Opinión

Más allá de Trump

   
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ME. ¿Y si gana Trump?

Parece que Donald J. Trump no ganará la elección en Estados Unidos. Ojalá, por el bien de México y del mundo. Sin embargo, hay muchas voces que afirman que eso importa poco, y que el daño ya está hecho. No creo que todos se refieran a lo mismo, pero conviene tratar de entender qué hay más allá del personaje.

Algunos nostálgicos siguen analizando todo lo que ocurre desde la óptica estrictamente económica, de manera que creen que el fenómeno Trump es resultado de la mala situación de diversos grupos en Estados Unidos, pero especialmente de los hombres blancos con pocos estudios, que son quienes más han perdido empleo e ingreso. Pero eso empezó a ocurrir hace más de tres décadas, y no parece ser la razón principal en muchos votantes. Otros piensan que hay en Estados Unidos una proporción muy elevada de racistas, y que ellos son los votantes de Trump. Creo que ni siquiera Hillary cree esto, puesto que ella afirmó que (sólo) la mitad de sus votantes podrían caer en esta categoría. Finalmente, aparece como de costumbre el argumento de la ignorancia e incapacidad del votante promedio, que siempre se acompaña de la idea de que sólo los inteligentes y educados deberían votar (y ser candidatos). Esta afirmación elitista la hemos criticado varias veces.

Como resultado de las interpretaciones economicista y racista, se sostiene que aunque Trump no gane, ha despertado a grupos marginales y extremistas que será muy difícil contener. Se agrega a esta conclusión el daño que ha provocado el comportamiento del candidato, que ha legitimado la absoluta falta de contención en el discurso. Después de él, volver a aprender a moderar las afirmaciones, respetar a los otros, apelar a la verdad, puede no ser nada sencillo.

Mi propia interpretación es diferente. Estoy convencido de que vivimos una gran transformación en nuestra manera de interpretar el mundo y, por tanto, de organizarnos, que tiene su origen en las tecnologías de información y comunicaciones. Desde 1995, pero especialmente a partir de 2006, el flujo de información ya no tiene los límites temporales y espaciales que conocimos durante el siglo XX (y que ya eran muy diferentes de cualquier época previa). Hoy no hay que esperar todo el día para saber qué pasa en el mundo, la información se mueve en tiempo real. Hoy no recibimos información a través de un par de cadenas de televisión o un puñado de periódicos. Hoy todos los consumidores de información son a la vez productores.

Eso implica que cualquier grupo puede elevar sus demandas a la agenda pública a través de las redes. Es decir que la agenda no la hace 'el poder', pero también que no responde a 'problemas de la mayoría', sino a intereses de minorías, de múltiples minorías. Los políticos intentan responder, pero no pueden hacerlo. Nadie puede. La consecuencia es que estamos discutiendo decenas de temas que no pueden ya instalarse en la interpretación izquierda-derecha que aprendimos en el siglo pasado, y el sistema político construido para ello no tiene respuestas para la población, que al ver el flujo incontenido de demandas y la ausencia de respuestas, se angustia.

Cuando las personas tienen miedo, se refugian en sus creencias más profundas, y es ahí donde está el miedo al otro, que un político puede potenciar mediante acusaciones racistas, condenas del libre comercio, exacerbación del nacionalismo. Y esos síntomas son los que vemos en todo el mundo hoy. No es Trump quien los provoca, pero sí los evidencia.

Terminó un ciclo, y está por iniciar el siguiente, el séptimo en la historia humana. Hay que hablar más de ello.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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