Opinión

Manual para ser gobernador

  
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Gabino Cué.

1) Invierta en un taller de dramaturgia para renovar su capacidad histriónica: tendrá que ser convincente a la hora de aparentar indignación. Así, no importará el pequeño detalle de que usted haya sido durante décadas parte del sistema. Como ejemplo está quien habiendo militado 33 años en el PRI, con actuación de telenovela pudo abjurar del tricolor y tranquilamente expresar que su candidatura independiente a Nuevo León era porque había encontrado, como Saulo de Tarso en su momento, el camino a Damasco.

2) Gaste en un guardarropa, en tinte para el pelo y en una buena asesora de imagen. Recuerde, usted será una figura aspiracional. Nada de hacerse el humilde. Lo jodido no vende. Arréglese los dientes (total, si pierde al menos habrá ganado la dentadura que siempre quiso tener).

3) Pague una asesoría de medios para aprender a decir aún menos de lo que sus talentos le permiten. Que no le dé pena, descubrirá que no importa que no sepa gran cosa, verá que lo que importa es que no se le note y, sobre todo, que no se le salga a la hora de entrevistas: puede entrenar mirando las entrevistas a futbolistas.

4) Ya en campaña prometa meter al bote al actual gobernante. Diga que lo que falta en su estado son un buen par de aguacates. Sea tan coloquial como crea que haga falta: recete el paroxismo a discreción. Es mejor pasarse de prometedor que quedarse corto: nadie nunca votó por la mesura. No se preocupe por la exuberancia de lo que promete, las elecciones son para ganar las simpatías de las masas, no para convencer a un puñado de remilgosos eruditos.

5) No lea la prensa ni oiga radio ni vea televisión ni siga las redes sociales. Nada más manipulable que un TT, nada tan efímero como un escándalo mediático. Aparte, eso sí, mucho dinero para las compañías que manipularán sus notas en internet. Ah, y ponga a alguien muy aguantador a lidiar con la multitud de empresarios y periodistas que llegarán a venderle posicionamiento.

6) No se preocupe por el INE ni por el OPLE ni por cosa parecida. Usted está para ganar, las eventuales multas las pagará su partido con el dinero que, en parte, surja de su triunfo.

7) Tras ganar, puede aplicar la táctica de convertirse en un mensajero de la paz. Este recurso es efectivo tanto si ya no quiere cumplir la promesa de entambar a su antecesor –sobre todo si quiere evitar el bochorno de perder farragosos procesos legales (aprenda del Bronco)–, como si prefiere dejar para después la amenaza de meter al bote al que se va, ese recurso podría sacarlo de la chistera cuando necesite tapar una crisis (ya veremos si es el caso de Alejandro Murat con Gabino Cué). Mientras, hable de que son tiempos de unidad, de reconciliación, de ver hacia delante, paisanos…

8) Cuando gane, corra a Los Pinos a pedir Fuerzas Armadas, dinero, rescate. Chille y estire la mano.

9) No firme nada. Consígase un tarugo a modo para las firmas de todo.

10) Cuando al primer tercio de gobierno las cosas no caminen como deberían, tenga listo a) un villano favorito, b) una muletilla para el complot.

11) Hacia el final de su mandato, vea qué candidato presidencial lleva las de ganar y pacte su futuro. ¿Que qué pasa si no es de su partido? Ay amigo, en qué cosas se fija usted, pues. Eso ya no importa. Lo que importa es transar impunidad por votos.

12) Busque una senaduría o de perdida un consulado.

Twitter: @salcamarena

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