Opinión

Mala cosa, igualar
protesta con violencia

Volver a leer el discurso del martes de Enrique Peña Nieto equivale a entender menos lo que el presidente quiso decir con ese mensaje, el primero luego de su retorno del polémico viaje a China y Australia. El texto es claro en que su esposa daría un mensaje sobre la hoy famosa casa de las Lomas, pero de ahí en más todo es, digamos, raro.
El presidente hizo en esa alocución una mezcolanza entre protesta y violencia que conviene repasar, así sea para advertir que hay cosas que no son claras, cosas nada banales.

Luego de un diagnóstico carente de autocrítica sobre la actuación federal en el caso Iguala (“Hemos sido los más sensibles al tema, los más solidarios. Hemos atendido puntualmente…”), Peña Nieto mencionará siempre juntos los términos “protesta” y “violencia” (o su variante desestabilización).

“Hemos advertido que al amparo de este dolor, que al amparo del sufrimiento de los padres de familia, que al amparo de esta consternación social que hay por los hechos de dolor y de horror, que de acuerdo a la investigación se tuvieron en Iguala, hemos advertido los movimientos de violencia que, al amparo y al escudo de esta pena, pretenden hacer valer protestas”.

¿A qué se refiere el presidente cuando habla de “movimientos de violencia”? ¿A la CETEG? ¿A los llamados anarcos? ¿A la CNTE toda? ¿A la guerrilla? ¿A cuál guerrilla?

Y si se refiere al magisterio --el guerrerense o el de la Coordinadora en general--, ¿estaría mal necesariamente que “pretendan hacer valer protestas”?

Tras la noche de Iguala ha habido tantas protestas en el país --hoy jueves habrá de nueva cuenta una jornada nacional de movilizaciones-- que se dice que vivimos un tiempo inédito, o en uno que no se había visto en décadas. Convendría por tanto que el líder de la nación hiciera clara distinción cuando habla de quienes protestan no sólo de manera cívica sino incluso de forma ejemplar, y cuando se refiere a quienes han incendiado recintos o intentado derribar la puerta del Palacio Nacional, actos que sí, en efecto, claramente están divorciados de la gran mayoría de protestas que han reclamado justicia por los hechos de Ayotzinapa.

Lo siguiente que resulta preocupante de ese discurso presidencial es que, sin aportar más elementos y reconociendo que no le queda claro el objetivo de esa violencia, el mandatario salta a la conclusión de que es contra su “proyecto de Nación”, como si estuviéramos ante una realidad de todo o nada. ¿Protestar por Iguala es estar contra su “proyecto de Nación”? El presidente se puso, digamos, al nivel de quienes creen que su renuncia es la panacea.

Así sigue el mensaje del martes que, por si hiciera falta más simbolismo, fue pronunciado en el Estado de México:

“Protestas que a veces no está claro su objetivo. Pareciera que respondieran a un interés de generar desestabilización, de generar desorden social y, sobre todo, de atentar contra el proyecto de Nación que hemos venido impulsando”.

Más todavía. Peña Nieto procede enseguida a juntar protesta y violencia con algo que él vagamente define como “voces”.
“No nos vamos a detener. Pareciera que algunas voces, unidas a esta violencia y a esta protesta, algunas de ellas fueran aquellas que no comparten este proyecto de Nación; que quisieran que el país no creciera; que quisieran que el país frenara su desarrollo”.

¿De quiénes son esas voces? ¿De opositores partidistas? ¿De actores políticos más allá de los sindicatos y de las normales rurales? ¿De activistas? ¿De defensores de los derechos humanos? ¿De estudiantes? ¿De académicos? ¿De periodistas, comunicadores, opinadores? ¿Quiénes son esas “voces” a las que el presidente advierte que su gobierno seguirá firme en el proyecto de Nación que se ha fijado? “Voces” que desde el punto de vista presidencial está mal que ejerzan el derecho a la protesta en el marco de lo hechos de Iguala:

“A pesar de estas voces que ahora, al amparo de quienes sufren dolor y de quienes tienen pena, enarbolan banderas de violencia y de protesta. Dejo claro que el Gobierno de la República está firme en la construcción del proyecto de Nación que queremos para el bienestar de todos los mexicanos”.

En medio de un ambiente enrarecido, con grupúsculos oportunistas de patrocinadores y propósitos desconocidos, en vez de condenar a los violentos y de atender el reclamo de los que protestan dentro de la ley, el presidente lanzó una defensa a ultranza de su “proyecto de Nación” usando a la par protesta y violencia. Un mensaje que sólo agrega más confusión a nuestro turbulento presente.