Opinión

Mal Paso

 
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Fernando del Paso.

Fernando del Paso recibió en Alcalá de Henares el Premio Cervantes, el reconocimiento más importante de la lengua española. Gil ha leído aquí y allá fragmentos de un discurso sobre la belleza del idioma castellano, algunas imágenes de infancia y, sobre todo, una soflama al gobierno de México: “Criticar a mi país en un país extranjero me da vergüenza. Pues bien. Me trago esa vergüenza y aprovecho este foro internacional para denunciar a los cuatro vientos la aprobación, en el Estado de México, de la bautizada Ley Atenco, una ley opresora que habilita a la policía a apresar e incluso disparar en manifestaciones a quienes atenten, según su criterio, contra la seguridad, el orden público, la integridad, la vida y los bienes tanto públicos como de las personas”.

Con el perdón del Cervantes, si alguien atenta “contra la integridad, la vida y los bienes” de Gilga y sus seres queridos, lo que más quisiera el autor de esta página del Fondo es que esos individuos fueran detenidos, presentados y en su caso condenados por los delitos cometidos. Si Del Paso quiere las calles llenas de rufianes, allá él. Por lo demás, que Gamés sepa nadie ha disparado un tiro, nadie ha disuelto una manifestación; antes al contrario, las manifestaciones han disuelto el libre tránsito de los ciudadanos.

TOTALITARISMO
En lo que toca a su severa crítica, Del Paso ha logrado un puchero en perol de los de antaño: “Esto pareciera tan solo el principio de un Estado totalitario que no podemos permitir. No denunciarlo me daría vergüenza”. Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: aquí hay complejidades. ¿El principio de un Estado totalitario? ¿Totalitarismo como en Cuba, en Venezuela, en Corea del Norte? ¡Canastos!

Lo cierto es que el maestro Del Paso regresará a México feliz de la vida con su Cervantes, podrá decir de su ronco pecho lo que le venga en gana, que además y ademenos está en su derecho, y nadie lo molestará por decir tantas sonseras.

Ahora mal: Del Paso ha dicho también que continúan los secuestros, las desapariciones, los atracos, los feminicidios, la corrupción y el cinismo.

O sea, el escritor ha dicho que en México la violencia se convirtió en noticia diaria, y tiene razón, la guerra del narco y sus consecuencias; el escándalo de la corrupción y su gemela la impunidad van y vienen por la vida pública como Pedro por su casa. Correcto, pero el tono bíblico desde el Monte de los Olivos, ese lugar sagrado desde el cual peroraba Cristo antes de ser arrestado, le parece a Gilga innecesario y algo llorón.

Cada vez que Gilga oye frases como “me duele México”, se pone tapones de silicón en las orejas. “Ay, qué vergüenza mi país, sírvanme otra copa de champaña”. “Oh, que horrible violencia, deposite en Nueva York esta pequeña cantidad de dólares”.

Gil comprueba que recibir un galardón como el Cervantes no exenta a nadie de decir barbaridad y media. Nada más democrático que la tontería y la necedad: un estado totalitario, sí cómo ño.

EL PREMIO
Mientras Del Paso salvaba a la nación mexicana, limpiaba sus culpas (cualesquiera que fueran éstas) y peroraba, el Premio Cervantes informaba sobre el gusto literario, la idea de un canon y cierta percepción del mercado editorial. El jurado votó por el refinamiento. ¿Qué es el refinamiento en la literatura?

Seguramente la búsqueda de un empeño creativo legítimo, la percepción de seriedad y autenticidad, la dificultad temática, la complejidad del entramado novelístico, la densidad en la caracterización, la fuerza expresiva.

El jurado del Cervantes ha leído en las páginas de Palinuro de México (1977) y en Noticias del imperio (1987) dos piezas centrales de la tradición novelística del idioma español: el manejo eficaz de distintas técnicas narrativas, el monólogo interior, los planos temporales superpuestos, la urdimbre del poder y el conocimiento histórico, la idea de la novela como catedral emblemática de una época.

En 1977, Del Paso escribió una de las más ambiciosas novelas de la época, Palinuro de México, una diestra y compleja construcción novelística, un mural de proporciones desmesuradas sobre el país y la Ciudad de México. Si Gilga no recuerda mal, la publicación de Noticias del imperio fue uno de los primeros lanzamientos en los que la promoción y el mercado colocaron de inmediato a una novela en los primeros lugares de venta.

Gamés sabe, por cierto, que Noticias del imperio fue muy comprada y poco leída. Con el perdón del Cervantes, a Gamés le pareció una historia dilatada y no pocas veces desesperante, de largos compases históricos más que novelísticos, de profundos conocimientos sobre un periodo clave al que ningún mexicano es indiferente: la invasión francesa, Maximilano y Carlota, Benito Juárez. Quizá por esa fibra que late en sus páginas con la fuerza de una taquicardia, Gil terminó agotado la lectura de ese tomote. ¿Merece Del Paso el Cervantes? Sin duda. Y si dijera menos necedades sería mucho más celebrable.

La máxima de Freud espetó en el ático de las frases célebres: Uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que habla.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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