Opinión

Más ricos

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Petróleo

Como usted sabe, los precios son indicadores de escasez. Cuando mucha gente quiere comprar limones, pero no hay suficientes, el precio del limón sube. Ese movimiento provoca que algunos de los compradores decidan ya no adquirirlos, porque están caros, y que algunos productores decidan llevar más al mercado, por lo mismo. Cuando estas dos cosas ocurren, el precio baja, porque ahora hay menos compradores y más producto disponible.

Ya sabemos que hay cosas que no tienen precio, pero la mayor parte de las cosas que necesitamos sí lo tienen, y éste nos ayuda a saber si hay escasez o no. Es muy importante entender esta función del precio, porque el concepto de escasez no es simple, ni es estable. Algo que hoy tenga mucha demanda, es escaso. Eso mismo, si la demanda se reduce, deja de ser escaso. La escasez del petróleo, el maíz, el agua, no dependen de lo que pensemos, sino de cuántas personas quieren adquirirlos y cuánto hay disponible.

Bueno, todo esto para informarle que vivimos uno de los momentos de menor escasez de la historia. O si quiere verlo al revés, un momento de abundancia. Siempre hay quien piensa lo contrario, pero como ya decíamos, no importa mucho lo que piensen, sino lo que los precios nos dicen: si los precios son bajos, hay abundancia. No sé si porque hay mucho o porque los compradores quieren poco, pero escasez no hay.

Utilizo los índices de precios del Banco Mundial recopilados en lo que se conoce como “hoja rosada”, y los transformo en índices reales utilizando la inflación de Estados Unidos (porque los precios internacionales se miden en dólares). Tomando como punto de referencia el año 2010, en donde todos los precios valen 100 puntos, mire usted lo que ha pasado: en la década de los sesenta, todavía bajo Bretton Woods, el precio de la energía rondaba 15 unidades, y los metales preciosos 30. Pero lo demás andaba en 200 unidades, incluyendo la comida. La década de los setenta fue muy complicada, con el fin de Bretton Woods, el embargo petrolero, y las políticas económicas inadecuadas en buena parte del planeta. El precio de la energía se fue a 100 puntos e incluso llegó a 300 al iniciar la década de los ochenta. La comida llegó a estar en 600 puntos en los setenta y en más de 400 en la década siguiente.

Para inicios de los noventa, la comida andaba de nuevo en 200 puntos y al final de esa década en 100 unidades. Hubo un pequeño brinco, de regreso a los 200, entre 2007 y 2008 (¿recuerda nuestra crisis con la tortilla?), pero nuevamente bajó y ahora está en cien puntos. Es decir, la comida hoy, en promedio, cuesta la mitad de lo que costaba en la década de los sesenta, cuando la población mundial era la mitad de la que es hoy.

La energía, que había alcanzado 300 puntos a inicios de los 80, diez años después estaba en 100, y prácticamente toda la década de los noventa rondó 50 puntos. La gran demanda energética china levantó los precios de la energía, llegando a 200 unidades en 2008, y manteniendo un promedio de 150 unidades, hasta que acabó el milagro chino. Los precios de la energía hoy están en 50 unidades.

Entonces, resulta que hoy somos más ricos que en los años sesenta, en más o menos el doble. Y somos también el doble de personas en el planeta, lo que significa que en estos 50 años pudimos multiplicar la riqueza global por cuatro. Ah, y hoy les toca a más personas, así que también menos desiguales.

​El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter:
@macariomx

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