Opinión

Mancera, ¿populismo
o responsabilidad?

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Para hacer la Constitución de la Ciudad, Mancera indicó que escuchará a todos. (Especial)

Este martes se dio a conocer una encuesta que ayuda a entender el zigzagueante comportamiento de Miguel Ángel Mancera en el tema del nuevo Reglamento de Tránsito.

Un estudio de Buendía & Laredo reveló ayer que la aplicación de esa nueva norma ha resultado en pérdida de popularidad del jefe de Gobierno como nunca desde julio de 2013. La encuesta, realizada cara a cara del 5 al 8 de febrero, señala que sólo 33 por ciento de los entrevistados aprueba la gestión del mandatario capitalino, su peor registro desde el verano de 2013, cuando según datos de esta misma encuestadora contaba con 70 por ciento de aprobación.

En sentido contrario, quienes reprueban la labor de Mancera pasaron, en el mismo lapso, de 24 por ciento a 57 por ciento.

¿Y qué provocó esta pronunciada caída de Mancera? Cuestionados sobre lo peor que ha hecho, este es el top 5 de respuestas:

-Modificación del Reglamento de Tránsito.
-Subir tarifa del Metro.
-Fotomultas.
-Incremento del precio de multas.
-Cambiar el nombre del DF.

Conclusión: El reglamento sacó a Mancera de circulación. El descalabro es similar al que tuvo –según Buendía & Laredo– en febrero de 2014, tras el aumento del pasaje del Metro. Si al menos Mancera se hubiera mantenido firme, si hubiera insistido en el discurso de que este reglamento era por el bien de los ciudadanos, para tener menos accidentes, menos muertos y heridos, si eso hubiera pasado quizá valdría la pena el costo de imponer una medida impopular. Quizá al correr del tiempo se le reconocería por su visión.

Pero el jefe de Gobierno pasó de negar que la empresa se llevará un abusivo porcentaje de la multa (46 por ciento), cosa que los medios demostrarían que era cierta, a anunciar rebajitas y rebajotas en los montos de las infracciones a aplicar. Populismo desesperado.

Con el debido respeto a los pueblos, Mancera se comporta como alcalde pueblerino. En vez de tratar a sus gobernados como adultos, en vez de haber entregado de saque toda la información sobre cómo se contrató la empresa de las multas y las razones por las cuales decidió privatizar otro servicio en la ciudad, ha sido una pugna ciudadana mediática la que ha logrado esclarecer algo de la forma en que se otorgó ese contrato, del que por cierto partes sustanciales ahora sabemos fueron reservadas por supuestas razones de seguridad.

Hablando de privatización de servicios, ¿ya se dieron cuenta que la limpieza en el Metro la realiza una entidad privada? ¿Sabían que esos empleados, de una empresa denominada Tecno Limpieza Ecotec, muchos de ellos de edad avanzada, ganan el salario mínimo? Y no el que propone Mancera, sino el chiquito, el que dicta Peña Nieto.

En fin.

La legitimidad de los motivos de Mancera, pero sobre todo de lo que debió haber sido una buena iniciativa –un reglamento para salvar vidas–, están en entredicho.

Rebajar las penas se explica, ya lo vimos en la encuesta, como una medida desesperada, una con la que se busca contentar a una población a la que no podemos culpar de sospechar que el jefe de Gobierno sólo quiere sacarle dinero a toda costa.

El problema es que Mancera, que al soñarse candidato es proclive a recular, tiene enfrente un reto mayúsculo. La ciudad se ahoga en aire de mala calidad. Ello podría cambiar si se imponen nuevos criterios, generales no sólo contra los más pobres, de restricción vehicular.

El suspirante tiene de dos: o nos obliga a respirar porquería, o ve evaporarse sus aspiraciones al ampliar el Hoy No Circula, lo que será impopular.

Popularidad o responsabilidad, he ahí el dilema.

Twitter: @SalCamarena

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