Opinión

Más vale que alguien ponga el ojo en este combustible

 
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Gas natural

No es la gasolina, ni es el gas LP. El combustible que más usamos los mexicanos es del que probablemente menos estamos enterados: es el gas natural, y su producción cae sin que Pemex, a cargo de José Antonio González Anaya, muestre una estrategia que contrarreste la tendencia.

Es visible cada día convertido en la luz de la oficina, en bolsa del súper, en un edredón de poliéster o en el teclado de plástico de esa nueva computadora. Es a la industria lo que la gasolina a los coches.

Ese gas se llama así porque se entrega entubado a industrias y a casas casi como viene del subsuelo. Salvo por procesos industriales relativamente menores, es resto fósil de árboles y dinosaurios que quemamos directamente en una estufa o en un motor. Para aclararlo: consumimos más gas natural que petróleo y sus derivados, de acuerdo con el Sistema de Información Energética, que lo mide en petajoules.

Pero este gas no fluye como antes. La producción nacional cae sin parar desde 2014. Para quien gusta de los números: en mayo, Pemex produjo cinco mil 841 millones de pies cúbicos diarios, eso es mucho menos de los seis mil 500 millones diarios de 2011.

Se acaba porque el precio de este insumo cayó a la mitad en esta década. El viernes en el mercado estadounidense cotizó por debajo aún de los tres dólares. En 2008 costaba más de 11 dólares por unidad o millón de BTUs.

Como está barato, su consumo crece, pues lo compra por ejemplo la CFE que comanda Enrique Ochoa Reza. Esa baja de precio en el gas es la razón fundamental por la que las tarifas de electricidad también cayeron.

El líder de Pemex, José Antonio González Anaya, actúa de modo racional, pero sólo desde el punto de vista estrictamente financiero: invertir 10 dólares en petróleo entrega al menos otros 10 dólares de ganancia. Invertir ese dinero en gas natural, en una de esas, genera pérdidas. Por eso las inversiones en gas caen sin remedio y la producción también.

Pero la CFE requiere gas para vender electricidad y por eso contrata empresas que construyan ductos aceleradamente. Gigantes tubos que traerán montones de gas importado de Estados Unidos. Del mismo país en donde Donald Trump sacó a la luz al montón de estadounidenses que quieren detener el comercio con México.

La dependencia que generamos rápidamente de un socio potencialmente hostil debería preocupar a unos cuantos.

¿Qué puede parar la caída de la producción nacional de gas natural? En opinión de expertos, los “farmouts”, anglicismo que elegimos para nombrar las asociaciones que puede hacer Pemex con otras empresas para producir en sus grandes reservas.

Pero ese proceso está detenido en el gobierno. En Pemex depende en buena medida de Gustavo Hernández, el exdirector de Pemex Exploración y Producción, un hombre experto en operar campos petroleros, quien en algún momento comprobó habilidades para concretar complicadas negociaciones de contratos internacionales con grandes petroleras. Al parecer, por obstáculos que están más allá de la petrolera, no lo han dejado concretar una. En la Comisión Nacional de Hidrocarburos, presidida por Juan Carlos Zepeda, apuestan a que Pemex pueda producir en los campos Lakach, Kunah y Piklis. No se ve en el horizonte una licitación para empresas privadas con el poder para contrarrestar la caída. Acaso sólo para amortiguarla.

Mientras, la única opción real es depender más de los coterráneos de Trump.

DESPERDICIO
El desperdicio de gas natural de Pemex aumentó de 505 millones, a 925 millones de pies cúbicos diarios de 2013 a 2016. Es 16 por ciento de la producción nacional. Es gas producido en campos petroleros en el mar y que por la ausencia de suficientes ductos y tecnología se deja ir a la atmósfera.

Eso ya es malo, pero puede ser una tragedia: estadísticas oficiales indican que de ese gas natural (en cifras de ambos años) menos de 10 millones de pies cúbicos se queman para convertirlo en bióxido de carbono. El resto se manda tal cual a la vulnerable atmósfera. El gas natural calienta 23 veces más el planeta que el bióxido de carbono.

Twitter: @ruiztorre

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