Opinión

Lula, la desesperación del santo

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Lula.

Pocos fenómenos políticos tan atractivos e interesantes como el que sucede en Brasil en los últimos días.

La presidenta Dilma Rousseff enfrenta graves señalamientos de corrupción. La central estatal Petrobras ha sido el centro de investigaciones judiciales en contra de funcionarios, administradores y directivos que se beneficiaron económicamente por contratos, regalías, materiales y ventas de crudo. Nada por cierto, que en México espante o sorprenda por nuestros abundantes y nutridos antecedentes en la historia de Pemex.

La inconformidad social creció en meses pasados a grados insospechados de protestas multitudinarias exigiendo la cabeza de la señora presidenta.

A esto se suma la debacle económica de Brasil (menos 4.0 por ciento de crecimiento económico en el primer trimestre de 2016, es decir, decremento en la economía) en buena medida a causa de la 'desaceleración' en China.

La crisis política ha provocado la necesidad de 'revivir' a Luiz Inácio Lula da Silva, el prócer del desarrollo, el héroe del crecimiento y el combate a la pobreza por los últimos 12 años.

Los líderes del Partido del Trabajo –fundado y encabezado por Lula y en el gobierno desde hace casi 15 años– contemplaban la posibilidad de realizar un enroque político, desplazando a Dilma, con la carga y el peso de la corrupción a sus espaldas –un culpable sacrificado y necesario– para relanzar a Lula hacia 2018. En esas andaban los poderosos líderes sindicales brasileños, cuando el último viernes el prócer fue detenido por la Policía y sometido a interrogatorio por tres horas acerca de su conocimiento y posible involucramiento en la corrupción de Petrobras.

Lula respondió el interrogatorio, al tiempo que sus correligionarios movilizaban masas de trabajadores y simpatizantes para concertar un mitin de protesta por el 'humillante' trato –dijo después el propio Lula– al expresidente y líder indiscutible.

Lula salió del interrogatorio sin cargos ni acusación alguna, para ir directamente al mitin de estudiantes y trabajadores en Sao Paolo.

Desde la palestra, el héroe se defendió: se dijo humillado –en varias ocasiones– por la sola sospecha de un acto ilícito; arengó a sus seguidores a defenderlo, a salir a las calles en su defensa, por ser “el mejor de todos los que hayan gobernado este país” (sic).

La cosa no paró ahí. Por la noche del mismo viernes, en la zona central de Sao Paolo otro mitin, más organizado, estructurado, con discursos y mensajes, presentó a un Lula candidato. Los líderes del PT y el propio héroe, forzado por las circunstancias, decidieron aprovechar la coyuntura y capitalizar una estrategia improvisada: la victimización.

El santo desesperado, lloró tres veces en el escenario. Apeló a sus orígenes en la pobreza, al hambre de su infancia y juventud, a su pasado como trabajador. Imploró la confianza y el respaldo de sus seguidores, a los que designó sus defensores oficiales. Los convirtió en escuderos fast track.

Los enemigos del santo son los medios –para variar– y el poder judicial, que insiste en sus investigaciones y sospechas.

Hasta la actual presidenta Roussef –su pupila y sucesora– resultó con algún raspón cuando se autodenominó el mejor gobernante del Brasil.

La presidenta, consciente de la crisis que enfrenta, voló a Sao Paolo desde Brasilia el sábado para visitar a su mentor en su casa y externarle su respaldo y apoyo. Viaje y uso de aeronaves oficiales que ya ha originado la crítica y el señalamiento públicos.

El culebrón al mejor estilo sudamericano, sustenta sus líneas de argumento en el descenso de la popularidad de Lula en los últimos seis meses. De aquél histórico 80 por ciento con el que se retiró del gobierno hace cinco años, hoy no representa más de 20 por ciento. Dilma sabe que la fuerza y capacidad de movilización de Lula en aras de rescatar al partido y recuperar el poder para el PT, puede arrastrarla como víctima obligada.

El penthouse –Triplex en Brasil, por sus tres pisos– en el costoso y prestigiado litoral paulista propiedad del expresidente da Silva, se repite desde el jueves en la televisión. Son públicas las relaciones de Lula con grandes empresarios y hombres del capital, terratenientes y hacendados. Parece ser que el aura del santo corre el riesgo de perder brillo, y con ello la simpatía de millones de creyentes y fieles seguidores.

Por ello, el aparato político electoral del Partido del Trabajo opera desde el viernes a marchas forzadas.

Se habla ya de adelantar las elecciones, remover a Dilma y recuperar el poder para el auténtico e 'impoluto' líder. 

Twitter: @LKourchenko

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