Opinión

Malos tiempos, ¿respuestas viejas o nuevas?

   
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Gazolinazo en Puebla. (Cuartoscuro)

Mal empieza la semana al que lo ahorcan en lunes, dice el viejo dicho. Y así nos pasa con las noticias económicas para el país en este arranque de año.

La tarea del gobierno tendrá que ser de una explicación puntual de cada una de las malas noticias que nos esperan este año y que tuvimos en 2016.

Tal vez pueda hacerlo, pero no se ve un ánimo social dispuesto a escuchar.

Vienen malos tiempos, sin duda, y se van a necesitar respuestas nuevas para llegar a la otra orilla.

La gasolina subió hasta 20 por ciento. Un ramalazo en toda la línea.

Se podrá decir que los principales afectados serán los que están en la población de mayores ingresos: los tres primeros deciles.

Sin embargo, también va a pegar en el incremento del transporte público para quienes no tienen coche.

Así, para hacer frente al incremento en el precio de las gasolinas, tenemos como alternativa un transporte público con costos al alza, ineficiente, escaso y, en muchos lugares, peligroso.

El argumento del incremento a las gasolinas derivado al aumento internacional de los combustibles es cierto. En Chile, por ejemplo, la gasolina magna está por encima de un dólar el litro.

Sin embargo, aquí somos productores de petróleo y tenemos refinerías.

¿Qué pasa? Pasa que las refinerías de Pemex pierden dinero por obsoletas. Hay que inyectarles recursos y encima nos suben el precio de lo que producen.

Además tenemos reforma energética, con la que se nos dijo que bajarían los precios.

Claro, nadie se esperaba que los precios del petróleo cayeran más de la mitad y el país, en consecuencia, tiene menos ingresos.

Los resultados de la reforma tardarán algunos años en verse, como es el caso de los 40 mil millones de dólares en inversiones a mediano plazo que habrá en el sector energético.

No hay ánimo para tratar de comprender lo anterior, pero de todas maneras el gobierno deberá explicar.

Lo que se ve aún más complejo de explicar es por qué nos endeudamos hasta por encima de 50 por ciento del PIB. ¿Dónde está ese dinero? Mucho se ha ido a gasto corriente.

Lo anterior no tiene explicación ni excusa.

La tasa de interés de referencia, en diciembre de 2015, estaba en tres por ciento. Y en diciembre de 2016 cerró en 5.75 por ciento. Casi el doble.

El gobernador del Banco de México tomó sus maletas y anunció que se va a trabajar a Suiza.

La devaluación del peso, sólo el año pasado, fue de 23 por ciento.

Por supuesto que eso va a pegar en inflación este año. Y de hecho ya la hay en productos como ropa, cuyos precios se han disparado.

De todo, o de casi todo, hay explicación. La crisis internacional no resuelta de 2009, más la caída de los precios del petróleo y la incertidumbre mundial, con acento en México, por el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos.

Pero el ánimo no está para escuchar explicaciones y menos para creerlas.

El país tiene encima un año complicado por circunstancias objetivas. Y el gobierno deberá echar mano de respuestas políticas novedosas para capear el temporal que se le viene encima.

Twitter: @PabloHiriart

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