Opinión

Mancera y un cruel
mes de marzo

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Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno del Distrito Federal. (Cuartoscuro)

Ha sido, en efecto, un marzo loco. A principios de mes, Miguel Ángel Mancera se alistaba para personificar el papel que más parece disfrutar: el de maestro de ceremonias. El 2016 lucía inmejorable: redactaría una Constitución para la Ciudad de México y la enviaría para su segura aprobación en un Constituyente a modo. Que preparen el discurso, que convoquen a los fotógrafos, de la mano de mis amigos del PRI entraré a la historia.

Alguien incluso opinó: “si logra redactar una buena constitución, ya encarrerado, Miguel Ángel podría meter al país en la discusión de que en el centenario de la Constitución con mayúsculas, 2017, es momento de una nueva carta magna, y él capitalizar el momento…”.

Pero el viento tenía otros planes. Los vendavales desnudaron a Mancera por partida doble. Evidenciaron la inacción de su gobierno para someter a esa plaga benigna con los políticos llamada anuncios espectaculares, y cuando días después el aire se estacionó, los chilangos despertamos en medio de la peor atmósfera en décadas.

Nos ahogamos, jefe, qué hacemos. Mancera, ese que ganó con 63 por ciento de la votación, intentó endurecer la voz, por aquello de que era un momento solemne, y carraspeó: es culpa de los otros.

Qué alivio que el jefe esté a cargo, ya nos dijo que no fuimos nosotros. Niños, pongan una petición en Change.org para que los chimalhuacanos se sosieguen, que los de Neza y Ecatepec se comporten, que los de Tlane y Cuautitlán se abstengan. Carajo, qué sucios son los del Estado de México.

Asambleístas, rápido, una comisión, que próceres como el Tomate, Romo y Lobo emitan un bando para que los tlaxcaltecas, históricos enemigos, no nos fastidien más…

Tanya, a la radio. Di que estamos mal porque vamos muy bien… (la entrevista de ayer de la secretaria de Medio Ambiente con Denise Maerker en Fórmula es de antología, llegó un punto en que de plano contradijo a su jefe).

Así es Mancera y así es su desgobierno. Mancera, el jefe del yo instruyo, yo digo, yo prometo, yo advierto, yo acuso, pero nunca yo asumo, yo hago, y menos el yo hago que se haga.

Si hay tres mil espectaculares ilegales, Mancera pretexta a la mitad de su gobierno: así nos lo dejaron, pero ya los vamos a ordenar.

Si hay guaruras golpeando a ciudadanos e incluso a autoridades, ora sí va en serio, advierte con el índice Miguel Ángel, vamos a regular a los escoltas.

Si no hay agua, es culpa del Cutzamala; si no hay aire, del Edomex; si se entera en la prensa de que le cancelan una línea del Metro va a ir a hablar con Videgaray; si le piden el Zócalo para estacionamiento, prometerá que ya no vuelve a pasar; si hay desaparecidos en el Heaven, se quedará callado cuando el gobierno federal le resuelva el caso; si hay cinco muertos en un departamento en la Narvarte, prometerá que ya mero hay justicia; no pudo privatizar Chapultepec, pero ahora quiere privatizar el Bosque del mismo nombre…

Mancera, ese número dos de Los Pinos y de Bucareli que nunca supo que los priistas no tienen amigos; Mancera, el que no puede ni ordenar los topes, ni explicar la privatización de cámaras y radares; Mancera, al que le urge que vuelva el viento y que todos hablemos de los Rolling y de que ya viene otra vez la Fórmula 1, y de que qué padre está la alfombra roja con la sutanita de tal.

Mancera, tan bien que íbamos aunque las encuestas digan lo contrario; Mancera, qué cruel ha sido marzo.

Twitter: @SalCamarena

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