Opinión

Más vale tener paciencia

Un prominente empresario que produce y vende alimentos me comentó hace algunos días que los resultados preliminares que tenían sus ventas a estas alturas del trimestre, eran de plano malos, con caídas en volumen y en ingresos nominales.

No es el único caso. Uno de los temas recurrentes entre hombres de negocios en las últimas semanas han sido precisamente los malos resultados al comenzar el año, por lo menos en los productos que se venden en el mercado interno.

Los pocos datos disponibles a febrero lo constatan.

Las ventas de autos, medidas en unidades, tuvieron apenas un crecimiento de 0.6 por ciento durante los primeros dos meses del año.

Las ventas nominales a tiendas comparables en los primeros dos meses del año de los comercios agrupados en la ANTAD cayeron en 1.7 por ciento en enero y en 0.2 por ciento en febrero. Es decir, la caída en términos reales fue cercana al 5 por ciento.

El crecimiento del empleo formal al mes de febrero fue de sólo 2.7 por ciento.

Otro dato que no puede pasar desapercibido es el comportamiento de la confianza de los consumidores, que registró una caída de 11.5 por ciento en febrero respecto al mismo nivel del año anterior.

Falta aún mucha más información para tomarle de manera más precisa el pulso a la economía. Cuando tengamos el IGAE del mes de enero, que se dará a conocer la próxima semana, seguramente veremos más cifras malas.

¿Qué es lo que está ocurriendo?

Se han conjugado dos tendencias. La primera es la inercia del mal desempeño del último trimestre del año. La economía apenas creció 0.7 por ciento en los últimos tres meses del año pasado, lo que ha repercutido inevitablemente en el arranque del 2014.

Y lo segundo fue el efecto de la reforma fiscal. Como le hemos comentado, el alza de impuestos fue generalizada mientras que los recursos que se introdujeron a la economía vía el mayor gasto, han impactado a sectores específicos. Aún hay que esperar tiempo para que tengan un efecto de mayor propagación al conjunto de la economía.

Ambos elementos son factores temporales que van a revertirse. Pero el cambio no va a ser inmediato.

Por eso no resulta nada descabellado considerar que el crecimiento de los primeros seis meses será del alrededor de 1.7 por ciento, ligeramente mayor, pero no mucho más que el 1.0 por ciento que tuvimos en el segundo semestre del año pasado.

En contraste, la conjunción de cambios favorables en el entorno internacional, así como la dilución de los impactos fiscales y el mayor crecimiento del gasto público, podrían llevar la economía a crecer a tasas de 3.5 a 4.0 por ciento a partir de julio, para promediar en el año de 2.6 a 2.9 por ciento.

Ese es el análisis que ya se está haciendo por parte de muchos grupos de investigación y consultorías.

Esto significa en términos prácticos que en los tres meses y 10 días que restan al primer semestre, todavía no se van a percibir cambios significativos en el desempeño económico. Será hasta la segunda mitad del año cuando éstos se empiecen a notar.

Más vale que nos hagamos de paciencia.

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