Opinión

Más trampas para Veracruz: el impuesto a las nóminas

 
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A Olga por un año más

El gobernador Duarte de Veracruz, a cinco meses de empezar su año más difícil, el séptimo, cuando se revisará su última cuenta pública por un Congreso local renovado y el ejercicio del gasto federalizado de 2016, por parte de la ASF, así como de otros recursos federales transferidos por la Secretaría de la Función Pública. Apoyado por el Congreso que en octubre de 2015, incrementó al 3 por ciento el impuesto estatal sobre nóminas, acaba de cometer otro atentado contra las finanzas estatales, como la de la basificación masiva de trabajadores.

Para ello, crea dos fideicomisos irrevocables, uno para recibir los recursos recaudados y otro el Fideicomiso Irrevocable de Pago a Proveedores y Contratistas para el Saneamiento Financiero del Estado de Veracruz, para pagar a los proveedores y prestadores de servicios, lo que debió durante su gestión, lleva “reconocidos” 11 mil millones de pesos.

Con este golpe a las finanzas del estado, se incrementara la de por sí elevada deuda pública que le deja a la nueva administración. Ello reduce el de por sí limitado margen de operación del gobierno que toma posesión en cuatro meses, el cual sólo durará dos años. 2017 será un año difícil presupuestalmente.

La “jiribilla” política de lo anterior, estriba en que tanto los empleados basificados, como los proveedores incluidos en el Anexo Único del Fideicomiso II, tratarán de que se mantenga lo aprobado, sin considerar los daños que esto provoca al Estado de derecho, además de que limita la fiscalización, porque pasivos tan grandes deben de corresponder a servicios contractuales, que tendrán que revisarse forzosamente, y eso llevará tiempo. Más si se trata a proveedores o contratistas del gasto federalizado.

Sin la menor transparencia, sin informarlo antes, se etiquetan recursos presupuestales que todavía no existen, cuyo origen y destino tendría el Congreso local que aprobarlos para el próximo ejercicio fiscal, esto es que se vulneran sus facultades. Pero lo más impresionante es que, sin la menor transparencia, se “etiquetan” los compromisos pendientes de pago, sin que haya revisión alguna. Aun cuando se quedase esto, la recaudación del impuesto es anual, no se da el primer mes, por lo que hipotéticamente, muchos tendrían que esperar el tiempo en que llegue la recaudación.

El impuesto sobre nóminas se crea en Veracruz cuando era gobernador Don Miguel Alemán y Juan Amieva su secretario de Finanzas, cuando prácticamente era la única entidad federativa que no lo tenía. Cierto es un impuesto cuestionado, se le ha considerado un castigo a la creación de empleo, pero era necesario, incluso para el caso de que se decidiera en la coordinación fiscal desaparecerlo, lo que implicaría un resarcimiento. Finalmente se aprobó y se usó bien durante el tiempo que quedaba de la gestión del gobernador Alemán.

Tiene razón Coparmex que se opuso al incremento del 2 al 3 por ciento y cuando afirman que esos pasivos deben pagarse durante el tiempo de gestión del actual gobierno.

El impuesto sobre nóminas es muy importante en algunas entidades, como en la CDMX donde significa alrededor de la mitad de la recaudación de ingresos propios, pero en otros como Oaxaca aporta muy poco, dado lo precario de su planta productiva, por lo tanto de la base del impuesto.

Finalmente no es conveniente etiquetar la recaudación de un impuesto a un fin determinado como sucedió con el caso del impuesto al hospedaje, hoy también del 3 por ciento, como se ha pretendido en algunas propuestas, para domicializar el gasto en relación al impuesto predial o una parte de la tenencia en la Ciudad de México.

Por honor, amenazó el gobernador electo, incluso con desaparecer el impuesto. ¿Con que fin hará todo esto el gobernador Duarte, si incluso ya le reviraron sus nombramientos y reformas recientes?

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