas, se tolera que guaruras se adueñen de las mismas, los cables nunca se fueron al subsuelo, restaurantes como Texas de Brazil se agenciaron metros y metros de la banqueta que se quería recuperar para los peatones, etcétera. Y a nivel vial ha habido tantos accidentes con los bolardos –en este año he visto cuatro– que ya de plano los están quitando, al menos de las esquinas.

Esa es la obra de Romo, que para este fin contó con la complicidad del gobierno de Miguel Ángel Mancera.

Cómo será el desastre de una obra cuyo costo final se desconoce y que además de retraso presenta problemas tanto a nivel peatonal como vial, que ahora hasta el arquitecto de la misma se queja. Esto dijo Bernardo Gómez Pimienta a Reforma al saber que están poniendo tubos en lugar de bolardos: “Esos tubos destruyen la estética del lugar, lo dejan como una masacre, en lugar que se concentraran en acabar los pequeños detalles y que siguen mal, en bajar los cables, toman una decisión unilateral y absurda que destruye todo el proyecto”.

No mi arqui, no son pequeños detalles lo que está mal. La obra toda fue un despropósito. Le dolerá a los vecinos que la pagarán y la padecerán. No a Romo, que en septiembre chambeará (es un decir) en la ALDF, ni a usted, ni a Mancera, pues la hicieron con dinero ajeno.

Twitter:
@SalCamarena

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