Opinión

Luis Barragán

 
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Luis Barragán. (en.wikipedia.org)

La función de la arquitectura debe resolver el problema material sin
olvidarse de las necesidades espitiruales del hombre.

Luis Barragán

El pasado 22 de noviembre se cumplieron 27 años de la muerte de uno de los arquitectos mexicanos más reconocidos en el mundo, el célebre tapatío Luis Barragán.

Maestro en el manejo de la luz, el color y el espacio, Barragán vivió una vida marcada por un estricto carácter religioso y un profundo interés en las artes y artesanías locales, así como en el modernismo europeo, la iconografía cristiana, los caballos e, incluso, los iconos del pop internacional.

El estilo de Barragán se caracteriza por una mezcla tanto teórica como estilista del modernismo internacional enfocado en la abstracción con la herencia mexicana del espacio. Ingeniero de formación, perteneció en sus inicios a la Escuela de Guadalajara, impulsada por los intelectuales y el gobierno del estado que buscaba desarrollar un estilo que reflejara una identidad nacional posrevolucionaria.

El primer proyecto del arquitecto fue una casa para un abogado de dicha ciudad, quien más tarde le comisionó una serie de edificios.

En 1931 viajó a Nueva York y París donde, de la mano de José Clemente Orozco, conoció a figuras como Le Corbusier, Ferdinand Bac y Friedrich Kiesler, cuyos preceptos lo marcarían durante toda su carrera. Tras asentarse en la Ciudad de México, Barragán estableció su propio despacho con proyectos que al principio mostraron una influencia mediterránea e incluso morisca, pero que pronto se definieron bajo un estilo funcional y racional.

En 1945 el arquitecto decidió comprar un amplio terreno a las afueras de la Ciudad de México donde diseñó y planeó un ambicioso proyecto que más tarde se conocería como Jardines del Pedregal. Como desarrollador y arquitecto, Barragán concibió el espacio como un conjunto de viviendas y jardines para familias adineradas que respetaran el paisaje y la vegetación local. No sólo diseñó algunas casas, sino que también se ocupó de trazar calles, fuentes, plazas y caminos. Aunque arquitectónicamente fue un éxito, económicamente al principio fue un fracaso que tardaría muchos más años en prosperar.

Tras haber construido el convento de las Capuchinas Sacramentarias en el barrio de Tlalpan, Barragán se dedicó a uno de sus proyectos más ambiciosos. En 1957, en colaboración con el escultor y también arquitecto Mathias Goeritz y el pintor Chucho Reyes creó un grupo de cinco torres en el recién construido suburbio de Satélite, cada una con un color diferente y diseñadas para ser vistas desde un auto en movimiento. Una suerte de monumento modernista con la función de aligerar el trayecto de la ciudad a la periferia.

Es también junto con Goeritz que Barragán desarrolla la “arquitectura emocional” como un estilo puramente mexicano y en el que el objetivo se centra en la creación de sensaciones para alimentar el espíritu a través de elementos como los colores de las paredes, la ubicación de fuentes, caídas de agua, la manipulación de la luz en planos mayormente geométricos.

Muchas de las ideas experimentales de Barragán tomaron forma en su propio estudio y casa que construyó en la Ciudad de México y que puede ser visitada por el público. A pesar de que no desarrolló proyecto alguno fuera de México, el reconocimiento a su trabajo ha sido internacional. En 1976 se realizó una muestra retrospectiva en el MoMA, en Nueva York, y en 1980 fue galardonado con el premio Pritzker de arquitectura, siendo el único mexicano en recibirlo hasta hoy.

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