Opinión

Mal inicio de trimestre

 
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Shell Alaska

Las cifras de la balanza comercial de julio, aparte de mostrar un sorpresivo deterioro de las cuentas externas, adelanta información sobre la persistencia de la debilidad económica al inicio del tercer trimestre.

El déficit de la balanza comercial aumentó abruptamente en julio a dos mil 267 millones de dólares a consecuencia de la caída de 2.6 por ciento en las exportaciones y del aumento de 1.1 por ciento en las importaciones. Vale decir que la demanda externa de productos mexicanos cayó al inicio del tercer trimestre, representando así el primer factor que anticipa un debilitamiento de la economía en dicho mes.

Si bien la parte de las exportaciones petroleras sigue mostrando caídas a consecuencia de la contracción tanto en el precio como en la producción de petróleo, lo relevante es que los apartados no petroleros observaron un crecimiento débil, de tan sólo 1.3 por ciento anual, en contra de la percepción de que éstos debería mantener altas tasa de crecimiento en función del elevado crecimiento estadounidense. Es más, dentro de este apartado, las exportaciones manufactureras crecieron tan sólo 2.0 por ciento anual, pese a que las exportaciones automotrices aumentaron 5.3 por ciento.

Por el lado de las importaciones, destaca en primer lugar la caída de 3.6 por ciento en las importaciones de bienes de consumo, cifra que muestra la debilidad del componente importado del consumo privado. Si bien ello obedece en buena medida a la fuerte caída de las importaciones petroleras, lo destacable en esta oportunidad es la aceleración que ha mostrado la caída de las importaciones de bienes no petroleros. En julio cayeron 2.1 por ciento, cuando en lo que va del año llevan un crecimiento de 1.3 por ciento.

Las importaciones de bienes de capital, por su parte, crecieron tan sólo 1.9 por ciento anual, cuando en lo que va del año llevaban un crecimiento promedio de 6.6 por ciento, lo cual estaría adelantando una probable desaceleración fuerte de la inversión física al inicio del tercer trimestre.

Igualmente, las importaciones de bienes intermedios crecieron 1.9 por ciento en julio, una cifra muy baja aunque mejor al 0.1 por ciento registrado en lo que va del año. Este comportamiento, junto con la caída de las exportaciones, adelantan un debilitamiento de la producción industrial en julio, que corresponde con la primera caída de la producción de autos después de 18 meses (menos 2.05 por ciento).

En función de las cifras anteriores y de otros indicadores, es probable que la producción industrial haya crecido por debajo de 1.0 por ciento anual en julio, cifra que no ayuda a mejorar la actividad económica en el tercer trimestre.

Otro elemento que es interesante analizar es el efecto del deterioro de la balanza comercial de julio sobre la cuenta corriente de la balanza de pagos del tercer trimestre. Como se sabe, la balanza comercial es un componente importante de la cuenta corriente (junto con la balanza de servicios, la balanza de renta y la balanza de transferencias), por lo que el fuerte deterioro en julio de la primera muy probablemente afectó también a la segunda.

Esto es importante porque el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos ha venido aumentando poco a poco en los últimos años hasta ubicarse en 2.8 por ciento del PIB al cierre del segundo trimestre del presente año. En vista de que dicho déficit representa el exceso de gasto sobre los ingresos de un país, cualquier aumento de éste eleva las necesidades de financiamiento, mismas que no siempre son sanas ni están disponibles.

El ejemplo más claro de esto es lo que ha venido sucediendo con el déficit en la cuenta corriente mexicana durante el último año y medio: la inversión extranjera directa ya no alcanza para financiar el déficit en cuenta corriente (financiamiento sano), de modo que cada vez más está dependiendo de financiamiento de corto plazo y poco estable, vale decir de la inversión en cartera.

En tal sentido, el abrupto aumento del déficit de la balanza comercial en julio estaría exacerbando el peligro de financiar el exceso del gasto con recursos volátiles.

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